Ante
el Tribunal Supremo, que es el de la historia, yo acuso de traición
a la Patria a quienes, de distintas formas, han participado en el
golpe que viene de perpetrarse contra José M. Zelaya, a quien
Honduras eligió para presidirlo por cuatro años y a quien
unánimemente respalda la comunidad de las naciones.
Acuso a Romeo Vásquez Velásquez —quien se impostó, hasta las
últimas horas de su mandato legítimo, como amigo del Presidente y
soldado disciplinado— de haber planeado y ejecutado este golpe
traidor y violento, conjuntamente con los generales del Estado
Mayor, instrumentando a un Congreso títere y las instituciones que
dependen de él. (...)
Acuso a su cómplice Carlos Flores Facussé, de haber ideado el
golpe y conspirado con y alentado a las fuerzas golpistas como antes
de él, hizo su padre otrora, por haber fraguado desde hace meses
(...) la campaña publicitaria dirigida a amplias capas de la opinión
pública ingenua, contratando en Miami a expertos sobre guerra
sicológica, para bombardear a la población con mensajes
oscurantistas, falsedades repetidas mil veces y fabricaciones,
valiéndose de la ignorancia y la ingenuidad que genera el sistema,
en una campaña de desprestigio del gobierno y de intimidación (...).
Acuso, ante esa instancia superior de la posteridad y la
historia, a estos jueces prevaricadores, que siguieron las
instrucciones de sus amos y padrinos políticos para producir fallos
inicuos y ridículos, que traicionan la representación del Estado,
inventan sentencias para encubrir sus crímenes y un nuevo tipo de
delito que se pudieran cometer hipotéticamente en el futuro, que
pretenden vedarle al pueblo su derecho a la libre expresión e
intervienen en el Poder Ejecutivo.
A los empresarios de las organizaciones patronales COHEP, CCIC,
ANDI, FENAGH que, pese a que parte de su membresía (me incluyo)
disiente, le quieren dar una pretendida legitimidad al golpe; y que
invocan la democracia y la legalidad y la paz social en el momento
de promover un golpe que da al traste con las condiciones necesarias
para defender esas banderas. Que inducen la manipulación de la
opinión pública, obligando a sus empleados a marchar para Micheletti
y que han confesado (doy fe) estar financiando grupos de choque,
provocadores, para infiltrar y desarticular manifestaciones en
defensa del único gobierno legítimo, y así justificar su represión.
(...)
Acuso a los periodistas que se han convertido en cómplices de
crímenes contra la república, demostrando al final su cinismo, no
cuando adoptan una posición (a la que tendrían todo derecho) si no
cuando —sistemáticamente— manipulan los hechos que es su obligación
transmitir con objetividad, cuando los ocultan o los inventan y
cuando sesgan sus reportajes para glosar los actos más viles de los
golpistas y denigrar aun las intenciones más nobles del movimiento
popular, incitando a la irracionalidad y al golpe, como han hecho
varios de los más connotados. (...)
Acuso a esos "apóstoles" inventados, falsos profetas y pistores
en vez de pastores que invocaron en vano el nombre de Dios en contra
de una propuesta cívica de reforma social, de democratización y
moralización de la sociedad hondureña, que han querido politizar los
símbolos sagrados y que ampararon y bendijeron a las fuerzas más
oscuras y corruptas y violentas; que manipularon a sus feligresías y
después justificaron el golpe y la represión y que ahora nos piden
que prevengamos un "baño de sangre", como si los armados no fueran
sus tropas. (...)
También acuso de traición a esa gente de cabeza hueca de nuestra
clase media, que le dio cuerda a estas mentiras y colocó su
tranquilidad pequeño burguesa por encima de los principios que les
enseñaron sus mayores, de justicia y decencia y sensibilidad con el
sufrimiento del más humilde. Y que le ha servido de carne de cañón
mediática, de bálsamo e incienso al golpista usurpador. No olvide
nadie su infamia de sepulcro blanqueado, su condición de bestia
apocalíptica disfrazada con piel de oveja, su perversidad que finge
inocencia. No los perdonemos ni a sus sucesores por tres
generaciones, para que la memoria de su maldad escarmiente.
(Fragmentos. Tomado de Cubadebate)
* Ministro de Cultura del Gobierno del presidente constitucional
Manuel Zelaya