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En la Isla de la Juventud
Nace un proyecto de vida
Yaima Puig
Meneses
Gladys y Juan Jesús suman casi medio siglo de vida compartida, de
felicidades, contratiempos y nostalgias... Tantos recuerdos hacen
pensar que ya nada pudiera sorprenderlos; pero la historia que
rememoran demuestra lo contrario.
Mayoritariamente
los pacientes que asisten a la consulta de Inmunología son niños.
Para ellos la doctora Bárbara siempre tiene una sonrisa.
"Yo creí que lo había visto todo", cuenta Gladys y sonríe
mientras busca las palabras perfectas para transmitir sus recuerdos.
"Si le digo que mi esposo estuvo al borde de la muerte hace unos
meses, no me lo cree; hoy parece un hombre nuevo gracias a este
programa"
Juan Jesús sufre serios problemas prostáticos hace años, para los
cuales no había encontrado solución en el municipio Isla de la
Juventud, territorio donde viven, distante a 110 kilómetros del
habanero poblado de Batabanó, a 30 minutos de vuelo o a tres horas
de navegación por mar en catamarán.
Su caso se incluye entre los muchos pacientes que únicamente en
instituciones de la capital cubana pueden encontrar tratamiento.
Ahora el proceso resulta menos engorroso para los enfermos y sus
familiares. Tres meses atrás se inició un programa médico dedicado a
la atención de los más de 86 000 habitantes del municipio especial,
para aliviar la necesidad de especialistas de este territorio de
nuestra geografía.
Cada viernes un grupo de reconocidos doctores de diferentes
instituciones, lideradas por el hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos
Ameijeiras, acuden al encuentro de sus pacientes en la Isla.
Alrededor de ellos se entreteje una historia que revela un
sentimiento tan humano como es la solidaridad entre los hombres.
DESAFÍO DE VIERNES
El amanecer los sorprende camino al aeropuerto. Ante ellos se
interponen obstáculos que no diezman su espíritu: poco importan el
retraso de la aeronave, el sueño, las consultas pendientes o las
preocupaciones familiares dejadas junto a la almohada; vuelan al
encuentro de quienes los esperan del otro lado del mar.
Por
medio de las diferentes consultas también se intercambian criterios
entre los especialistas.
"Nosotros no reparamos en condiciones; lo importante es llegar a
los pacientes, trabajar, ganarnos su confianza. En la consulta a
veces se hacen colas extensas —principalmente en especialidades como
la mía, de la cual no hay ningún médico en la Isla—, pero tenemos
tiempo para todos", confiesa Nelsa Casas, reumatóloga del Hermanos
Ameijeiras.
A ella la descubrí en el aeropuerto, exhausta tras horas de
estudio, atender a la familia y prepararse para este viaje. ¡Vaya
constancia y motivación por esta obra que adiciona a sus tareas
cotidianas!
Reynaldo Infante, especialista en Urología, participa del
proyecto desde el primer momento. "Constituye una de mis mayores
satisfacciones profesionales y humanas. Colaborar en otros países es
magnífico, pero nada se compara con ayudar a tu propia gente. Me he
sentido muy útil; realmente la Isla necesitaba una atención
diferenciada".
"Sin embargo, nada tan bello como mirar el rostro de la gente;
lees tantos agradecimientos que a veces te preguntas ¿Seré capaz de
hacer más? Y creo que sí: cada viernes representa otro desafío, otro
estímulo para trabajar con mayor dedicación."
Por eso, los pineros admiran la sencillez de estos hombres y
mujeres, su sensibilidad, la modestia y entrega con la que han
asumido el proyecto del cual se vuelven cada vez más protagonistas.
"Desde el punto de vista humano, es lo mismo que hacemos en
cualquier parte del mundo", asegura Yoan Gutiérrez, especialista en
Gastroenterología.
Este joven, con apenas siete años de graduado, se enorgullece de
haber brindado su apoyo en países como Haití y Venezuela. La nueva
tarea no lo toma por sorpresa; lo compromete a esforzarse más: "Si
mis compañeros confiaron en mí, no puedo defraudarlos".
