.— La tala ilegal de
bosques y la caza de lagartos en busca de mayores ingresos ha puesto
en alerta a las autoridades bolivianas en la preservación de su
vasta zona amazónica, que incluye los departamentos de Pando, Beni,
Santa Cruz y La Paz, sobre todo.
De acuerdo con el prefecto de Pando, Rafael Bandeiras, el
comercio ilegal de madera, la expansión de los cultivos de soya con
fines de exportación y la ganadería expansiva han dejado
afectaciones en muchas parcelas.
El territorio boliviano tiene un millón 98 mil 581 kilómetros
cuadrados y de esa extensión, el área amazónica es de 714 mil
kilómetros cuadrados, lo que equivale al 65 por ciento del área
total.
La amazonía boliviana, particularmente en la frontera con Brasil
y Perú, de acuerdo con Bandeiras, ha sido depredada durante el
último siglo en parte por la ausencia de instituciones del Estado en
esas zonas.
Un caso extremo se presenta en La Paz, donde sólo siete policías
tienen la doble misión de controlar dos millones de hectáreas
forestales y frenar el contrabando de madera que en su mayoría es
llevada a Lima.
Por su parte, el prefecto paceño, Pablo Ramos, indicó que las
regiones forestales más afectadas por el contrabando y la
explotación irracional de madera en el departamento son Palos
Blancos, Ixiamas, Caranavi, Urujara y San Buenaventura.
La tala ilegal en la amazonía boliviana es un negocio millonario
y ello lo hace también peligroso pues resulta una amenaza constante
para aquellos que intentan resguardar el medio ambiente.
La presión sobre la selva amazónica boliviana es creciente con el
auge de la industria de la madera y el aumento de la demanda de
carne vacuna y granos de soya.
A esos factores se agregan la construcción de presas
hidroeléctricas, como la que se planea establecer muy cerca de la
frontera con Brasil, la expansión de los cultivos de coca en zonas
amazónicas del trópico de Cochabamba y los Yungas de La Paz, la
actividad del narcotráfico y la explotación minera, del oro
particularmente, que contaminan las cuencas.
En la búsqueda de oro y en la producción de cocaína se emplean
hasta 35 sustancias químicas muy contaminantes que luego de ser
utilizadas son esparcidas en los ríos, señalan los expertos.
Entre las primeras medidas adoptadas por el gobierno de Evo
Morales para frenar esta depredación sobresalen los decretos que
establecen zonas naturales protegidas en el norte amazónico.
Las Áreas Protegidas son unidades territoriales con límites
establecidos que se orientan a la conservación de los recursos de la
biodiversidad.
La Ley del Medio Ambiente define a las Áreas Protegidas como
territorios naturales bajo protección del Estado con el propósito de
conservar el patrimonio natural y cultural del país.
OTRAS AMENAZAS Y NUEVAS MEDIDAS
Otra de las amenazas para la Amazonía boliviana es la
participación del hombre en la caza despiadada del lagarto como
llaman Caimán Negro y el Yacaré.
Los nativos cuentan que los saurios son cazados tanto con armas
de fuego, como a la antigua, con barras largas en cuyo extremo está
sujeta una punta aguda y cortante.
Con éste tipo de lanza o arpón, afirman, los cazadores solo
atraviesan la piel del animal para arrastrarlo hasta la superficie
donde lo matan a garrotazos.
El panorama es el mismo en 10 provincias del departamento de Beni
(noreste), donde organizaciones no gubernamentales ambientalistas
calculan que anualmente unos 100 mil especímenes son cazados de
forma ilegal.
El máximo ejecutivo de la Federación de Campesinos de la
provincia Vaca Díez, capital de Riberalta, Héctor Cortez, explicó
que la extinción del caimán negro o los yacarés se relaciona con la
exportación de productos con su piel.
Según declaraciones del líder labriego al suplemento 7 Días, del
diario estatal Cambio, a simple vista cuando navegas por los ríos se
aprecia la merma de animales debido a la presión de su caza furtiva.
La situación ha obligado a los habitantes de esa localidad a
elaborar un reglamento para evitar e impedir la caza indiscriminada.
Guayaramerín, Villa Bella y Cachuela Esperanza, poblaciones
fronterizas con el Brasil, apunta, son las rutas del contrabando y
por ellas mensualmente salen miles de cueros de manera clandestina.
Desde 2002, en pleno auge de las exportaciones, en Bolivia se
planteó la producción del lagarto en criadero.
De unos seis centros de ese tipo que llegaron a funcionar,
actualmente sólo uno está en operaciones en Santa Cruz (oriente
boliviano), confirmó oficialmente el Viceministerio de Biodiversidad
y Medio Ambiente.
Se instalaron criaderos con veinte o treinta animales pero, en
realidad, los cueros vendidos provenían de otros capturados en
ambientes naturales y se los hacía pasar por ejemplares
supuestamente controlados.
Por su parte, el viceministro de Biodiversidad y Medio Ambiente,
Juan Pablo Ramos, explicó que esa cartera diseña una nueva
estrategia, que incluye talleres con los pobladores de comunidades
indígenas para lograr conservar a los lagartos.
También Tomás Lima, dirigente de la Confederación de Pueblos
Indígenas de Bolivia, con sede en Trinidad, opina que depredan los
recursos aquellos que no tienen ningún incentivo para cuidarlos.