Pintores junto a lugareños restauran el Mural de la Prehistoria,
uno de los mayores frescos a cielo abierto del mundo, dibujado sobre
rocas jurásicas, en el Parque Nacional Viñales, Paisaje Cultural de
la Humanidad.
Orgullo de la provincia de Pinar del Río, la más occidental de
Cuba, la obra de 120 metros de altura es retocada con esmaltes
resistentes a la erosión y al impacto de los fenómenos atmosféricos,
muy frecuentes en el territorio.
Artistas y directivos del MINTUR en la localidad aprecian la
contribución de campesinos de las comunidades vecinas por sus
orientaciones para escalar la escarpada topografía del área, sede
desde mediados del siglo XX de la monumental creación de Leovigildo
González, discípulo del muralista mexicano Diego Rivera.
Segundo Román, gerente de la instalación turística destino de más
de cuatro mil visitantes mensualmente, destacó que aún ante su buen
estado de conservación, se pulen algunos segmentos de la pintura
para prevenir daños y rescatar las llamativas tonalidades de los
trazos.
Se refirió a la eficiencia del sistema de drenaje, diseñado en
aras de evitar la acumulación de agua entre las piedras del conjunto
artístico, de peculiar fortaleza ante las inclemencias del tiempo,
lugar acompañado de un complejo de restaurantes, remozados tras los
huracanes del año anterior.
En el mural sobresale la imagen de los primeros habitantes de
este extremo del archipiélago, conocidos como guanahatabeyes,
quienes vivían de lo proporcionado por la caza, la pesca y la
recolección.
Junto a las figuras humanas se ven las de grandes mamíferos como
el megalocnus (ya desaparecido) y moluscos de más de 70 millones de
años de antigüedad.
También representa reptiles marinos mesozoicos, entre otros
ejemplares de la fauna reportados en esta demarcación, distante 160
kilómetros al oeste de La Habana, en épocas inmemoriales, de acuerdo
con documentos científicos.