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En busca de las frutas perdidas
Armando Sáez Chávez
CIENFUEGOS.— Por muy humilde que fuera el campesino de antaño,
jamás prescindía de una pequeña arboleda en el patio. Lo primero que
hacía el cabeza de familia cuando se establecía era plantar posturas
porque, según su filosofía, las frutas o unas cuantas tablas de
madera resultaban la única herencia para dejar a su prole.
El aprovechamiento
del área con el intercalamiento y la diversidad de frutales
multiplica los rendimientos agrícolas.
Gracias a ese hábito varias generaciones conocieron el caimito,
el marañón, el canistel, la pomarrosa, las cerezas, la guanábana...
y una larga lista de frutales prácticamente en vías de extinción.
Incluso, muchos de los grandes planes de los años setenta y
ochenta dedicados al mango, la guayaba, el coco y la piña, entre
otros, fueron mermando sus producciones.
El finquero Daniel
Díaz Hernández resaltó los beneficios de la vinculación a los
resultados.
A principios de la década de los setenta se vislumbró la
posibilidad del fomento del mango —Haden, SuperHaden y chino— muy
cerca de la ciudad de Cienfuegos. Así surgió un plan que a los
cuatro años ya cosechaba ejemplares de óptima calidad, muy
demandados por su porte y sabor.
Pero el abandono y la mala administración tres décadas después
hicieron que los famosos mangales se confundieran con el marabú.
Ahora la situación pretende revertirse con una estrategia de
incremento y diversificación de los frutales bien definida para los
próximos diez años, con la aplicación de nuevas tecnologías.
Partimos de las necesidades de la población, la exigencia de
sustituir importaciones (en especial de compotas y jugos) y las
ofertas frescas al turismo, explicó a Granma Emilio Farrés
Armentero, director adjunto del Instituto de Investigación de
Fruticultura Tropical (IIFRT).
Sin embargo, una nueva estructura y organización del trabajo les
están devolviendo el esplendor a las 46 caballerías, ahora agrupadas
en tres Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y
divididas en fincas cuyos tenedores están vinculados a los
resultados.
EN EL CAMPO
Apenas había salido de la adolescencia cuando Daniel Díaz
Hernández llegó un día al otrora Plan Mango en busca de un contrato
de recolector. "Lo cierto fue que me enamoré de esa fruta y hasta
los días de hoy. Tengo la satisfacción de que soy el primero en
ofertar a la población, pues cultivo el chino, que inicia la
cosecha", dijo el actual finquero de la UBPC Punta las Cuevas,
considerado el mejor productor del país hace unos años, cuando logró
un rendimiento de 16 toneladas por hectárea.
A decir de los fruticultores, la principal limitación en la zafra
manguera está en los envases y los parles. Pues bien, una forma de
paliar esa dificultad surgió en el municipio de La Sierpe, en la
cercana Sancti Spíritus. De allá llegó la sugerencia de construir
maduradores de mango.
El productor espirituano Yoel Quintana Valdés explica lo fácil y
práctico del proyecto. "Con cañabrava o varas de cualquier madera
hacemos una especie de pollero grande, conformamos el cuadrante con
cuatro postes fuertes (el piso va separado del suelo a unos 40
centímetros), y vamos cuadrando las varas".
"Se pueden hacer hasta cinco instalaciones de ese tipo. No lleva
puntillas ni otros recursos deficitarios". Pueden montarse de cuatro
a cinco capas de mango en cada piso, a la altura de una caja. Luego,
ilustra, deben cubrirse con ramas de cualquier follaje para
garantizar que la alta temperatura acelere el proceso de maduración.
Farrés Armentero resalta, además, que dada la separación del
suelo no hay pérdidas por hongos, hecho muy común por ejemplo en
Santa Cruz del Sur. La caja tiene mayor rotación y hasta la carreta
es mejor aprovechada; en pocas palabras, más organización y
efectividad en el acopio y trasporte, argumenta.
La Empresa de Cultivos Varios Juraguá fue también en su tiempo
una potencia productiva en frutales. Negligencias administrativas y
factores climatológicos incidieron también en el deterioro de las
plantaciones, hoy en franco estado de recuperación.
Además del mango, la entidad enclavada en el municipio de Abreus
marca un despegue en la guayaba y la fruta bomba, plantíos
beneficiados por el riego de máquinas Kubán. Estas condiciones
permiten hasta triplicar los rendimientos por hectárea.
Sobre la papaya, Maruchi Alonso Izquierdo, investigadora del
IIFRT, dijo que en Cuba se adoleció de una política varietal. Esto
ha traído consigo la disminución de la diversidad genética en el
cultivo y la alta incidencia de plagas y enfermedades, con elevación
de los costos de producción.
En estos momentos, lo primero ha sido trazar una estrategia para
recuperar variedades que anteriormente se cultivaban en el país.
Además se impone introducir otras nuevas que se comercializan en el
mundo, al tiempo de continuar trabajando con la reconocida Maradol,
explica la también jefa del Grupo de Mejoramiento Filogenético de la
papaya.
Precisa la especialista que han concebido un banco de germoplasma
en la estación experimental de Jagüey Grande —con réplicas en otras
provincias centrales y orientales—, para caracterizar todas esas
variedades, ver sus potencialidades productivas y establecer
híbridos más resistentes a las plagas y enfermedades.
LA SEMILLA como
PREMISA
Según los especialistas, la base del desarrollo de los frutales
está en las posturas. Aseguran que el paso inicial, primordial y
fundamental para lograr un buen manejo tecnológico parte de los
viveros, en función de lograr una buena plántula con adecuada
calidad sanitaria y potencial genético.
El ingeniero agrónomo Orelvis Iglesias Rodríguez, de la CSS
Armando Mestre, de Fomento, tiene experiencias que compartir. En su
vivero existen alrededor de 120 000 posturas de mango (para sembrar
unas 540 hectáreas), 100 000 de guayaba (300 ha), 10 000 de
aguacate, además de otras anonáceas, coco y algunas ornamentales.
"El trabajo fundamental —señala— es producir posturas de injerto
con alta calidad genética y en el menor tiempo posible, a fin de
abaratar los costos y disminuir el ciclo del cultivo."
De acuerdo con estudios nutricionales sobre el consumo de
vitaminas y minerales, una persona debe ingerir vegetales
(hortalizas) y frutas diariamente.
Esa exigencia tiene un déficit y hoy se trabaja duro para cambiar
tal situación, con el asesoramiento técnico del Instituto y del
resto de los centros de investigación, y la voluntad de los
productores, incluyendo los nuevos usufructuarios acogidos al
Decreto Ley 259. Se puede llegar incluso al rescate de algunas
especies en camino de extinguirse. Por supuesto, también habrá que
perfeccionar el proceso industrial y las estructuras de la
comercialización. |