Un estudio sobre la opción de usar la morera como planta
forrajera para la alimentación animal rindió buenos resultados en la
provincia cubana de Las Tunas, afectada tradicionalmente por una
pertinaz sequía.
El experimento se realizó con cuatro variedades de ese pequeño
árbol, cuyo nombre científico es Morus alba y tiene la facultad de
adaptarse a distintas condiciones climáticas, por lo que se cultiva
en casi todo el mundo.
Jorge Fernández Olano, máster en Ciencias y autor principal de la
experiencia, explicó a la AIN que ésta se ejecutó mediante la
siembra de las variedades de morera conocidas como Tigrada, Betty,
Criolla y Acorazonada.
Este estudio posibilitó determinar el potencial de producción de
forrajes de esta planta, de alto contenido proteico, bajo las
condiciones edafoclimáticas de la provincia tunera, ubicada a unos
670 kilómetros al este de La Habana.
También se analizaron la adaptación y persistencia de cada una de
las cuatro variedades ante condiciones de pastoreo con vacas
lecheras, y se probó con resultados satisfactorios el uso de la
harina de morera como materia prima en la alimentación de conejos,
aves, ovinos y caprinos.
Los investigadores comprobaron, además, que la variedad Tigrada
es la que rinde mayores volúmenes de forraje, mientras la Betty
resultó la de más alto porcentaje de supervivencia.
Consultado al respecto por la AIN, el ingeniero Manuel Meriño,
con más de 30 años de experiencia en la ganadería, comentó que, por
su alto contenido proteico (más de un 20 por ciento), la morera es
un buen complemento de la alimentación tradicional que se suministra
a los vacunos y otras especies.
Su uso como forraje, en el pastoreo y en la fabricación de
piensos, constituye una alternativa más ante la necesidad de mejorar
la alimentación animal en los actuales momentos, cuando la crisis
económica mundial provoca escasez y encarecimiento de los piensos en
el mercado internacional.