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Micheletti: ¿Quién puede dormir así?

LÁZARO BLANCO

Roberto Micheletti o El Usurpador, como se le ha comenzado a llamar, no logra conciliar el sueño. Se le ve moverse en ocasiones con torpeza, dicen algunos. Se irrita y atemoriza antes quienes disienten, aseguran otros, profiere improperios a la prensa y crispa los puños en ademán desafiante cuando a alguien se le escapa en su presencia la palabra golpista… ahora y para colmo, hasta había amenazado con no asistir al encuentro mediador de San José, Costa Rica, aceptado por el presidente Oscar Arias.

Pero en lo cierto a Micheletti habría que entenderlo: Soportar sobre sus hombros la pesada carga de la opinión pública mundial, de más de 6 mil millones de terrícolas en su contra, no debe ser tarea fácil justo en el preámbulo de sus mal llevados 61 almanaques, que habrá de cumplir el mes que viene.

En tan poco espacio, debe cargar Micheletti el espectro del cadáver del joven Isy Obed Murillo Mencía, asesinado vilmente en las inmediaciones del aeropuerto de Toncontín el domingo último, tal vez por quienes respondieron a las mismas ordenes y con las mismas balas con las que fue atacado a tiros en San Pedro Sula, en septiembre del 2008 el Fiscal Luís Javier Santos, por el hecho de haber emprendido un movimiento contra la corrupción.

Sobre los hombros de tan brillante discípulo de Augusto Pinochet, dueño de redes del transporte interurbano en Honduras y de una emisora radial, según medios alternativos, penden 30 años de insensatez política en los que de manera solapadamente curiosa se las ha agenciado para reelegirse como legislador y asume las "justicia" por sus manos autoproclamándose paladín de la democracia cuando el presidente constitucional Manuel Zelaya, durante su mandato de 4 años apenas insinúa una consulta popular.

Micheletti, por si a alguien le quedaran dudas, fue acusado de ofrecer dinero a funcionarios del poder judicial y del tribunal supremo electoral durante los comicios internos del Partido Liberal en los que se proponía optar por la candidatura a la presidencia del país centroamericano, según revelaron en el momento algunos medios de prensa locales.

La baja catadura moral de esta ave de rapiña, condenada de ante mano al basurero de la historia, se evidencia aún más cuando exacerba en los militares el rencor y el odio.

La militarización en honduras ha sido siempre un tema álgido capaz de generar fuertes tensiones. Aun recuerdo las que surgieron tras las anunciadas promesas de desmilitarización hechas por el gobierno de Carlos Roberto Reina, por allá por la mitad de la década de los 90. El Usurpador lo sabe y por eso mueve hábilmente esos hilos y urde la trama desde el sillón de gobierno que mancilla con sus posaderas.

No hay dudas de que el desprestigio del Goriletti, como tan acertadamente lo llamó Chávez, está reñido con la hidalguía histórica con la que el general hondureño Francisco Morazán, legó a Centroamérica y al mundo hermosos pasajes de heroísmo y resistencia que le valieron a José Martí, el apóstol de la independencia de Cuba, para escribir sobre él: Fue un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, el único, quizás que haya producido la América Central.

Y este otro peso, el de la historia se debe multiplicar con creces sobre los hombros del monstruoso gorila cada vez que el reloj completa la hora 24. ¿Quién puede dormir así?.

 

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