Las Cuevas de Bellamar: eterno verano

Ventura de Jesús

La mayoría de las familias cubanas acaricia la esperanza de visitar alguna vez Las Cuevas de Bellamar, una de las cavernas más afamadas del territorio nacional. El antojo se extiende también a los turistas extranjeros. Unos y otros sienten la tentación de conocer las maravillas que atesora ese espacio subterráneo.  

Muchos, como la cienfueguera Magdalena Acuña y su esposo Agustín García, acomodan sus vacaciones desde hace tiempo para no perderse la oportunidad de disfrutar una y otra vez de este accidente natural.

"Antes traíamos a nuestros hijos y ahora organizamos estos días libres de verano para venir con los nietos. Este lugar es de una singular belleza y posee innumerables valores espeleológicos. Mi esposo dice a menudo que nunca se aburriría de las bondades de Las Cuevas", comentó Magdalena.

Pocos se resisten a la tentación de conocer las maravillas que atesora ese espacio subterráneo.

Pero en el entorno de ese sitio existe otro atractivo. Allí se encuentra el centro turístico más antiguo de Cuba, con sus visitantes asiduos. Van generalmente los domingos y no lo hacen únicamente para extasiarse de los atributos y el halo misterioso de la célebre gruta.

Así ocurre con la familia de Alberto Orozco, residente en la Finca Botel, en el municipio de Pedro Betancourt. Él y su esposa Orquídea Gutiérrez son habituales comensales del restaurante Cuevas de Bellamar.

"Esta es una buena opción para pasarla bien. Venimos frecuentemente y siempre lo hacemos en compañía de otros familiares o amigos. En este lugar hemos conocido a personas de diversos sitios del país. A los matanceros y excursionistas en general les encanta la comida tradicional que de manera regular ofertan aquí", reconoció Orozco. Leonardo Mancha Valle, el administrador, está convencido de que la calidad en la atención al cliente debe ser el rasgo distintivo en la prestación de servicios.

"Un consumidor insatisfecho se multiplica por muchos", subraya y explica que el propósito que anima al colectivo es que la gente se sienta bien y se sume al grupo de los repitentes. "Conozco familias que nos visitan semana tras semana. Ese es el mayor orgullo de nuestro restaurante".

El establecimiento ha mantenido durante muchos años el mismo tipo de oferta, y es visitado por unas 400 personas diariamente. Cuenta adicionalmente con La Parrilla y el bar, donde prestan servicio de coctelería en moneda nacional. La población agradece la posibilidad de disfrutar de un mojito o una piña colada. Mancha considera que la clave de la eficacia está en la entrega y estabilidad del personal, y en la pericia de los cocineros. "Por muy bueno que sea el administrador, por muchas gestiones que sea capaz de realizar, siempre hace falta un equipo de trabajo entusiasta y que responda sin reparos".

Recuerda que hace unos ocho años la situación no era nada alentadora. "Había solo tres juegos de cubiertos y se cocinaba con leña. Hoy contamos con equipos nuevos y modernos, y los recursos necesarios. También disponemos de un comedor con todas las condiciones para los trabajadores".

Luego de una breve pausa para darle mantenimiento a la instalación, el centro reabrió sus puertas con nuevos servicios y áreas para la recreación de los más pequeños.

"Sabemos que aún falta mucho para alcanzar la excelencia, pero nos disponemos a ir mejorando paso a paso. Por ahora ya alcanzamos la condición de Vanguardia Nacional, reconocimiento que nunca ostentó este restaurante".

José Jorge Zambrano, o Cheo, como lo conoce todo el mundo, trabaja aquí desde 1963. "Vine hace 45 años a cubrir unas vacaciones, y hasta el sol de hoy. Hay quienes me preguntan la razón por la cual no me jubilo. Sencillo: aquí he echado la mitad de mi vida y es el lugar donde mejor me siento. Por si fuera poco, estos son los mejores tiempos del restaurante. Además, la gente me quiere y suelen mimarme con aquello de que Cheo es uno de los que mejor prepara el aliño en Cuba".

La yumurina Margarita Borges señala lo agradable del lugar. "Hace tiempo que no venía, pero aquí se pasa muy bien. Hay diversas opciones también para los niños y mucha tranquilidad. Eso sí, quienes nunca hayan estado en este lugar no debieran perderse la ocasión de bajar y disfrutar de las cavernas; es toda una delicia"

 

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