Comenzó a hacerlo un día lejano, probablemente a raíz de algún
desastre natural en Cuba o en otra parte del mundo. Hoy no lo podría
afirmar con certeza, porque la memoria termina empañándose con los
años, y Julio, que ya pasó los 50, por aquel entonces acababa de
cumplir 16.
Solo recuerda que fue después que Fidel realizara la
convocatoria, cuando resolvió ir al policlínico y extender el brazo
para donar su sangre. "Me decidí tras escuchar al Comandante", dice.
Luego le seguiría Osmara Castro, la esposa, y más tarde, en el
mismo orden en que fueron arribando a la edad requerida, los
imitarían Yusleivys, Jorge Luis y Lázaro Julio, los tres hijos.
"Lo hicieron espontáneamente. A ninguno hubo que pedírselo.
Simplemente vieron nuestro interés y quisieron incorporarse",
asegura Julio, quien trabaja como custodio en la Empresa de
Servicios de San Juan y Martínez.
En efecto, mucho tiene que haber pesado el ejemplo de casa para
que todos hayan tomado el mismo camino.
"Lo hacemos con amor. ¿La motivación?: Ayudar a salvar vidas",
explica el padre.
Aunque para muchas personas, enfrentarse a una aguja constituye
un acto temible, Julio Mitjans y su familia, quienes suman entre
todos 125 donaciones de sangre, o consideran algo natural.
"El pinchacito en el dedo da un poco de mala impresión, porque es
una terminación nerviosa. El resto no duele".
El procedimiento es sencillo, y no deja ningún tipo de malestar,
afirman. "Cuando la enfermera termina de hacer su trabajo, me quedo
en la camilla un par de minutos, y luego me incorporo. Incluso una
vez permanecí todo el tiempo de pie", cuenta Julio.
Con 57 donaciones registradas en su carné de donante, nunca ha
pensado en las cifras. "Metas no tengo. Mientras la salud me
acompañe, lo seguiré haciendo".
Quizás su única ambición sea lograr que sus nietos conserven la
tradición de la familia. "Uno se siente orgulloso de poderle servir
a la Revolución con su sangre", comenta este hombre que nunca ha
pensado en valerse de su salud para mejorar su situación económica.
"En varias oportunidades se me han acercado personas que han
tenido un familiar enfermo, a proponerme que les done mi sangre a
cambio de dinero, pero yo no aceptaría algo así. Aunque somos gente
humilde, me parece que si vendo la sangre estoy vendiendo una vida".
Por ello, cada vez que alguien abrumado por la necesidad se ha
adentrado en los trillos del barrio de La Cantera, buscando la
casita de los Mitjans Castro, ha encontrado una familia dispuesta a
regalarle un poco de vida a quien lo precise.
Pocos países en el mundo tienen organizado un sistema público de
donación de sangre. Donde estos no existen, la donación es realizada
por los familiares, o se paga para encontrar alguien que lo haga.
Estos son algunos de los muchos pedidos desesperados que se
pueden encontrar ahora mismo en Internet.
"Necesito en forma urgente sangre de cualquier tipo y factor para
el paciente Gerardo Gabriel Bianchi, que se encuentra internado en
el Hospital Clínica"...
"A mi mamá le han tenido que hacer transfusión, ya que se
encuentra muy débil. La sangre no se inventa lamentablemente, solo
se dona... y no hemos devuelto ni un tercio de sangre ocupada...
Ayúdenos por favor"...
"Necesitamos donantes de sangre de cualquier tipo para Isidora
Hernández, ella tiene 15 años y le diagnosticaron leucemia"...
Afortunadamente, gracias al sistema de Salud cubano y a decenas
de miles de personas como Julio, Osmara, Yusleivys, Jorge o Lázaro,
usted nunca leerá algo así en las páginas de este diario.