Las
artes plásticas fue una constante, al igual que la música, en la
obra literaria y periodística de Alejo Carpentier y en su vocación
personal. En sus novelas casi siempre está presente, el mejor
ejemplo es La explosión de la catedral (Monsú Desiderio,
barroco del siglo XVII). Desde el arte de Tracia, los enigmas
arquitectónicos de Egipto de Escandinavia o las tallas de Marfil del
Congo belga; Loutré, Calder, Matisse, Gauguin, Miró, Picasso, Diego
Rivera, Courbusier; Salvador Dalí, el arte abstracto o nuestro
Agustín Cárdenas y Wifredo Lam, entre otras representaciones, el
recorrido de Alejo Carpentier por las artes visuales es profundo e
inmenso. Resultó natural el hecho de que se empleara la donación del
monto recibido por su Premio Miguel de Cervantes (el primero
otorgado a un escritor latinoamericano) a la adquisición de
reproducciones de obras de arte universal, tarea en la cual
participó personalmente con la colaboración de Marta Arjona,
entonces directora de Patrimonio Cultural, artista ella misma y
notable museóloga.
Hace
ahora 30 años, en julio de 1979 fue inaugurado en Santiago de Cuba,
el primer museo provincial de esas reproducciones invaluables,
coincidiendo con los actos por el asalto al Moncada.
A partir de esa fecha, se instalaron colecciones iguales en las
demás provincias del país compuestas con lo más representativo y
valioso de la pintura del mundo, para que el pueblo cubano pudiera
admirarlas como si visitara los museos y galerías que atesoran los
originales. Hace unos meses, en ocasión de la Semana de la
Francofonía, la Embajada de Francia exhibió en el torno del Castillo
de la Fuerza reproducciones extraordinarias de obras, pertenecientes
al Museo del Louvre. Algo parecido pero de muchos museos constituyen
las colecciones adquiridas por el regalo en metálico de Alejo
Carpentier al Partido Comunista de Cuba, que por decisión de Fidel
se empleó en esa rama de la cultura.
Lamentablemente, de forma indolente, algunas de esas colecciones
han sido desarticuladas, y otras ya no existen, pero ello no
demerita el hecho de que las que se conservan intactas, merezcan que
se promuevan y también así se recuerde ese gesto generoso del gran
novelista y periodista que fue Alejo, quien ese mismo año de 1979
—uno antes de su muerte— publicó la primera edición de su obra El
arpa y la sombra; esta novela fue traducida inmediatamente al
alemán de conjunto con Los pasos perdidos, así como a otras
lenguas. Además, 1979 fue el año en que recibiera el Premio Médicis
Extranjero, el más alto galardón que adjudica Francia a escritores
de otros países. También dictó en la Universidad de Yale su
conferencia imperecedera, La novela latinoamericana en vísperas
de un nuevo siglo, impresa más de una vez por la editorial
Letras Cubanas, del Instituto del Libro.