La permanente futuridad de Marcelo Pogolotti

VIRGINIA ALBERDI BENITEZ

La más elocuente evidencia de las anticipaciones y el compromiso de Marcelo Pogolotti con el arte, entendido este como revelación de las ansiedades del hombre, se halla reflejada en las páginas de un libro que seguramente hará época.

Portada del libro con la obra El hombre de hierro,1931.

Marcelo Pogolotti, un aventurero de la modernidad, coproducción italocubana que ve la luz bajo el sello piamontés Liberlab, reúne reproducciones de obras de un pintor esencial tanto para la visualidad insular como para los caminos recorridos por una zona de la vanguardia europea de entreguerras. La edición cuenta con palabras introductorias de Gianni Oliva, director de Cultura de la región del Piamonte, y de Luz Merino, subdirectora del Museo Nacional de Bellas Artes, en tanto la selección de las obras, cronología y bibliografía corrió a cargo de Ramón Vázquez.

Libro que es en sí mismo una obra de arte, sus páginas nos acercan al legado de Pogolotti (pintura y dibujo) resguardado por el Museo Nacional de Bellas Artes, otras instituciones y colecciones particulares, así como a las ricas piezas de la colección de Graziella Pogolotti, hija del artista, en quien reconocemos a una de las intelectuales más lúcidas y aportadoras del último medio siglo cubano.

Justamente Graziella orienta, con su enjundioso ensayo introductorio, las coordenadas para una lectura rigurosa del repertorio artístico de su progenitor. No se trata solamente del privilegio único de quien asistió como testigo consciente a las faenas artísticas del pintor, sino de un extraordinario ejercicio de lucidez que nos permite entender al artista y a la época.

No es tampoco fortuito el hecho de que la portada reproduzca El hombre de hierro (1931) y la contraportada El plan (1934). El primero es un gouache en el que la estética futurista se radicaliza. Por los días en que Pogolotti crea la obra, Alejo Carpentier, con su ojo entrenado y su agudeza conceptual, escribe que Pogolotti, radicado a la sazón en Italia, es A el pintor de técnica e ideas más avanzadas que haya producido nuestro país hasta ahora@ . La segunda obra fue exhibida en el Segundo Salón de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios, en París, espacio que compartió con Giacometti, Labisse y Leger entre otros creadores que ganarían celebridad. El planteamiento social es aún mucho más fuerte: la lucha de clases se transparenta en la vigorosa composición de elementos visuales.

Alfa y omega de la creación de Pogolotti lo fueron el afán por renovar el lenguaje plástico y el interés por situar el arte en función de la emancipación humana. Pogolotti supo resolver las tensiones entre lo artístico y lo conceptual, entre la anticipación estética y la premonición revolucionaria.

Es por eso que este libro, presentado en el Hemiciclo del Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes en la tarde de ayer jueves, puede y debe ser útil para todos aquellos que gusten del buen arte y se interesen por las obras medulares en las artes plásticas. Tras su lectura es válido afirmar que Pogolotti viajó del futurismo a la futuridad.

 

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