Este acto terrorista organizado por Gustavo Villoldo y
reivindicado por Alpha 66, provocó dos muertos y cuatro heridos
graves, entre los cuales se encontraba la niña Nancy Pavón a quien
hubo que amputarle un pie.
Las investigaciones de las autoridades cubanas han acusado en
varias oportunidades a la CIA, la Agencia Central de Inteligencia,
de encontrarse detrás del criminal ataque.
Las declaraciones de quien admite además haber sido oficial de la
CIA durante décadas, corroboran de manera absoluta la
responsabilidad directa de las autoridades estadounidenses en este
acto terrorista cometido contra Cuba. Por si quedaban dudas.
El ataque a Boca de Samá, un pueblito de pescadores cercano a la
playa de Guardalavaca, es solo uno de la cadena de operaciones
criminales cuya paternidad fue reclamada por Alpha 66 a finales de
los años 60 y principios de los años 70. Y es, sin dudas, la más
cobarde de todas.
En una decisión judicial que solo podría acontecer en Miami, un
juez le otorgó a Villoldo hace unos meses 1 200 millones de dólares
"por el suicidio de su padre", que atribuyó al triunfo
revolucionario en Cuba.
Villoldo, ex mercenario de Playa Girón, participó en el asesinato
del Che en octubre de 1967 y asegura haber organizado el entierro
secreto del heroico guerrillero.
En una entrevista titulada He Buried Che (Enterró al Che),
concedida al periodista Tim Elfrink del Miami New Times, Villoldo
cuenta —entre otras cosas— que en la primavera de 1971 recibió una
llamada en su casa de Miami originada en Washington de "un viejo
contacto CIA" que se niega a identificar.
En aquel momento, comenta, la administración Nixon, envuelta en
problemas, necesitaba "una victoria sobre el comunismo". Parecía que
había llegado el momento preciso para un plan cuyo objetivo era
tomar "una pequeña ciudad" como preámbulo a "un ataque más amplio" y
como "golpe de propaganda contra Cuba".
Preguntó entonces, en lenguaje convenido, el "viejo contacto":
"¿Te recuerdas esta misión que siempre quisiste hacer? Considera
esto como la famosa luz verde para ir adelante."
Conforme a la estrategia de las "operaciones autónomas", que
permitía a la CIA sostener que no tenía vínculo con las operaciones
terroristas contra Cuba, Villoldo se puso de inmediato a buscar
fondos y a reclutar mercenarios.
En tres meses, afirma, recogió 350 000 dólares entre los
negociantes cubanoamericanos y se encontró a 50 hombres para la
expedición. La "pequeña ciudad" escogida para la operación fue, en
realidad, este tranquilo pueblecito del oriente cubano, con una
población de "unas docenas de personas" alojadas en "cabañas de
madera".
Valoró que sería "un blanco fácil", precisa el artículo. Villoldo,
hijo de un multimillonario habanero, salió con su tropa de Key
Biscayne con dos lanchas rápidas "y una fragata de 177 pies".
El ataque mercenario duró 75 minutos, dice Villoldo. Afirma que
salieron huyendo del lugar en sus embarcaciones y que "las
autoridades cubanas pensaron que nos habíamos ido a plena velocidad
hacia al norte. Helicópteros y aviones buscaron a los hombres lejos
de donde estaban en el estrecho de la Florida. Al oscurecer,
escondidos, regresaron a casa", cuenta Villoldo quien se atribuye el
papel de héroe.
Santiago Álvarez, el cómplice de Luis Posada Carriles, también se
atribuyó el salvaje ataque a Boca de Samá en el pasado.
Villoldo confirma luego que después de Boca de Samá, continuó su
trabajo con la CIA "alrededor de América Latina y el Caribe durante
los años 70 y 80".
Vive hoy en West Kendall, donde empiezan los Everglades. Su
propiedad no aparece en el libro del teléfono, precisa el autor del
reporte. Tampoco en el registro de propiedades.
El crimen de Boca de Samá fue denunciado por el líder cubano
Fidel Castro, quien de inmediato sospechó la responsabilidad de la
CIA en este acto de terrorismo.