Los hechos, según declaraciones de los miembros de la
tripulación, ocurren el 8 de agosto de 1994, en Mariel, provincia de
La Habana, cuando en acto de piratería fue secuestrada una nave
auxiliar de la Marina de Guerra Cubana, y el joven Aguilar fue
muerto por sorpresa y a traición.
Estaba sentado en la popa. Cayó al agua mortalmente herido de
bala. El asesino y secuestrador —integrante de la dotación— amenazó
a los marineros y los obligó a navegar hasta el muelle La Arenera y
detenerse, momento en que la lancha fue abordada por un grupo de
aproximadamente 30 personas.
A pocos metros de la costa, el asesino obligó a los tres
marineros a lanzarse al agua, y puso rumbo a la salida de la bahía
de Mariel.
En un primer momento no se pudo recuperar el cuerpo del oficial.
Tras más de 40 horas de intensa búsqueda en el mar, emergió el
cadáver del teniente de navío. En su cuerpo, dos heridas: una en la
cabeza y otra en el abdomen.
El pueblo lamentó la pérdida de otro hijo que dejó un historial
de héroe en el cumplimiento del deber. Este fue un hecho más en la
larga lista de agresiones contra la Patria desde el triunfo de la
Revolución. A pesar de tantos crímenes, los cubanos no claudicamos y
esperamos que algún día se salde la cuenta con los asesinos.
A 15 años de la barbarie, la familia de Roberto Aguilar Reyes
reclama justicia. Para ellos, agosto es tiempo de tristes recuentos.