Bonachea

Fábulas para “desintoxicar”… el alma

TONI PIÑERA

Subyace en la condición humana el espíritu animista que domina en el niño, y en quienes, liberados de la conciencia, consiguen dar rienda suelta al automatismo creador de mundos mágicos. Es el caso de Vicente Rodríguez Bonachea cuando integra en sus trabajos una figuración que tiene puntos de contacto con la realidad y que se organiza en el plano en forma caprichosa, a la manera de los sueños. Unas veces inquietante, otras apacible, así son las atmósferas plasmadas en estas composiciones con tintes surrealistas, que realiza con admirable oficio.

Cada uno de los trabajos de este artista (La Habana, 1957), son como una aventura. Un juego y un diminuto poema que convoca a un encuentro diferente del hombre con la naturaleza. Son, en una palabra, formas pensadas para el disfrute y el deleite de los sentidos, para desintoxicar el cuerpo, y también el alma.

El hecho de que un ilustrador sea un artista porque trabaja con la imagen y transmita sus sensaciones y sentimientos a través de ellas, le ha permitido en este caso contarse entre la valiosa cantera de pintores activos hoy día en Cuba. La obra pictórica de Bonachea se sitúa entre lo que él ha recogido de su experiencia como ilustrador y una suerte de pintura onírica, caracterizada sobre todo por un peculiar bestiario, nunca agresivo, sino todo lo contrario, dulce, y a veces hasta tierno.

Figuras como de cuentos infantiles se funden en un espacio minuciosamente tejido, junto con flores y plantas. En ese curioso "jardín de las delicias", la abolición de un orden lógico cede a la aparición de otro, mágico; de ahí que se produzca al instante un efecto onírico: entramos, pues, en un reino elemental, tiempo también de los sueños. Freud había ya señalado la concordancia de discursos producida entre la magia y los sueños. Lo cierto es que ante sus cuadros sentimos que un lenguaje —no exento de erotismo, por lo demás—, de formas atávicas nos toca de cerca ¿Hemos acaso realmente superado las viejas creencias de nuestros más remotos antepasados? Sabemos que no. Es por eso que una pintura como la de este artista nos toca de cerca, removiendo en nosotros creencias que continúan habitando en lo más íntimo de nuestro ser.

Las más variadas fábulas retozan en los lienzos y cartulinas de este creador sabio y sensible, graduado de la Academia de San Alejandro en 1976. De ahí que toda suerte de situaciones puedan ser vividas en sus trabajos, donde se dan la mano animales en metamorfosis, frutas, hierbas de una extraña primavera, seres iluminados por una brillante memoria imaginativa que vibra y hasta respira en la noche. Todo ello lo ha convocado ahora el creador en la muestra Introspectiva —abierta en la galería La Acacia (San José No. 114, La Habana Vieja), perteneciente a la Empresa Génesis, Galerías de Arte, donde da rienda suelta a su imaginación, cuya fertilidad ha quedado muy bien probada.

El espectador podrá descubrir allí a un Bonachea muy auténtico y recorrer casi 30 años de labor creativa, a través de sus dibujos, grabados y pinturas, realizados desde los años 70 hasta hoy. Y hasta asombrarse con las disímiles superficies en las que reposan sus muy diversas imágenes. Podrá también "observarlos" de día y de noche... Aunque en los territorios de la oscuridad aparece el original bestiario de este creador inspirado, que esconde sus fantasmas (recuerdos y vivencias) en esos fondos inquietantes, familiares, de otra dimensión, en los que el contemplador está "de visita" y, al mismo tiempo, se siente subyugado y próximo al ambiente y a los hieráticos personajes.

Dibujante, grabador y pintor de matices, sutilezas, sugerencias y del orden en el caos de los objetos, él es de esas personas que se resisten a abandonar los terrenos de la infancia. Como de un juego pictórico o de un catálogo de alucinada mitología, surgen sus piezas donde propone una cosmogonía personal, de raigambre cubana y al mismo tiempo universal. Pues, él sazona la realidad convenientemente con ingredientes variados para saltar sobre el límite determinante de su presencia. Desde la morbidez del cuerpo femenino; cruzando el enhiesto mundo sexual y oloroso, de las flores; entrando en un bosque de raros árboles donde asoma una fauna lúdica, hasta alcanzar la inflexión del clímax en la aparición de personajes insólitos, descontextualizadores, que añaden descanso a sus series recientes, todo tiene cabida en las pinturas de Vicente Rodríguez Bonachea, "el mejor retratista de los sueños", como lo calificara una vez, un poeta mexicano.

 

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