La Bastilla 1789:

La mecha que prendió la llama

Elson Concepción Pérez
elson.cp@granma.cip.cu

Vivía Francia en 1789 una época de monarquía que llevaba a la miseria a las masas populares y a los trabajadores; de excesivos impuestos y de contiendas bélicas perdidas.

Tanta ignominia resultó ser la mecha que prendió la llama, cuando unas 50 000 personas se lanzaron a la toma de la fortaleza de la Bastilla en París, el 14 de julio de ese año, hecho que la historia recuerda como el primer gran paso en lo que se llamó la Revolución Francesa.

El pueblo parisino, entonando las notas de La Marsellesa, marcha adoptada luego como Himno Nacional, escribió ese día una página de rebeldía y de exigencia de cambios ante una monarquía que los explotaba.

La fortaleza fue tomada. Su guarnición se rindió, lo que permitió que los sublevados se apoderaran de las municiones allí guarecidas, y con ellas continuar la lucha, enarbolando el estandarte de Libertad, Fraternidad e Igualdad.

Una monarquía incapaz y absoluta vio estremecerse el entramado de su sostén hasta el estallido mayor que fue la Revolución Francesa, cuyo fundamento se enmarcaba en la crisis misma que vivía esa sociedad, en la que la nobleza poseía la quinta parte de las tierras y aun así percibía ingrasos de los campesinos por el cobro de una serie de impuestos.

La Toma de la Bastilla era un aviso claro a la necesidad de poner fin a tanta injusticia.

 

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