Cómo si no se explica el arribo de los púgiles extranjeros, entre
los cuales hay figuras de talla internacional al estilo del
medallista de bronce olímpico Alexis Vastine (FRA), el subcampeón
del orbe Alfonso Blanco (VEN) y los monarcas del Panamericano recién
concluido en México, los brasileños Paulo Carvalho (48) y Robson
Conceicao (57).
Todos ellos bien podrían ahorrarse las horas de vuelo topando con
púgiles de latitudes más cercanas, pero no, prefieren venir a la
Isla y medirse a los cubanos, aunque no sean los integrantes del
primer equipo, que cumple una base de entrenamiento en la altura
ecuatoriana. Y eso se debe al inmenso renombre que ha ganado nuestro
boxeo a lo largo del tiempo, cosechando 32 de los 69 cetros
olímpicos que posee Cuba y 102 preseas mundiales, de las cuales 62
han sido de oro, casi dos veces más que Rusia (32) y casi cuatro más
que Estados Unidos (16).
Ya lo demostraba el preparador brasileño Gabriel de Oliveira
cuando a su arribo afirmaba que "elegimos a Cuba para realizar esta
base de preparación mirando al Mundial, porque aquí hay muchos
boxeadores de calidad y nuestros muchachos obtendrán un mejor fogueo
y condición para llegar a Milán". Igual nos lo refería el entrenador
galo Dominique Nato, cuando vino un año atrás para alistar a sus
púgiles de cara a Beijing’08: "Venir acá es mejor que asistir a
cualquier competición, pues derrotar a un boxeador de ustedes es
algo formidable. Una pelea perdida con ellos son diez ganadas con
otros".