Se trata de una modalidad de entrenamiento utilizada desde hace
mucho tiempo, la de buscar la forma deportiva jugando, pues sabido
es que en los deportes con pelota nada sustituye al juego diario,
debido en lo fundamental a sus complejidades tácticas, llámese
baloncesto, voleibol o béisbol.
No deben de llamar la atención los abultados marcadores de los
seis primeros desafíos, en los cuales se han marcado 78 carreras, a
13 de promedio por encuentro, con 19 jonrones y 325 de average
colectivo. Esto es un reflejo de lo acontecido en la pasada XLVIII
Serie Nacional, cuando los 16 equipos concursantes promediaron 301,
se estuvo muy cerca de los 1 300 cuadrangulares, mientras el pitcheo
alcanzó un altísimo 5,30, con casi la misma cantidad de bases que de
ponches.
Esto no significa que no tengamos lanzadores de calidad.
Simplemente, todo o casi todo está en contra de los hombres con la
difícil misión de escalar el montículo en este béisbol de hoy, que
exhibe un mejor físico de los bateadores y la viveza de la pelota,
convertida en un misil por bateadores de elevados índices de
estatura y peso, por no mencionar otros factores que requerirían un
análisis más pormenorizado.
Varios jugadores muestran en este momento astronómicos averages.
Pero lo esencial no estriba en cuánto se batea en esta serie de
preparación sino en alcanzar la forma adecuada dentro de un mes y
días, cuando en cinco ciudades europeas se deje escuchar la voz de
¡A jugar! Es ahí, desde el 9 hasta el 27 de septiembre, cuando todos
los integrantes del equipo tienen que estar en el pináculo de sus
posibilidades.
La serie entre Occidentales y Orientales continuará a partir de
este viernes en el parque avileño José Ramón Cepero y el domingo el
tope llegará a su primera mitad. Valdría la pena otro repaso a lo
acontecido.