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coproducción italocubana que ve la luz bajo el sello piamontés
Liberlab, reúne reproducciones de obras de un pintor esencial tanto
para la visualidad insular como para los caminos recorridos por una
zona de la vanguardia europea de entreguerras. La edición cuenta con
palabras introductorias de Gianni Oliva, director de Cultura de la
región del Piamonte, y de Luz Merino, subdirectora del Museo
Nacional de Bellas Artes, en tanto la selección de las obras,
cronología y bibliografía corrió a cargo de Ramón Vázquez.
Libro que es en sí mismo una obra de arte, sus páginas nos
acercan al legado de Pogolotti (pintura y dibujo) resguardado por el
Museo Nacional de Bellas Artes, otras instituciones y colecciones
particulares, así como a las ricas piezas de la colección de
Graziella Pogolotti, hija del artista, en quien reconocemos a una de
las intelectuales más lúcidas y aportadoras del último medio siglo
cubano.
Justamente Graziella orienta, con su enjundioso ensayo
introductorio, las coordenadas para una lectura rigurosa del
repertorio artístico de su progenitor. No se trata solamente del
privilegio único de quien asistió como testigo consciente a las
faenas artísticas del pintor, sino de un extraordinario ejercicio de
lucidez que nos permite entender al artista y a la época.
No es tampoco fortuito el hecho de que la portada reproduzca
El hombre de hierro (1931) y la contraportada El plan
(1934). El primero es un gouache en el que la estética futurista se
radicaliza. Por los días en que Pogolotti crea la obra, Alejo
Carpentier, con su ojo entrenado y su agudeza conceptual, escribe
que Pogolotti, radicado a la sazón en Italia, es
A el pintor de técnica e
ideas más avanzadas que haya producido nuestro país hasta ahora@
. La segunda obra fue exhibida en el Segundo Salón de la Asociación
de Escritores y Artistas Revolucionarios, en París, espacio que
compartió con Giacometti, Labisse y Leger entre otros creadores que
ganarían celebridad. El planteamiento social es aún mucho más
fuerte: la lucha de clases se transparenta en la vigorosa
composición de elementos visuales.
Alfa y omega de la creación de Pogolotti lo fueron el afán por
renovar el lenguaje plástico y el interés por situar el arte en
función de la emancipación humana. Pogolotti supo resolver las
tensiones entre lo artístico y lo conceptual, entre la anticipación
estética y la premonición revolucionaria.
Es por eso que este libro, presentado en el Hemiciclo del
Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes en la
tarde de ayer jueves, puede y debe ser útil para todos aquellos que
gusten del buen arte y se interesen por las obras medulares en las
artes plásticas. Tras su lectura es válido afirmar que Pogolotti
viajó del futurismo a la futuridad.