Empeñados en cultivar la inteligencia

Joel Mayor Lorán
Joel@granma.cip.cu

Juegos que le apremiaban a emplear la lógica. Esos eran los mejores juguetes del pequeño Reinaldo Gil. Como tuvo talento desde niño, aquellos desafíos le divertían. Nunca renunció a prueba alguna, aunque cada vez fueran más complejas. Un día del año 2008, el reto consistió en vencer la Olimpiada Centroamericana y del Caribe de Matemáticas, en Honduras. Y obtuvo medalla de oro.

Foto: Ismael BatistaAlumnos talentosos y sus profesores han decidido cultivar la inteligencia en el movimiento de las Olimpiadas de conocimientos. En la imagen: Reinaldo Gil y el profesor Mario Díaz.

Por derecho ganado con sus cálculos, ahora el jovencito santiaguero es miembro una vez más de la delegación cubana a estos eventos.

Sus padres imparten Ciencias de la Computación (más conocida como Cibernética) en la Universidad de Oriente; ambos son Doctores en Ciencias. Ellos no solo le procuraron diversiones desafiantes, sino que, además, le enseñaron a sumar y restar antes de entrar a la escuela.

"A mí me gustaba. Por supuesto, también tenía otros juguetes, pero mis preferidos fueron los que me hacían pensar, como los rompecabezas y otros que me obligaban incluso a sumar. Por la tarde, al llegar del trabajo, mi mamá se sentaba conmigo; tal vez descubrió que traía las Matemáticas en los genes."

—Si ya sabías sumar y restar, ¿no te aburrieron entonces las operaciones sencillas de las clases en primaria?

"Afortunadamente, desde primer grado aparecieron los concursos, así pude satisfacer mis necesidades de aprender más de lo que recibes usualmente en el aula. Sin embargo, solo llegaba al nivel municipal; los resultados no fueron tan buenos hasta quinto grado, pues el concurso incluía Español e Historia."

—¿Eran un problema para ti?

"Antes no me gustaba redactar. Pero me he dado cuenta de que no se puede saber solo Matemáticas. Claro, me cuesta más trabajo escribir. Y la Historia me atrae; necesitas tener una noción de lo que ha pasado; te ayuda también en tu preparación política."

Lo cierto es que —como corresponde— a partir de quinto, cada asignatura tuvo su propio concurso, y Reinaldo comenzó a acumular oros en Matemáticas a nivel provincial cada año, e incluso en los certámenes nacionales cuando estaba en séptimo, noveno, décimo y onceno grados. Al entrar al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, lo convocaron a la preselección.

—¿Es un privilegio tener talento?

"Mucho más: es también el deber de ser útil a los demás. Si uno percibe que posee inteligencia, sería un derroche desperdiciarla en lugar de ponerla a favor del bienestar de la sociedad."

—Ir en busca de una medalla en Olimpiadas puede alejarte de tu vida cotidiana.

"Requiere un estudio intenso. Es un nivel muy exigente; los concursos te sorprenden con nuevos tipos de ejercicios. A veces hasta te obliga a abstraerte del mundo. Pero, habitualmente, trato de evitar que me aleje de la vida cotidiana; de salir con mis amigos a conversar; ver documentales, noticieros y series en la televisión; escuchar música (principalmente, rock)."

Estos días serán de esos en que no dejará descansar sus neuronas, porque les pedirá el máximo de rendimiento. Muy próximas en el horizonte, están las Olimpiadas.

ENCENDER NUEVAS LUCES

También para su profesor Mario Díaz, uno de los entrenadores del equipo, serán arduas las jornadas previas a las competencias. Él no solo se declara defensor de este movimiento, sino de tornarlo masivo, pues "aviva el interés por las ciencias: las propias Matemáticas contribuyen al pensamiento analítico, al razonamiento...

"Mientras más personas sigan ese camino, mejor. Y cuantos más participen, mayor será la cantera para las Olimpiadas internacionales. Solo falta elevar la masividad: desde la escuela, en la primaria, no esperar que lleguen al preuniversitario. ¿Quién dice que medir sus conocimientos no los motiva, si el 50% de los estudiantes intervino este curso en las Olimpiadas Populares?"

Lo garantiza alguien más que calificado, por los años de entrenamiento a las preselecciones, por ser fundador de los IPVCE... y porque antes de ganar tanto prestigio inició su labor apenas como maestro suplente.

"Tan pronto terminé la secundaria, me llamaron al Servicio Militar. Luego, cuando ya había comenzado a trabajar, me enteré de un curso para hacerse maestro, y a los dos meses me ubicaron como sustituto en una secundaria básica. Era el año 1968."

Desde luego, Mario era muy bueno para los números. Muchacho al fin, cuando los adultos plantaban el dominó, no lo dejaban jugar. Entonces, se dedicaba a anotar; adquirió gran habilidad contando. Fue monitor de Matemáticas, incluso su maestro le propuso ayudar a otros alumnos que se presentarían a las pruebas para ingresar al pre. Y en 1980 comienza el entrenamiento para Olimpiadas.

—¿Considera que su trabajo ha sido cultivar inteligencias?

"Más bien orientar al alumno hacia ese cultivo; los muchachos son inteligentes. Hay quienes les preocupa que sus estudiantes sepan más que ellos; ojalá todos los de mi aula supieran más que yo. Ese es el objetivo; los jóvenes son el futuro. No me daría pena, sino orgullo.

"Yo solo he de dominar cuanta materia enseño. Me llena de satisfacción enterarme de que un alumno mío es Doctor en Ciencias. Ese es el verdadero paso por la vida: dejar una huella".

De cualquier modo, alumnos como Reinaldo, Ernesto Aguilar, Luis Miguel Gato, Ramón Reyes, Rody Lorenzo... y profesores como Mario, Luis Guerra, Nilda Delgado, Frank Rodríguez... han decidido unir fuerzas para cultivar la inteligencia, para descubrir y encender cuanta luz sea capaz de dar el talento.

 

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