En el Centenario del poeta repentista

Tonada por Justo Vega

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Recio como una palma, con su voz alta y áspera y el verbo vertical, entre quienes lo conocieron pareciera todavía que en cualquier momento irrumpirá en el estudio de Palmas y cañas, ofrecerá un sabio consejo a un joven improvisador, o compartirá una tertulia familiar con los amigos.

Justo (a la derecha) y Adolfo.

Porque sin lugar a dudas Justo Vega es y será uno de los más entrañables símbolos de la cultura lírica cubana de raíz rural, un príncipe de la espinela, un tonadista ejemplar.

No es cosa de recordarlo ahora por asuntos de calendario —nació el 9 de agosto de 1909 en Cabezas, recóndito paraje de la provincia matancera, de modo que este domingo se cumple el primer centenario de su nacimiento—, sino de reservarle siempre un espacio en la memoria viva del canto y el verso comprometidos con la defensa de una identidad y un destino.

Peón agrícola, bodeguero, albañil y cocinero, fueron varios de los trabajos con los que subsistió Justo hasta que se atrevió a mostrar su talento para la improvisación en décimas en la radio mientras simultaneaba como aventurado publicista de una marca de cigarros.

De cara al público en las fascinantes veladas de repentismo en los Jardines de la Tropical y por mediación de las ondas hertzianas instaladas en los hogares con La hora de Partagás, en la COCO, ganó merecida fama en su arte hacia la medianía del siglo pasado. Tanta que comenzó a ser conocido como el Caballero de la Décima Cubana.

El triunfo revolucionario lo llenó de dicha. "Los cubanos más humildes al fin fueron personas, la dignidad entró al fin formar parte de nuestro léxico cotidiano", dijo en una entrevista concedida a la televisión en los años sesenta, por los días en que el programa Patria guajira acompañaba la épica transformadora.

Tanto en la radio, como en campamentos agrícolas, unidades militares o peñas citadinas, por no hablar de su larga permanencia en la controversia del programa televisivo Palmas y cañas, Justo convirtió su verso en afilada militancia revolucionaria y motivo de júbilo popular, siempre en compañía de Adolfo Alfonso, quien le hizo honor al decir: Cuando hablo de Justo Vega / En toda su maestría / Hablo de la poesía / Que tanto al pueblo le llega. / El que con el verso juega / Y con las musas comparte / El que en amor se reparte / Es por su altísima hechura / Un sol para la cultura / Y una joya para el arte.

 

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