.— El vocero de los indígenas Awa,
Eder Burgos, advirtió que hay serios indicios en torno a la presunta
participación del Ejército colombiano en el reciente asesinato de 12
miembros de esa etnia, incluidos siete menores de edad.
Para Burgos, existen hoy intereses oscuros que buscan esconder a
los verdaderos autores de la masacre perpetrada el pasado miércoles
en el resguardo Gran Rosario en Tumaco, departamento fronterizo de
Nariño, que mantiene conmocionada a la sociedad colombiana y la
opinión pública internacional.
Las declaraciones del portavoz tienen lugar tras conocerse de la
detención del indígena Jairo Miguel Paí, señalado por las
autoridades como presunto implicado en la matanza.
A su vez, Burgos aclaró que la detención de Paí se cumplió por el
delito de extorsión, mientras que fue expulsado de la comunidad por
sus nexos con grupos paramilitares.
Ahora lo que quieren (la policía) es que la investigación arroje
resultados sobre los culpables, sean quién sean, subrayó.
En tanto, la versión de que fue un indígena el autor de la
masacre no es compartida por los Awa.
Miembros de esa comunidad piden que la investigación debe
concentrarse en la coincidencia de que los hechos ocurrieron en la
casa de Sixta Tulia García, una indígena de 35 años que denunció la
muerte de su esposo, Gonzalo Rodríguez, ejecutado extrajudicialmente
por el Ejército.
Según expresaron, lo que se pretende es desviar la atención con
dicha detención y minimizar la gravedad de la denuncia interpuesta
respecto a la posible responsabilidad del Ejército en el crimen.
Por el momento, las declaraciones de los testigos y los militares
son investigadas por la Fiscalía y lo único oficial que se conoce es
que en la masacre se utilizaron armas calibre nueve milímetros.
Los hechos tuvieron lugar cuando un grupo armado encapuchado y
vestido con prendas militares masacró en la madrugada del pasado
miércoles a 12 indígenas de la etnia Awa en el citado resguardo.
De acuerdo con informaciones que manejan las autoridades, los
victimarios llegaron hasta las viviendas de los indígenas y
dispararon indiscriminadamente contra ellos.
Tras la matanza, el presidente de la Unidad Indígena del Pueblo
Awá (UNIPA), Gabriel Bisbicus, denunció que estos actos de violencia
apuntan a un exterminio del pueblo Awa por fuerzas oscuras, con la
complacencia de los organismos de seguridad del Estado.