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Agujeros en la economía
La fábula de los almacenes
Muchos de los recursos que necesita el país
permanecen inutilizados en almacenes de empresas y organismos
Ortelio
González Martínez
CIEGO DE ÁVILA. — Si María Cristina Hernández tuviera el poder
del Rey Midas la hubiera emprendido a toques con cada uno de los
estantes que soportan los inventarios ociosos de la Empresa
Azucarera Ciro Redondo, donde es auditora.
Es
difícil saber con exactitud cuánto hay encerrado en los almacenes.
Igual hubiera hecho su homóloga Rebeca Calvo Artime, no para
convertir en oro, sino en algo útil los más de 1 800 renglones de
lento o nulo movimiento, guardados como tesoros añosos en los
anaqueles del almacén, que deben supervisar, al menos, una vez al
año.
CAPRICHOS OCIOSOS
La imaginación se espanta cuando aparece la realidad: ¡64! hojas
de inventario de productos ociosos que, en su conjunto, totalizan
397 472 pesos, solo en esa entidad, por cierto una de las mejores
del territorio en el tema.
Cuando se abren las puertas del almacén, un anuncio golpea la
mirada: "Repuesto del sistema de frenaje Westinghouse". Dice
Guillermo López Cabrera, recibidor de mercancía desde hace 26 años,
que eran para una locomotora pequeña que funcionó en el central.
A la derecha, sorprende otro cartel: "Repuesto de centrífuga de
la RDA", en alusión al país europeo que dejó de existir con el
derrumbe del muro de Berlín. Y así se muestran cientos de productos
que costaron miles de dólares. Están a la vista, pero inmovilizados.
No importa que haya el debido control. Encerrados permanecen
desde contactos para motores eléctricos, valorados en 20 centavos,
hasta un buje que se cotiza a más de 11 000 pesos.
Germán Rodríguez Álvarez, jefe de almacén, asevera que lo que no
se exhibe no se vende. Y es que la mayoría de esas piezas y
agregados permanecen puertas adentro desde hace años. Lo
contraproducente es que pueden ser útiles a otras empresas.
Pone el ejemplo de un central de la provincia de Las Tunas que
iba a ser beneficiado con un reductor que ellos poseían, pero con el
reordenamiento de la Industria Azucarera todo quedó en el intento.
Y sale a colación otro acto: "Hace poco, muchas picadoras para
alistar las tierras de nuestras unidades productivas estuvieron
paralizadas por falta de los rolletes 32-212, y yo los tenía aquí."
A pura gestión personal, Germán, curtido en cuestiones de
almacenes, mandó a buscar a los jefes de Mecanización y compradoras
de dichas unidades. Logró vender varios rodamientos y los
cultivadores volvieron a la vida útil. Pudieran haber otros ejemplos
positivos, pero serían solo curitas en la llaga del universo de
cuanto hoy está encerrado en disímiles lugares del país.
Yorvany Espinosa Pérez, director de la empresa avileña CIEGOPLAST,
afirma que a su entidad le viene como anillo al dedo la cuestión de
los productos ociosos, pero sin tenerlos en sus almacenes, claro
está.
Hace unos meses encontró en la Ciro Redondo unos 200 rodamientos
para las cajas reductoras de las líneas. "Me costaron una bagatela,
en moneda nacional. De haberlos adquirido en el mercado exterior, el
país hubiera desembolsado unos 5 000 dólares. También hemos comprado
piezas ociosas en la papelera de Jatibonico, y en PLASTIMEC, en
Cienfuegos.
SEÑALES DESDE EL PASADO
Todos los especialistas a quienes Granma pidió opiniones
coincidieron en que el asunto se las trae y no es de tiempos
actuales. Desde hace años tintinea en el oído de muchos, pero con la
misma rapidez con que entra, sale. Sin dar la última palabra, hablan
de agujeros que dañan a la empresa estatal socialista y a la
economía del país.
Pablo Fontirroche Escobar, un economista con más de 30 años de
experiencia en el sector, expone su criterio: "Por largo tiempo, la
economía cubana se acostumbró a vivir de lo material, cuando todo
llegaba por la canalita, en cantidades superiores, incluso, a lo que
realmente necesitábamos. Fue una época en que la mentalidad material
predominaba por sobre la financiera.
"También hubo exceso de centralización a la hora de adquirir y
repartir los recursos, en ocasiones sin tener en cuenta las
necesidades reales. Mientras más abarrotado tenía el almacén
determinada empresa u organismo, más poderoso era. Los inventarios
inmovilizados pueden prestarse para alimentar el mercado negro y
hechos delictivos.
