Por problemas de salud de un familiar cercano, en los últimos
días he visitado con frecuencia un hospital capitalino. Buena
atención, tratamiento médico intachable. Mas, en ocasiones, tales
cualidades se nublaban tras cortinas de humo.
La ausencia total de ceniceros enviaba un claro mensaje: aquí no
se fuma. Pero el entorno decía lo contrario: colillas en las
escaleras, en el piso, debajo de las camas... hasta dentro del
lavamanos del cuarto de curaciones.
¿Pacientes? ¿Trabajadores de la instalación? A unos y a otros vi
fumar en disímiles lugares, desde pasillos y portales hasta en el
interior de las habitaciones, delante de las narices de los
enfermos.
Al comentarlo con algunos conocidos, no faltaron anécdotas acerca
de experiencias similares en otros centros. ¿Dónde queda entonces la
exigencia de directores o jefes de unidades del Sistema Nacional de
Salud, máximos responsables de velar por que se cumpla lo estipulado
en la Resolución 360, emitida por el Ministro de Salud Pública en el
año 2005?
Esta regulación jurídica prohíbe fumar o mantener encendido
cualquier derivado del tabaco en las instalaciones del Sistema
Nacional de Salud, muy especialmente a todo el personal que labora o
presta servicios dentro del mismo en el transcurso de su actividad
laboral. Exceptúa los espacios abiertos, fuera de la institución,
durante los horarios de merienda y comida.
Y considera de mayor gravedad hacerlo en lugares bajo techo donde
se reúnan dos o más personas, como salas de espera, cafeterías o
comedores; en centros de enseñanza médica en sus diferentes niveles;
y durante la atención a los pacientes, las consultas, pase de visita
o permanencia en salas de hospitalización, laboratorios,
consultorios médicos o en cualquier sitio donde el personal de salud
interaccione profesionalmente con la población.
También prohíbe fumar a los pacientes, acompañantes, visitantes o
cualquiera otra persona que se encuentre ocasional o permanentemente
en las unidades de salud.
Tal impedimento tiene su razón de ser. El tabaquismo es la causa
conocida o probable de gran número de enfermedades, entre las que
destacan aquellas no transmisibles relacionadas con el estilo de
vida y el mantenimiento de conductas perjudiciales para la salud que
ocupan los primeros lugares en el cuadro de morbilidad y mortalidad
del país.
El consumo del tabaco y sus derivados afecta no solo al fumador
activo; está científicamente comprobado que quienes lo rodean son
igualmente perjudicados, aun contra su deseo y voluntad.
Sus devastadoras consecuencias sanitarias, sociales y económicas
han conllevado a que la Organización Mundial de la Salud califique
al tabaquismo como una epidemia de alcance mundial.
La propia Resolución 360 dispone que sus disposiciones formen
parte de los reglamentos internos de las unidades que conforman el
Sistema Nacional de Salud, por lo que la transgresión de estas
ameritan la imposición de medidas disciplinarias a los infractores,
sean trabajadores, dirigentes o funcionarios.
Entonces cabría preguntar: ¿acaso se desconoce lo legalmente
establecido o faltan exigencia y control en su cumplimiento?
No parece ser lo primero. En conversación con Granma,
Carlos Justo Rodríguez Lemus, director del Grupo de Promoción y
Educación para la Salud de Ciudad de La Habana, aseguró que en los
policlínicos y hospitales de la provincia se desarrolla un
movimiento de lucha contra el tabaquismo promovido por el Sindicato
de la Salud y encaminado a declararlos Centros libres de humo de
tabaco. Tal distinción la han alcanzado alrededor del 20% y es uno
de los parámetros exigidos en la emulación sindical.
Para lograrlo, luego de realizar un levantamiento de los
fumadores del centro, convocan a talleres de sensibilización,
audiencias públicas y conferencias, además de brindar servicio de
deshabituación tabáquica, consulta extensiva a toda la población.
Es innegable que los trabajadores de la Salud, especialmente
médicos y enfermeros, constituyen ejemplos muy negativos cuando
practican conductas que contradicen su misión: preservar la salud
humana. A ellos corresponde predicar con el ejemplo.