Cuando
la temperatura corporal se eleva por encima de los 40 grados, como
resultado fundamentalmente de la exposición excesiva al Sol, se
produce el llamado "golpe de calor", que constituye siempre una
emergencia médica al ponerse en peligro la vida de los pacientes,
alertó la doctora Marianlie Navarro Maestre, especialista en
Medicina General Integral y en Dermatología, quien se desempeña en
el Hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.
Ello se explica porque esa alta temperatura corporal afecta
primariamente el sistema nervioso central (el cerebro), también los
riñones, e incluso puede generar desarreglos en diversos órganos. Es
ciencia constituida que a partir de los 420C comienzan a producirse
daños irreversibles de las células.
Es posible "darse cuenta" de que nos encontramos en los umbrales
de un "golpe de calor": empezamos a sentirnos mareados y con dolores
de cabeza, aparecen calambres en manos y piernas, abundante
sudoración y la piel se torna enrojecida.
Si desconocemos esas manifestaciones, precisa mi entrevistada,
cuando se produce el "golpe de calor" dejamos de sudar y pueden
manifestarse entonces convulsiones y pérdida del conocimiento.
Ante un evento de esta naturaleza se debe trasladar a la persona
hasta un sitio fresco; si ha perdido el conocimiento acostarla y
elevarle los pies, y echarle agua fresca o fría en la cara y las
muñecas, abanicarla, darle de beber agua o refrescos, o una taza de
café con azúcar, mientras se posibilita el traslado al centro
asistencial más cercano.
En estos meses de tan sofocante calor, a la necesaria protección
de los rayos solares con el empleo de sombrillas, pamelas, gorras,
sombreros y viseras, se debe añadir la ingestión sistemática de
líquidos. Los dos litros de agua que según los facultativos se deben
tomar como promedio diariamente, es recomendable elevarlos a tres o
cuatro, y, esencialmente, no ingerirla solo cuando tengamos sed,
sino de forma regular. Es sabido que para sudar abundantemente,
esencial para mantener baja la temperatura de la piel, hay que tener
el cuerpo bien hidratado.
Las altas temperaturas veraniegas, acentuadas por los cambios
climáticos, deben constituir por sí mismas una "voz de alarma"
cuando las familias se vuelcan literalmente al disfrute de playas y
campismos, o caminamos y realizamos ejercicios a pleno Sol,
olvidándonos que resulta imprescindible protegernos, sobre todo en
los horarios comprendidos entre las 10 de la mañana y las 4 de la
tarde. Los grupos de mayor riesgo son los niños y los ancianos, a
los que deben brindarse los mayores cuidados.