Ya han pasado 33 años (24 de febrero de 1976) de la aprobación,
en histórico referendo, mediante el voto libre, de la Constitución
de la República de Cuba (a la que se añadieron las reformas
aprobadas el 12 de julio de 1992).
Teniendo en cuenta la importancia del texto constitucional para
la sociedad cubana y el papel rector que el Estado le reconoce en el
ejercicio de la institucionalidad, comparto con ustedes
algunas consideraciones sobre la necesidad de conocer, releer y
cumplir al pie de la letra la Constitución que nació, en la era
revolucionaria, para orgullo de todos los cubanos.
Hace poco más de un año, en la sesión constitutiva de la VII
Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 24 de
febrero del 2008, el Presidente de los Consejos de Estado y de
Ministros Raúl Castro Ruz expresó: "La institucionalidad,
repito el término: la institucionalidad, es importante
sustento de ese decisivo propósito y uno de los pilares de la
invulnerabilidad de la Revolu- ción en el terreno político, por lo
que debemos trabajar en su constante perfeccionamiento. No creernos
nunca que lo que hemos hecho es perfecto.
"Nuestra democracia es participativa como pocas, pero debemos
estar conscientes de que el funcionamiento de las instituciones del
Estado y del Gobierno aún no alcanza el nivel de efectividad que
nuestro pueblo exige con todo derecho. Es un tema en que debemos
pensar todos".
Más cerca en el tiempo, el 27 de diciembre del 2008, el
Presidente Raúl Castro Ruz reiteró ante el Parlamento: "Debe quedar
claro que no habrá retrocesos en el propósito de fortalecer la
institucionalidad, la disciplina y el orden en todas las esferas
del país, sin los cuales sencillamente no es posible avanzar".
En ambas intervenciones del compañero Raúl, la
institucionalidad es conceptualizada como pilar de la
invulnerabilidad de la Revolución en el terreno político y como un
instrumento para el avance del país. Queda claro que lograr ese
objetivo implica el conocimiento de las leyes rectoras de la
sociedad, del funcionamiento del Estado y de los deberes y derechos
de los ciudadanos: conocer y cumplir la Constitución es sin dudas la
primera acción individual para interpretar y ejercer la
institucionalidad.
Partiendo de esa premisa —el conocimiento de la Constitución— he
realizado un simple ejercicio de "sociología del entorno", que usted
también puede hacer entre quienes lo rodean: he preguntado a 15
compañeros si han leído el texto constitucional y cómo lo
consiguieron. El resultado de ese sondeo terminó por impulsar este
comentario: solo 3 de ellos habían leído la Constitución, mientras
algunos de los 12 restantes respondieron con sus propias
interrogantes: "¿Cómo lo consigo?" "¿Dónde lo enseñan?" "¿Es un
documento público?" "¿Está disponible en librerías o por
Internet?"...
La Constitución es pública y debería estar disponible por todas
las vías posibles. Cuba, nadie lo duda, es un país de lectores, con
una población altamente instruida y con una enseñanza gratuita y
universalizada. Entonces resultan preocupantes y llaman a reflexión
las interrogantes de las personas consultadas. Añado que en la
mayoría de los casos se trata de profesionales, que no han estudiado
las leyes rectoras del país y desconocen cómo deben funcionar
nuestro Estado y sus instituciones. Y eso, alguna vez, les
repercutirá en sus funciones laborales o en la vida misma.
Hago votos, desde estas páginas, por una pronta reedición del
texto constitucional cubano, con la seguridad de que será de una
gran utilidad social, en el entendido de que no habrá
institucionalidad sin el estricto cumplimiento de sus 137
artículos. Y pienso en un librito modesto, de esos que se puedan
guardar en el bolsillo y tenerlo a mano siempre que sea necesaria la
consulta. Al mismo tiempo, tendremos que enseñar a las nuevas
generaciones de cubanos, que la Constitución de 1976 tiene un
carácter sui géneris, a diferencia de modelos anteriores, por
la plenitud de la participación popular en la discusión del
anteproyecto, proposiciones de reformulación de artículos y
referendo popular de aprobación.
Recordemos, además, que la nuestra es una Constitución instaurada
y originaria, que no debe su validez a otros textos anteriores. En
ella podemos conocer sus principios fundamentales, que son también
el fundamento de lo que somos como nación: centralismo democrático,
unidad de poder, democracia socialista, soberanía popular, legalidad
socialista, igualdad social y formal, predominio de intereses
sociales respecto a los individuos, monopartidismo político,
propiedad estatal socialista sobre los medios de producción y
participación popular, control y revocación por los electores.
De igual forma, se debe dedicar un tiempo, nada ocioso, a releer
la Reforma Constitucional de 1992, que representa una ampliación del
carácter democrático del Estado y la sociedad en su conjunto, sin
cambiar su esencia ni perder continuidad respecto al texto anterior.
Muchas otras aristas podríamos comentar sobre este tema. Pero
usted coincidirá con nosotros en que debemos comenzar por lo
primario: la lectura, el conocimiento y la interpretación. Sobre
todo en estos tiempos en que pueblos hermanos están luchando por lo
que aquí supimos conquistar hace más de tres décadas: una
Constitución al servicio del pueblo, que sustituyó, de una vez y
para siempre, la "ley" de una minoría, que la redactaba e imponía
para preservar sus intereses. Saberlo es honrarlo.