Libro de combate por la libertad

RAÚL VALDÉS VIVÓ

No hay que poseer la única voracidad saludable: leer, que es, para decirlo con Martí, crecer, cuando un amigo muy querido te envía, con otro afecto tuyo, el libro Combatientes por la vida. Sanidad Militar. Sí, lo devoras. No es solamente una lectura acerca de la historia del Departamento de Sanidad del Segundo Frente Oriental Frank País desde su creación en abril de 1958, hasta enero de 1959. Es mucho más. Y sin vacilar traiciono la modestia de quien me obsequió este libro al subrayar que junto al citado nombre, que más que referido a un joven ciclón es el de una bandera, aparecen Raúl, su eterna Vilma y Machado Ventura, quien fue jefe de ese Departamento.

Si después del triunfo supo José Ramón Machado Ventura organizar la salud pública con admirable eficiencia, fue porque en la guerra también halló las tareas a cumplir por aquella legión que entró en la historia, y cuando la metralla lo golpeó en un combate, hizo lo mismo que José Ramón Balaguer al sentirse herido, y demandar que siguiera cada quien haciendo lo suyo.

Ahora, junto a Raúl, como Primer Vicepresidente, es el de siempre: la entrega total, la disciplina que se impone a sí mismo, la confianza de que nuestro pueblo y su Partido son invencibles si saben organizar cada batalla, ahora por delante la del ahorro.

El Segundo Frente es hijo de la epopeya de la Sierra Maestra y ella devino sinónimo exacto de Fidel. Ya desde México, mientras entrenaba los combatientes del Granma decidió que las futuras tropas necesitarían los guardianes de sus heridas y reclutó a Ernesto Guevara en esa condición. En sus primeros combates, Guevara se hizo el Che, el guerrillero de la leyenda.

La orden del Comandante en Jefe se cumplió: también curar soldados enemigos, que lo son únicamente mientras dura la pelea, y atender la salud de los habitantes en el radio de acción, dado que por su emancipación y felicidad es la lucha.

Ninguna definición de la música supera la de nuestro Apóstol al expresar que es más bello lo que sugiere que lo que dice, e igual pasa con los libros realmente interesantes, como el que gloso.

Para no alejarnos del pensador cubano más universal, revelo un hecho poco recordado, desconocido tal vez. Martí pensaba que buena parte de los miembros que secretamente tendría dentro de Cuba el Partido único de los revolucionarios cubanos, deberían ser médicos. Se sumarían a los muchos existentes en los clubes de la emigración. Ellos pudieran ir por todas partes del país sin despertar sospechas, llevando su maletín de médico y dentro materiales con las verdades revolucionarias.

Ahora ocurre así en el centenar de países marcados por el paso de médicos, enfermeras y técnicos sanitarios de Cuba, sin que hagan nada subversivo: con su sola presencia pletórica de abnegación predican la independencia, la soberanía, la amistad, y que cada pueblo disponga como su único rey de su propio destino.

El socialismo asentado en el patriotismo, que es el de Cuba, comenzó con Bolívar en Venezuela y los otros cuatro países liberados por su espada. La batalla que decidió la derrota total del colonialismo español, librada en Ayacucho por el lugarteniente principal de Bolívar, Antonio José de Sucre, fue antecedida de la batalla de Junín, en la que Manuelita Sáenz sirvió de enfermera, mientras en Ayacucho, siguiendo la misma evolución del Che, fue combatiente. El problema más difícil es relatado por el organizador de la sanidad militar, como jefe de la retaguardia antes de serlo de las tropas en combate, ese inmenso Sucre. A los pocos días de Ayacucho le escribe al Libertador:

Nos faltan medicinas y todo para estos heridos que en todo exceden de mil y es menester que volando nos envíen auxilio por que si no perderemos muchos hombres (¼ ) no debo descuidar los socorros a los hospitales que tanto y tanto merecen nuestros cuidados y auxilios muy eficaces.

Pero si de testimonios se trata, la manera más sencilla de agradecer este en que aparecen los héroes que salvaban héroes, evoco a los médicos, odontólogos, enfermeras y técnicos de la salud de Cuba, que actuaron en defensa del socialismo que construía Vietnam en su porción norteña bajo las bombas de Estados Unidos por lealtad a los patriotas del Sur ocupado por sus tropas, teatro principal de aquella guerra a donde fue el Comandante en Jefe.

También actuaron en las cuevas de la zona liberada de Laos, en Sam Nua, cuyas condiciones de peligro eran iguales a la selva no lejos de Saigón con la embajada cubana.

Es este un libro que debe ser leído por todos los que luchan por construir un mundo mejor, particularmente por los estudiantes de Medicina de Cuba y de los países hermanos que se yerguen para alcanzar la libertad, es un canto infinito de amor y esperanza. Verán, como en un espejo mágico, su propio porvenir heroico y la necesidad de estudiar cada día más.

 

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