Palacio de las Convenciones

Universo de cubanía

Tres decenios cumple la sede de las sesiones de nuestro Parlamento, institución insignia en la organización de Congresos y otros eventos, cuyo colectivo de trabajadores ostenta múltiples reconocimientos nacionales e internacionales

Alberto Núñez Betancourt
alberto.enb@granma.cip.cu

Líneas horizontales en armonía con el paisaje del lugar, grandes techos de tejas reflejo de nuestra arquitectura tradicional, abundantes áreas verdes con frondosos árboles... Todo ello en una superficie aproximada de 10 hectáreas.

Foto: Jorge ValienteEl salón plenario y sus múltiples salas son sitios de trabajo de nuestros parlamentarios.

El toque de cubanía sale de los patios, la decoración, el mobiliario. La energía creadora de Celia no se ha marchado. La maestría del arquitecto Antonio Quintana se impuso con su buen sello. El Palacio de las Convenciones cumple por estos días 30 años.

Si alguien puede contar la historia de este recinto, incluso desde antes de que se moviera la primera piedra, es el arquitecto Edmundo Azze Tillán. Este profesional, miembro permanente del Comité de Expertos del Ministerio de la Construcción, tiene la virtud de haber participado en los anteproyectos de la obra, en la ejecución del proyecto finalmente aprobado, en las reparaciones acometidas y en cuanta variación (respetando la idea original) se ha hecho en estos tres decenios.

DESAFÍOS DESDE EL PRIMER DÍA

Una primera versión del edificio en áreas de la Plaza de la Revolución José Martí no prosperó por que se hacía compleja y costosa en extremo, recuerda Azze. El sitio escogido alrededor del río Quibú resultaba más práctico. Retirado de la ciudad, en un ambiente bucólico, el centro de reuniones ganaba en singularidad.

Foto: Liborio NovalLas visitas de Fidel se hicieron frecuentes desde la propia etapa constructiva.

Atrás quedaba el esquema de las edificaciones verticales, cerradas, llamadas con razón submarinos.

Celia, Quintana, el equipo de especialistas de múltiples organismos que emprendieron la obra, apostaron por el espacio abierto, acompañado de la naturaleza.

Los desafíos abundaban. Se trataba de una obra de gran envergadura tecnológica y funcional.

Un estudio hidrológico del río Quibú aconsejó que la instalación no llevara sótano y la vida dio rápidamente la razón. Justo al final de la VI Cumbre de los Países No Alineados, motivo inicial de la construcción del Palacio, la zona sufrió una tremenda inundación por causa de las lluvias asociadas a la tormenta tropical Frederic.

La ampliación de sus áreas y el perfil ancho de los servicios eran máximas que se imponían. Así llegó en la década del ochenta el recinto ferial Pabexpo y a finales de 1996 el hotel Palco. El Palacio de las Convenciones cambió su estatus de unidad presupuestada en empresa autofinanciada.

SITIO DE TRASCENDENCIA

Desde la etapa constructiva, en una de sus visitas al lugar, Fidel reconocía la calidad de la obra levantada en breve tiempo. Entonces, al considerarla una solución de arquitectura bella y funcional, adelantaba la utilidad que podía brindar la instalación.

Oportunamente fue convertida en sede de las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, donde los diputados legislan en favor del pueblo. La trascendencia histórica del Palacio tiene su mayor expresión en la defensa que, en sus salones, cubanos y amigos de todos los rincones del mundo hemos hecho de nuestra soberanía e identidad nacional.

Esas razones son comprobables en las decenas de reuniones que anualmente organiza. Sus salas han recibido a delegados e invitados de un sinnúmero de encuentros, de congresos del Partido, de la UJC, organizaciones de masas y estudiantiles, dos cumbres de países No Alineados (1979/2006), la Cumbre Iberoamericana (1999), Cumbre Sur Sur (2000), la 105 Conferencia Interparlamentaria (2001), congresos de Globalización y Problemas del Desarrollo, y de Pedagogía.

