Dilatar el proceso por el cual los ejecutores del golpe de Estado
en Honduras se mantienen al mando, fortalece a los violadores de la
Constitución del país de Morazán y busca que el Presidente legítimo
no vuelva al poder.
El verdadero y legal presidente de la nación centroamericana
-hecho reconocido por todo el mundo- es José Manuel Zelaya, quien
lanzó un ultimátum a los golpistas para entregar el poder en la
próxima reunión de mediación este fin de semana.
Realmente, con los golpistas no hay que negociar nada, puesto que
su poder es espurio, ilegal y no es reconocido por nadie en el
mundo.
Parece que la decisión de la OEA de no reconocer a las
autoridades que rigen por la fuerza en Tegucigalpa, a sus
representantes y a las acciones que puedan lleven a cabo bajo su
férula, al final no tiene mucho valor para Washington, cuyos órganos
de manipulación masiva ya denominan a Roberto Micheletti (al frente
del golpe) como el "presidente interino".
Se trata de un término ilegal que se extiende y hoy emplean las
agencias de noticias más poderosas, cadenas de televisión como CNN y
sitios de supuesta objetividad como BBC Mundo.
Realmente, nunca se debió admitir ninguna "mediación" que
implicara cierto reconocimiento de los golpistas, y el gobierno de
Obama hace rato debería haber dictado sanciones económicas para
restaurar la institucionalidad quebrada y recogida en la Carta
Interamericana, que Washington tanto defiende.
Toda la extensión en el tiempo favorece a los perpetradores de
las violaciones constitucionales en Honduras y ese parece ser el
manejo del Departamento de Estado, el cual tiene como asesor
principal al hombre más embarrado con la sangre centroamericana,
John Dimitri Negroponte.
Las organizaciones populares hondureñas, por su parte, no están
dispuestas a rendir las armas de la protesta a pesar de los
asesinatos cometidos por el régimen de facto.
En esta semana las manifestaciones a favor de Zelaya no se han
detenido en ningún momento, reforzadas internacionalmente por la
condena pronunciada en Sharm el Sheik en la reunión cumbre de los
Países No Alineados, que se suma a las de la Asamblea General de la
ONU, UNASUR, Grupo de Río, la Alianza Bolivariana para los Pueblos
de Nuestra América (ALBA) e incluso el Sistema Integracionista
Centroamericano y la propia OEA.
Normalmente, el régimen golpista debería de haber caído ya, pero
si se mantiene la base militar de Palmerota con cientos de militares
norteamericanos en apoyo a los uniformados que expulsaron a Zelaya,
la embajada de Estados Unidos conserva su embajador y se relaciona
normalmente con los golpistas y Washington insiste en mantener la
ayuda económica que brinda al régimen, Roberto Micheletti y su brazo
armado, Romeo Vásquez, la tarea la tiene que asumir el pueblo
hondureño.
El propósito final es eliminar un eslabón de la cadena de
triunfos que han tenido las fuerzas populares en América Latina con
la elección de gobiernos populares y políticas independientes
centradas en la atención de los problemas sociales y la defensa de
la soberanía.