El día que Holguín respiró a plenitud aires de libertad

Fragmento del libro La Caravana de la Libertad, de próxima aparición

LUIS BÁEZ Y PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Fidel apenas reposa. No se han despejado todavía las brumas del amanecer cuando el sábado 3 de enero de 1959 recibe al comandante Camilo Cienfuegos, quien ha volado hasta Bayamo para rendir cuentas de su misión en la capital cubana, analizar de conjunto la situación y recibir instrucciones. Es el primer encuentro de los dos jefes rebeldes luego de que Camilo emprendiera la exitosa invasión a Occidente al frente de su columna guerrillera. Un día antes, Camilo se había instalado en Columbia y tomaba el mando de las fuerzas de aire, mar y tierra de La Habana. El comandante Juan Almeida relata:

En Holguín, Fidel junto a los comandantes Belarmino Castilla (Aníbal), a su derecha, y Delio Gómez Ochoa, a su izquierda.

A media mañana, Fidel habla con una multitud de soldados del ejército, acompañados de clases y oficiales, subtenientes, tenientes, capitanes y tenientes coroneles, concentrados en el campamento donde el horror se había impuesto a la población de Bayamo por la atrocidad y el crimen.

Se separan y detienen, para ser juzgados, los grandes responsables. En el estadio local se incorporan a la Caravana compañías de infantería, artillería y los tanques, conducidos por soldados y rebeldes. Con los militares unidos a la Revolución y al pueblo, abierta la conciencia y el sentimiento revolucionario, marchamos juntos, proclamando el triunfo de la Revolución. No queda un traje de campaña en los almacenes del ejército, ni cinta roja y negra para brazaletes en las tiendas.1

El entonces capitán rebelde Ramón Valle Lazo, aporta detalles sobre el tratamiento dado a las huestes derrotadas:

Fidel se reunió con algunos compañeros del Ejército Rebelde para que buscaran a un oficial de cada arma del antiguo ejército para traerlos como acompañantes. Se selecciona al teniente de navío Trujillo, de la Marina; al subteniente Díaz Menéndez, por la Infantería; y al comandante Izquierdo, por la Fuerza Aérea.2

Almeida continúa contando:

Las emisoras de radio, nacionales y locales, permanecen en el aire. La televisión presenta entrevistas y reportajes de todo lo que acontece, con menciones de combates y de la batalla final, así como detalles de la fuga del tirano y su comitiva.

Obreros, estudiantes, jóvenes, hombres y mujeres, todo el pueblo, aclama a los combatientes que vamos en cientos de vehículos requisados, de todo tipo y tamaño: autos, camiones, rastras y zorretes que llevan sobre sí tanques de esteras y tanquetas; una caravana que marcha, tocando el claxon, por la Carretera Central, donde cientos de miles de personas aguardan.3

La Caravana avanza hacia Holguín, donde se suma un nutrido grupo de combatientes del Segundo Frente Oriental Frank País. El comandante Raúl Castro le había ordenado al también comandante Antonio Enrique Lussón ponerse a las órdenes de Fidel para garantizar la seguridad de la Caravana:

Era una enorme responsabilidad que se nos asignara esa honrosa pero compleja misión. Para ello seleccionamos a los hombres con todas las cualidades requeridas y que, al mismo tiempo, pudieran desenvolverse en aquella situación.

Dos de ellos, Alberto Vázquez y José Alberto León, fueron como choferes. El propio Raúl designó a Vázquez chofer de Fidel. Era un gran combatiente de la clandestinidad y de la Sierra, pasó al Segundo Frente con Raúl y allí fue el jefe de la inteligencia Rebelde de la Columna 17; antes de alzarse manejaba ómnibus urbanos en la ciudad de Santiago de Cuba. Leoncito, como le llamábamos en la guerrilla, también era un combatiente destacado; procedía de La Habana, donde fue chofer en una agencia que se dedicaba a la venta de carros.

Los restantes hombres eran de la móvil de la comandancia de la Columna 17, también de mucho prestigio por su desempeño en los combates. Así completamos más de una decena de barbudos rebeldes, que integraron la escolta de acompañamiento directo al Comandante en Jefe, en apoyo al grupo que él ya traía desde la Sierra Maestra, bajo las órdenes de los comandantes Juan Almeida y Calixto García.4

De tal modo la seguridad de la Caravana contó con tres compañías. Una la dirigía Orlando Pupo, de la Columna 1; la otra, Pedro García Peláez, también de esa fuerza, y la tercera, Valle Lazo, de la Columna 17 del Segundo Frente.

Desde la salida de Bayamo había ocupado un puesto en la vanguardia del convoy el comandante Delio Gómez Ochoa, máximo dirigente del IV Frente Simón Bolívar, quien desde la jornada anterior se hallaba al frente de la plaza militar holguinera tras la rendición incondicional de los efectivos de la tiranía allí acantonados.