"Hay quienes dicen que cumplimos misiones en otros países, pero
que no nos gusta tratar a nuestros propios enfermos. Y no es cierto;
mírenos, aquí estamos, en un municipio cubano al que vendremos
mientras el pueblo lo necesite, sin límite de tiempo, sin
condiciones."
Con él coinciden Ana, Newton, Ramón, Yusaima, Juan Antonio... , y
muchos otros que cada viernes escriben esta historia con
experiencia, profesionalidad, sentido del deber, y el cariño que
entre ellos nace y cobra fuerzas.
VALOR DE UNA SONRISA
Cada visita de viernes imprime nuevas energías al proyecto.
Satisface conversar con los pacientes, con la población pinera:
hablan de su gratitud hacia los galenos llegados de la Isla grande.
"Los esperamos con los brazos abiertos. Es tan humano cuanto
hacen por nosotros que nunca podremos dejar de agradecerles; siempre
están dispuestos, y sobre todo, tienen una sonrisa a mano para
calmarnos", manifiesta Cruz Pileta, quien recibe tratamiento en la
consulta de Gastroenterología.
Alba Rives, paciente de reumatología, a veces se pregunta: "De
dónde sacan tanto sosiego y sensibilidad para atendernos a todos,
sin malos tratos, sin alterarse... y eso que en ocasiones los
pacientes somos un poco indisciplinados".
"El cariño resulta fundamental. Para curar, hay que
sensibilizarse, compenetrarse; si el paciente no se siente querido,
respetado, no confiará verdaderamente en nosotros. Y los resultados,
por mucho que nos esforcemos, no podrán ser igual de
satisfactorios", opina Bárbara Torres, especialista del Centro
Nacional de Genética Médica.
También cuando acuden a la capital reciben una esmerada atención:
"Treinta y cinco días estuve ingresado en el hospital Hermanos
Ameijeiras, y no tengo quejas. Todos se preocuparon por nosotros, lo
mismo de una especialidad que de otra, y eso significa mucho",
rememora Juan Jesús.
Las favorables opiniones que expresa la población no son
casuales, reconoce Ana Isa Delgado, primera secretaria del Partido
en el municipio. "Ellos se han ganado, con el trabajo constante, el
reconocimiento infinito del pueblo de la Isla. A su magnífica labor
como especialistas unen la sencillez, la modestia y el altruismo por
lo que resulta prácticamente imposible no agradecerles, no
quererles".
MÁS ALLÁ DE LA CONSULTA
La estancia de los especialistas suele ser aprovechada, además,
para establecer análisis y estudios de casos particulares, más allá
de las consultas o tratamientos especiales que brindan. "No siempre
es posible valorar a un paciente en equipo; ahora podemos hacerlo, y
se promueve también la docencia y la actividad científica", reconoce
Belkis Aponte, especialista en Medicina Interna del territorio
anfitrión.
"Con esta experiencia ganamos todos. Antes existía el vínculo;
mas ahora podemos establecer mejores relaciones y resultados",
explica el neurólogo Luis Enrique González.
En este municipio, muchos trabajan arduamente para que el
engranaje necesario funcione bien: personas, organismos,
instituciones. "Demanda un esfuerzo adicional, pero sabemos que
ellos también lo hacen sin poner pretextos", asegura Osvaldo
Castellanos, director de Salud en la Isla.
Detalles profundamente humanos tornan más impresionante la
experiencia. "Si no fuéramos tan unidos, no pudiéramos
enorgullecernos de los resultados; muchos de nosotros nunca nos
habíamos visto, y ahora somos una gran familia", subraya la
genetista Alicia Martínez.
Crece así una singular historia, capaz de conmovernos por medio
de hombres y mujeres comunes, solo que aún más humanos, satisfechos
de que cada viernes muchos como Gladys, Juan Jesús, Ada, Humberto o
Lia los reciban también con su mejor sonrisa.
Programa para formar
especialistas La
experiencia surgió hace tres meses como apoyo al déficit de
especialistas que tiene en la actualidad el municipio, afirma
Osvaldo Castellanos, director de Salud en la Isla.
“El municipio desarrolla un programa para la formación de
especialistas. Con ese objetivo, el Ministerio de Salud pública ha
ofertado excepcionalmente la posibilidad de que accedan por vía
directa. |