La
Casa Blanca conocía desde hacía meses el golpe que se preparaba en
Honduras, aunque ahora los voceros del Departamento de Estado finjan
una inocencia sorprendida. El actual embajador estadounidense en
Tegucigalpa, Hugo Llorens, lo sabe muy bien: el 12 de septiembre del
2008 llegó al país centroamericano y, nueve días después, el ahora
golpista general Romeo Vásquez declaraba por la emisora HRN que lo
habían buscado "para botar del Gobierno al presidente Manuel Zelaya
Rosales" (www.proceso. hn, 21-9-08). Agregó: "Somos una institución
seria y respetuosa, por lo que respetamos al Señor Presidente como
nuestro Comandante General y nos subordinamos como manda la Ley".
Igualito que Pinochet antes de alzarse contra Salvador Allende.
Cualquier semejanza es apenas obra de la realidad.
El 2 de junio de este año, Hillary Clinton acudió a Honduras para
participar en una reunión de la OEA. Entrevistó a Zelaya y le
manifestó su disconformidad con el referéndum que el mandatario
planeaba llevar a cabo simultáneamente con las próximas elecciones
presidenciales. Funcionarios norteamericanos señalaron que "no
creían que ese plebiscito fuera constitucional" (The New York Times,
30-6-09). Seis días antes del golpe, el diario hondureño La Prensa
informaba que el embajador Llorens se había reunido con políticos
influyentes y jefes militares "para buscar una solución a la crisis"
causada por el referéndum (www.laprensahn. com, 22-6-09). La
"solución" encontrada es notoria.
Es difícil suponer que los mandos militares de Honduras, armados
por el Pentágono y formados en la Escuela de las Américas, que a
tantos dictadores latinoamericanos les enseñó cómo hacerlo, se hayan
movido sin el acuerdo de sus mentores. Por lo demás, los golpistas
no ocultaron las razones de su acto: Zelaya se estaba acercando
demasiado al "comunista" de Chávez, el venezolano más odiado por la
Casa Blanca: en julio del 2008, bajo su mandato, Honduras adhirió a
la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA),
el nuevo "eje del mal" en América Latina. Demasiado, ¿verdad?
Demasiado, sí, porque Honduras es territorio estratégico para el
Pentágono, que desde la base de Soto Cano, donde se estacionan
efectivos de la fuerza aérea y de la infantería estadounidenses, no
solo domina América Central: este verdadero enclave es fundamental
en el esquema militar de EE.UU. para una región rica en recursos
naturales. Aunque nunca tocó los intereses de las corporaciones
extranjeras ni de los dueños locales del poder económico, Zelaya
constituía un peligro de "desestabilización". Cabe señalar que el
referéndum sobre la convocatoria o no de una Asamblea Constituyente
que podría permitir la reelección de Zelaya no era vinculante. Nadie
se molestó en Washington por la reforma constitucional que permitió
en Colombia la reelección de Álvaro Uribe, gran aliado de EE.UU.,
que ni siquiera fue plebiscitada. Es que una cosa es una cosa y otra
cosa es otra cosa.
Los golpistas hondureños son impresentables. El general Romero
Vásquez Velásquez, echado por Zelaya, de regreso con el golpe y
autor del secuestro y expulsión del presidente, fue alojado en la
penitenciaría nacional en 1993 junto con otros diez miembros de una
banda acusada de robar 200 automóviles de lujo (www.elheraldo. hn,
2-2-93). Era entonces mayor del ejército; como general, se dedica a
robar un Gobierno elegido en las urnas. Otro impresentable es el
ministro consejero Billy Joya, que no hace honor a su apellido (o
sí, según se mire): fue jefe de la división táctica del batallón
B3-16, el escuadrón de la muerte hondureño que torturó y
"desapareció" a numerosas personas en los años ochenta. El
"Licenciado Arrazola" —uno de sus alias— es un experto en la
materia: estudió los métodos de las dictaduras argentina y chilena (www.michelcollon.
info, 7-7-09). Son antecedentes conocidos, pese a lo cual, o por eso
mismo, fue elegido para formar parte del régimen golpista, tan
democrático pues.
La represión en Honduras continúa. El jueves de la semana que
pasó fue detenido el padre de Isis Obed Murillo, el joven de 19 años
asesinado por el ejército en el aeropuerto de Tegucigalpa: tuvo la
peregrina idea de exigir públicamente justicia para su hijo (www.wsws.org,
11-7-09). Los salvadores de la democracia expulsaron a periodistas
de Associated Press, desaparecieron de la pantalla al Canal 21 y
efectivos armados ocuparon el canal 36 (Miami Herald, 1-7-09). Es la
concepción de la libertad de prensa que caracteriza a los golpistas.
La Casa Blanca sigue blanda con lo que calificó de "acto ilegal".
Hillary se niega a llamarlo "golpe de Estado" porque eso implicaría
automáticamente el cese de la ayuda económica y militar
estadounidense a Honduras. Las conversaciones sobre un arreglo
pacífico que tienen lugar en Costa Rica, en las que el presidente
Oscar Arias actúa de mediador a pedido de Obama, son una farsa. Pero
tienen un costado importante: entrañan un reconocimiento oficioso
del régimen impuesto. Arias ya anunció que tratará de "presidente"
tanto al golpista Micheletti como al mandatario elegido en las urnas
y depuesto. Esto sí que es ecuanimidad.