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Los bueyes, yo y todo el que pueda ayudar

FREDDY PÉREZ CABRERA

SANTA CLARA.— La entrega masiva de tierra a través del Decreto-Ley 259 impone repensar el papel de las estructuras estatales y privadas para no abandonar a su suerte a ese nuevo productor, quien llega a la finca con muchos deseos de trabajar, aunque no siempre tiene recursos y conocimientos para emprender la tarea.

Sin negar el papel de la empresa estatal, necesaria e imprescindible en algunas producciones, el estado cubano está llamado a potenciar las fincas, por ser estas unidades productivas más pequeñas, que llevan menos recursos, humanos y materiales, y por tanto, más fáciles de controlar y de hacerlas producir, además del mayor interés de quien la trabaja.

En reciente recorrido por varias de las propiedades entregadas en el municipio de Santa Clara, constatamos cuanto puede lograrse en tan poco espacio, cuando se trabaja con interés y sentido de pertenencia. Y también, cuanto más pudiera hacerse si ese campesino tuviera mayor apoyo de los mecanismos establecidos a tal fin.

BARACOA EN SANTA CLARA

Procedente de la Ciudad Primada de Cuba llegó un día a Santa Clara, José Cancio Rodríguez, quien acudía al llamado realizado por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas para formarse como Ingeniero Agrónomo. Desde entonces Cancio perdió nombre y apellidos para comenzar a llamarse Baracoa.

Luego de una vida profesional intensa llegó el retiro y, a pesar de sus 71 años, el eminente profesor dice que aún no ha dado su última clase. En diciembre del pasado año recibió 4,9 hectáreas de tierra, el 70 % de las cuales estaban infestadas de marabú.

"El trabajo resultó muy arduo, tuve que valerme de todos los medios posibles para limpiar el área; machete, hacha, candela, bueyes y, hasta un buldózer tuve que contratar porque era demasiado el desgaste que sufríamos" asegura José.

El esfuerzo no ha sido en vano. Utilizando sus valiosos conocimientos de agronomía, en especial la agroecología, las 4,9 hectáreas de tierra se han multiplicado por dos, a partir de un correcto intercalamiento y rotación de los sembrados.

Allí puede observarse como se mezclan los 15 cultivos que tiene José en la finca, entre los que se cuentan el melón de castilla y de agua, plátano, calabaza, papaya, maíz, habichuela, ñame, guayaba, boniato, pepino, malanga, yuca, girasol y sorgo, todos en perfecto estado.

Aplicar variadas técnicas de conservación y manejo de los suelos, como las cortinas rompevientos y las barreras antierosivas, además de utilizar abonos orgánicos y trampas para combatir insectos como el Tetuán del boniato, constituyen algunas de las vías empleadas por Baracoa para triunfar en su nueva empresa.

El uso de los bueyes resulta insuperable, según cuenta el agricultor. Ellos no necesitan combustible y hacen mejor trabajo, solo se necesita tener dos yuntas, una para la mañana y la otra para la tarde. Entre ellas, yo y alguien que de un ayudita podemos garantizar altos rendimientos en la finca, asegura el labriego.

Pero no todo es color de rosa, refiere el productor. "En mi caso la tarea se ha visto facilitada por ser ingeniero agrónomo, más, conozco a muchos que tienen interés, sin embargo necesitan ser entrenados en la tarea, de lo contrario colgarán los guantes".

"Otra meta es incentivar a los jóvenes, porque la mayoría de los que adquirimos tierra somos personas mayores. Aquí tengo a mi nieto José Raúl, quien es técnico veterinario; cuando le explique que este pedazo de tierra podía dar ganancias de más de 200 mil pesos al terminar el año, no lo pensó dos veces y vino a trabajar conmigo" explica.

"A mi modo de ver las cosas es necesario fortalecer el papel de las empresas y cooperativas en materia de suministro de semillas y pies de cría de calidad, así como en asesoramiento técnico, para que nosotros podamos dedicarnos a producir y no a buscar recursos", reconoce José.

También hay que organizar la colaboración y ayuda entre los guajiros que trabajan áreas cercanas, y esa debe ser una tarea de la entidad que da la tierra, asegura Baracoa. Cómo entender que no podamos prestarnos los bueyes o no nos ayudemos en un pico de cosecha. Esta nueva forma productiva requiere de mucha solidaridad, entre nosotros y también del Estado, solo así podremos salir adelante.

En Villa Clara han sido concedidas 52 mil hectáreas de tierra por el Decreto-Ley 259, el 37 % de las cuales está en explotación. Del total de áreas ociosas en la provincia fueron entregadas el 47 %, restando unas 106 mil hectáreas por otorgar, en lo que ha incidido la morosidad de algunas empresas y cooperativas en declarar el carácter inactivo de determinados espacios

 

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