La fecha de inauguración quedó fijada el 3 de septiembre de 1979, justo cuando comenzó el segmento de jefes de Estado dentro del programa de la VI Cumbre de NOAL. Pero, días antes, el 28 de agosto, los espacios del Palacio abrieron para la reunión de expertos.

En todo este tiempo, el colectivo de trabajadores de la institución ha demostrado competencia y eficacia. Entre los muchos títulos y distinciones ganados destacan el Premio Iberoamericano de la Cámara de Comercio Iberoamericana en España y Portugal, Por la calidad y el Prestigio Empresarial en Iberoamérica, Por la consagración y liderazgo de eventos en el Caribe, de la Confederación de Entidades Organizadores de Congresos y Afines en América Latina y el Premio de Arquitectura BIARIN/90.

Ahí están con su piel, nombres y apellidos los protagonistas de tales reconocimientos. Los vemos en Roxana Rodríguez, desde su puesto de asistente de la Dirección, Clara Jaime Blanco, en los servicios internos, Eduardo Reyes, en la sección eléctrica del departamento de Mantenimiento, el chef de cocina Luis García Amador, quien será recordado siempre por su prestancia y la sazón cubanísima que llevaba a los platos.

Retaguardia de vanguardia

Las primeras palabras para Celia, quien con dedicación extrema asumió la responsabilidad de llevar adelante, por orientación del Comandante en Jefe, este proyecto. ¡Qué mejor garantía para que la obra tuviera el sello de lo autóctono y la calidad óptima!

Como un pestañazo ha visto pasar los últimos 30 años y más Abraham Maciques desde su puesto de director del Palacio de las Convenciones.

Parece que fue ayer cuando estando en Tokio, en funciones de encargado de negocios de la embajada cubana en Japón, llegó el llamado de regreso a La Habana.

Año 1977: un equipo profesional capaz, encabezado por el arquitecto Antonio Quintana emprende la tarea. A la vista estaba la VI Cumbre de Países No Alineados. Cuba debía disponer de un centro de convenciones.

Lo logramos con suficiente tiempo de antelación para realizar las pruebas de rigor y asegurar el éxito del evento, rememora Maciques; y añade: entonces pensamos en el hoy y el mañana. Entendíamos que el recinto no podía significar una carga para el país, un elefante blanco, incosteable. Nos propusimos que fuera sede de encuentros nacionales e internacionales, de carácter político, cultural, científico técnico y educacional, tomando en cuenta el prestigio de la Revolución cubana y los altos niveles alcanzados en las esferas mencionadas. Y desde el primer momento el centro aportó utilidades, fue rentable.

En tres decenios el Palacio ha acogido más de 2 500 eventos con la presencia de 1 200 000 delegados. Pero no son los números lo más significativo, aclara Maciques. El papel determinante de la institución está en la oportunidad del intercambio político, cultural..., para romper así el bloqueo yanki.

"Hemos sido anfitriones de 350 000 delegados extranjeros que han podido constatar nuestra realidad, y recibir variados servicios de parte de un colectivo cuyos valores se sustentan en la profesionalidad, la honestidad, la pertenencia y la consagración."

La ampliación y diversificación de nuestra oferta marca la evolución del Palacio, apunta el director. La concepción de Grupo Empresarial incluye hoy entre otras instituciones a Pabexpo, hotel Palco, Residencial Club Habana, Inmobiliaria Palco, los restaurantes La Finca, El Palenque, El Rancho, el complejo cultural Karl Marx, el centro comercial Palco, la imprenta Palcograf. También se suman a nuestra responsabilidad EXPOCUBA, el teatro Astral y la atención al cuerpo diplomático.

Para cubrir las expectativas de los receptores de nuestra labor, señala Maciques, contamos en estos centros con más de 5 000 trabajadores, poseedores de un compromiso inspirado en la presencia permanente de Fidel en el Palacio todos estos años. Ellos con su hacer prestigian la imagen de Cuba y la Revolución. Y tienen muy presentes las palabras del Comandante en Jefe en ocasión del aniversario 25: "Un Palacio al servicio de las ideas más nobles. Una retaguardia de vanguardia".

 

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