VERTIENTES,
Camagüey.— María Teresa Cruz Madrigal es bien conocida en estas
tierras sureñas, no precisamente por ser dueña de algún récord
productivo o alcanzar una meta altisonante, sino gracias a una
trayectoria intachable, de entrega total a la profesión escogida
desde niña: el magisterio.
Quizás, eso sí, comparte el récord con otros muchos cubanos y
cubanas de haber dedicado su vida a la educación de las más jóvenes
generaciones, desde aquellos primeros años de la Revolución en que,
siendo una adolescente, participó en la Campaña de la
Alfabetización.
Más de tres décadas trabajó María Teresa en el sector
educacional, dos de ellas como directora de escuelas, hasta que,
hace cinco años por motivos de enfermedad, tuvo que abandonar sus
funciones en la Escuela Primaria José Díaz González y pasó a ser una
"jubilada activa".
"Sí, porque jamás perdí el vínculo con el sector. Ya a comienzos
de año, ante el llamado de Raúl, me reincorporé a la docencia, esta
vez como maestra de Primer Grado. Imagínese, no podía quedarme
cruzada de brazos en la casa, sabiendo que en Vertientes hay
necesidad de maestros."
Después de tanto tiempo alejada de las aulas, el reencuentro fue
sumamente emotivo:
"Cuando se llega a un grupo de niños tan pequeños, los achaques
se echan a un lado. Es el momento de transmitirles cariño y mucho
amor; es también la oportunidad única de impartirles buenas clases y
que aprendan lo que necesitan para abrirse paso en la vida y sean en
un futuro hombres y mujeres de bien."
Esa pasión de educadora infatigable, María Teresa la ha sabido
combinar con sus responsabilidades como secretaria general del
Bloque 21 Celia Sánchez Manduley, de la FMC, en el Barrio Obrero,
del Consejo Popular Panamá.
"Aquí funcionan las brigadas de padres y madres combatientes por
la Educación, y una de sus principales funciones es, precisamente,
visitar a las familias que tienen niños con problemas de aprendizaje
o de disciplina, apadrinarlas y ayudarlas.
"En nuestras seis delegaciones se lleva un estricto control de la
asistencia de los estudiantes a las aulas. Aunque siempre ha habido
algunos que han querido desvincularse, hasta el momento no hemos
tenido problemas de deserción escolar y eso es gracias al trabajo
sistemático con las familias y los muchachos."
Pero ahí no queda la labor de María Teresa: cualquier día puede
vérsele junto a sus compañeras en tareas de embellecimiento de las
comunidades, en movilizaciones hacia áreas cañeras de los centrales
Panamá y Batalla de Las Guásimas, o en funciones de atención a los
damnificados del huracán Ike.
"En estos momentos tengo 62 años, y las personas me preguntan:
Teresa, ¿no te cansas? ¿de dónde sacas fuerzas, siendo una mujer
enferma? Y yo les respondo: la fuerza me la da una sola cosa: mi
Revolución.