"Esos recursos guardados nos ayudaron cuando colapsó el campo
socialista, con el cual manteníamos el 85% de nuestro comercio, pero
los tiempos cambiaron y hoy es obligado pensar en las finanzas."
María Lucía Herrera de Hombre, directora de la Consultoría
Económica de la sucursal de CANEC en Ciego de Ávila, precisa: Los
cambios, comenzaron después del V Congreso del Partido, cuando
empezó a exigirse por la eficiencia económica, y por la racionalidad
en la utilización de los recursos. Es una realidad de que en los
almacenes existen muchos productos utilizables que sustituyen
importaciones y alivian carencias.
COPLER NO ACOPLA
La Empresa Comercializadora de Recursos Ociosos y de Lento
Movimiento (COPLER) es la encargada de "la comercialización
mayorista y minorista, en moneda nacional, de los productos ociosos
y de lento movimiento, tanto los que se encuentran almacenados en
las entidades del país, como los materiales y enseres dados de baja,
decomisados o en abandono en puertos y aeropuertos", según la
Resolución 622 del 15 de enero de 2005, del Ministerio de Economía y
Planificación.
El propio documento añade que: "La actividad de la empresa COPLER
estará vinculada a la liquidez de la población y al saneamiento
financiero, realizando estudios de mercado, vigilando el consumo y
controlando los inventarios y la realización de las mercancías hasta
el consumidor final."
Eso es parte de la Resolución escrita. La realidad es bien
distinta. Al menos eso comprobó Granma en Ciego de Ávila.
Muchos nudos tiene la madeja y toda la culpa no es de COPLER,
entidad obligada a tener mayor protagonismo si se quiere movilizar
los inventarios ociosos.
El ingeniero agrónomo Jorge Ignacio Vidaurreta Valdés, director
de la Empresa Comercializadora y de Servicios de Productos
Universales, y de la actividad de COPLER, llama la atención sobre un
problema soluble. Asevera que las empresas están obligadas a
declarar a COPLER los recursos ociosos y la mayoría no lo hace, como
lo demuestra el hecho de que de las 137 entidades visitadas en lo
que va de año, solo 21 han revelado productos ociosos, por un valor
de un millón 300 000 pesos, cifra irrisoria de acuerdo con el
verdadero potencial encerrado.
Si se quiere emprender una acción urgente, lo más lógico sería
que COPLER disponga de una base de datos automatizada, que permita
la clasificación y reordenamiento de este tipo de inventario: dónde
están y quién los tiene, de manera tal que desde cualquier provincia
se tenga acceso a ellos, para no incurrir en excesivos gastos de
recursos a la hora de encontrarlos.
Para desatar los nudos se requiere, además, de tiendas
especializadas que pertenezcan a la propia empresa comercializadora
y no al Mercado Artesanal e Industrial de Comercio, como sucede en
el país. Sería una manera de mostrar los surtidos y de que la
población acuda a esa tienda cuando los necesite.
En el caso de la venta de productos ociosos y de lento movimiento
deben primar las necesidades de la población y de las entidades
jurídicas por sobre la mentalidad mercantilista. Tal vez eso
contribuya a la disminución de los precios, bien elevados, según
constató este medio de prensa en la tienda La Perla, en la ciudad de
Ciego de Ávila.
Hoy se benefician de esa venta las Empresas Minoristas de
Comercio, la propia COPLER, la Empresa Comercializadora y de
Servicios de Productos Universales, y la ONAT. ¿No serán demasiados
clientes en busca del beneficio monetario?
¿DE QUIÉN ES LA CULPA?
En la danza de los millones, y un poco más acá, incluso, el país
compró más a toda costa que a todo costo. La economía cubana pendió,
por mucho, de suministros exteriores.
No se trata ahora de enjuiciar culpables. Lo cierto es que
hicieron daño los cambios tecnológicos, las compras indebidas y las
mentalidades burocráticas, consumistas e importadoras de muchos
empresarios y funcionarios administrativos.
Es para ruborizarse cuando sale a la palestra, por ejemplo, que
solo en una muestra de 15 empresas de cinco organismos de la
provincia avileña, la lista de inventarios ociosos en almacenes
llega a cientos de renglones, valorados en más de tres millones de
pesos. ¿A cuánto ascenderán ambas cifras en las demás entidades del
territorio o del país? Eso nadie lo sabe. La realidad debe superar a
la imaginación. |