Micheletti no sólo quedará en la historia del mundo como el
desenterrador de los golpes de estado en pleno siglo XXI sino como
golpista y narcotraficante también.
En reciente entrevista concedida al Diario Las Américas afirmó,
como parte de la campaña difamatoria que desarrolla en contra del
presidente Chávez, que las avionetas con identificación venezolana
que aterrizaban habitualmente en Honduras ya no lo hacen. Con la
toma ilegal del poder constitucional dice que evitó el tráfico de
drogas que tomaba como escala al país hondureño en su tránsito hacia
Estados Unidos.
Sucede que siempre vemos la paja en el ojo ajeno y no en el
propio. En este error incurre el propio Micheletti cuando acusa a
Venezuela de ser un país donde no se toman las medidas pertinentes
contra el narcotráfico y él aparece fichado en los archivos del
Ministerio de Defensa y Seguridad Pública de Honduras como parte de
una lista de narcotraficantes relacionados con el Cartel de
Cali de Colombia, según documento publicado en el portal Cubadebate.
Se presume que dichos antecedentes lo acompañan desde la década
de los 80 cuando
ocupaba un cargo público en Yoro, municipio donde
comenzó su carrera política. Por lo tanto su nombre debe aparecer en
los archivos de la DEA, la agencia norteamericana antidroga. Pero
esta entidad no se ha pronunciado al respecto.
No nos debe asombrar dicho silencio pues es a lo que están
acostumbradas las instituciones norteamericanas cuando se refiere a
tomar posiciones concretas. Si la administración Obama, con
elementos de juicio más que suficientes contra el gobierno golpista
y su principal goriletti se mantiene en el ya inefectivo "si pero
no", por qué la DEA habría de hacerlo. Por eso el Departamento de
Estado norteamericano, según trascendió hoy, estima que
Zelaya debe abstenerse de regresar al país hondureño para no afectar
el proceso de mediación que se desarrolla en Costa Rica a instancias
de Estados Unidos. Acaso esa era la respuesta a la demanda
que se le está haciendo a Norteamérica desde que se produjo el golpe
de estado el 28 de junio pasado. Será qué no podemos pedirle peras
al olmo. Persiste así en su estrategia dilatoria para desgastar la
resistencia del pueblo hondureño.
Del norte también le llegan refuerzos a Micheletti para desviar
la atención sobre su relación con el narcotráfico. Y provienen de
los lugares habituales: el ala más reaccionaria del Congreso
norteamericano, de la mano de los hermanos Mario y Lincoln
Díaz-Balart, quienes tuvieron la desfachatez de insinuar que el
presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, tenía
vinculaciones con el tráfico de estupefacientes. Ya no saben que
argucia inventar, ni con qué moral defenderlas cuando los mismos
hermanos Díaz-Balart tienen un turbio historial de relaciones con
los sectores colombianos que se dedican al lucrativo "negocio" de
los narcóticos.
Está visto: Dios los cría y el diablo los junta, o será el
imperialismo.
Mientras tanto Micheletti, continúa denostando de cuánta persona
o gobierno se le ponga a tiro. Más bien como estrategia para desviar
la atención de su proceder al frente del régimen represivo que
instauró en Honduras tras el golpe de Estado, y como venganza ante
los obstáculos que levantan los países del ALBA con su combate
directo y efectivo contra el tráfico de estupefacientes.