La memoria de Gómez Ochoa revive los acontecimientos:

Fidel quería llevar algunos tanques en la Caravana de la Libertad, y sabía que en Holguín había unos cuantos, pero debíamos alistarlos, además me dio instrucciones para que a su paso por la ciudad se incorporaran algunos compañeros y siguieran con él rumbo a La Habana. A tantos años, no me atrevo a decir con exactitud la hora en que llegó. Sí recuerdo que era pasado el medio día, que Celia Sánchez traía un dulce en un pomo y eso fue lo que almorzaron. En el teatro del Instituto Tecnológico de Holguín, donde yo había establecido mi Estado Mayor, se reunió con todos los militares del ejército de Batista. Planteó que el que quisiera seguir se podía incorporar al Ejército Rebelde, que a los que tuvieran causas se les haría juicio y establecería la pena correspondiente. Todo fue con un gran respeto a aquellos hombres derrotados. Recuerdo que por ese mismo lugar, Fidel caminaba de aquí para allá y de allá para acá, dando instrucciones, a mí y a otros compañeros; hablando de proyectos. No puedo precisar qué tiempo transcurrió allí. Ya al atardecer se reunió en la oficina de ese edificio con unos periodistas que habían llegado de La Habana para entrevistarlo.5

Delio Gómez Ochoa se refiere al norteamericano Jules Dubois y Carlos Castañeda, de Bohemia, junto con el reportero gráfico Luis Tolosa. En aquella entrevista, Fidel precisó cómo la Revolución tomaría siempre el camino más recto y nunca conviviría con la inmoralidad.

En sus contactos con los revolucionarios holguineros tiene presente el aporte de sus jóvenes a la gesta. Nadie puede olvidar los episodios de las llamadas Pascuas Sangrientas de 1956. Cerca de la medianoche del 24 de diciembre de ese año la tiranía mostró su entraña criminal. En Holguín, Mayarí, Banes, Puerto Padre y Las Tunas decenas de revolucionarios, fueron arrancados de sus hogares por cobardes sicarios. Al día siguiente, veintitrés cadáveres, en su mayoría militantes del Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista Popular fueron hallados muertos por heridas de bala o ahorcados, con visibles señales de tortura. Contrario a lo que esperaba el régimen, el pueblo reaccionó no solo con indignación, sino más dispuesto a sumarse a la lucha.

Definitivamente, Holguín era ya una plaza libre. Estando allí, los jefes y combatientes del Ejército Rebelde, en ruta hacia Occidente, escucharon por la radio una información sobre la sesión del Consejo de Ministros que tuvo lugar ese mismo día en Santiago de Cuba. Varios ministros del Gobierno Revolucionario habían jurado sus cargos. Fidel era proclamado, de manera oficial, Comandante en Jefe de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra de la República; y Santiago, capital provisional de la nación. Un decreto establecía la denominación de 1959 como "Año de la Liberación". Poco después de la medianoche del 3 de enero de 1959, el Comandante en Jefe da la orden de reanudar la marcha.

Para facilitar la información sobre la nueva situación vivida por el país, Fidel formula una solicitud a los medios de comunicación:

Dado el hecho de constituir la prensa escrita un servicio público de extraordinario valor para orientar al pueblo y mantenerlo debidamente informado de los acontecimientos, y siendo además evidente que la prensa, como lo ha hecho la radial y televisada que está colaborando estrechamente con el Movimiento Revolucionario, solicitamos a los trabajadores de Artes Gráficas, del Colegio de Periodistas y de los repartidores, que a partir de mañana domingo a las 12:00 del día se facilite la publicación de todos los órganos de la prensa escrita, como se ha hecho con la radial y televisada y otros servicios públicos, desde el primer instante consideramos conveniente al servicio revolucionario.6

1.- Juan Almeida Bosque: La Sierra Maestra y más allá, Ediciones Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2002, pp. 354-355.

2.- Ramón Valle Lazo: Testimonio manuscrito, consultado por los autores.

3.- Juan Almeida Bosque: La Sierra Maestra y más allá, Ediciones Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2002, p. 355.

4.- Antonio Enrique Lussón: "La escolta de la Caravana", en Juventud Rebelde, 9 de enero del 2005.

5.- María Julia Guerra: "La Caravana de la Libertad en Holguín: un día victorioso", en Ahora, Holguín, 3 de enero del 2009, p. 8.

6.- Periódico Revolución, 5 de enero de 1959, p. 2. Aunque es publicada el 5 de enero, la proclama se da conocer a través de la radio el día 3 de enero de 1959.

 

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