Estados Unidos suprime la cuota azucarera cubana

La puñalada económica como Ley

Ernesto Limia Díaz*

El miércoles 6 de julio de 1960, el presidente Dwight David Eisenhower (1953-1961) anunció que Estados Unidos no compraría las 700 000 toneladas de azúcar cubano que restaban de la cuota asignada para ese año en virtud de la Ley de Azúcar de 1956. Para justificar su decisión argumentó que el gobierno de la Isla había asumido compromisos con el bloque socialista y no podría garantizar el abasto que requería el mercado norteamericano. La medida representaba una pérdida de unos ochenta y siete millones de dólares y constituía un duro golpe para nuestro país, pues el azúcar significaba el 80% del total de las exportaciones cubanas y dos tercios de esta se vendían a Estados Unidos.

Respondiendo a una lógica de dominación imperial, comenzaba una estrategia de sanciones económicas como arma de acción política contra la Revolución, a partir de una medida que se conoció popularmente como la "Ley Puñal". Por la extraordinaria gravitación que tenía sobre la economía y la política cubanas, Estados Unidos formaba parte del sistema de opresión de clases en nuestro país y era imposible promover transformaciones sociales sin que irremediablemente resultara perturbada la insaciable apetencia de las compañías norteamericanas con intereses en la Isla.

¿Era Cuba incapaz de cumplir sus compromisos con el mercado norteamericano? ¿Estados Unidos podría negar eternamente la verdad? Los hechos y la historia hablan por sí mismos.

La administración Eisenhower respaldó, financió y brindó asistencia técnica y entrenamiento militar al régimen sanguinario de Fulgencio Batista, y cuando comprendió que la posición del tirano se hacía insostenible, intentó reemplazarlo solo con un objetivo: "evitar la victoria de Castro".

El 9 de diciembre de 1958 un emisario de la CIA se entrevistó con Batista para solicitarle que se apartara del poder y le prometió refugio y protección, tanto para él como para sus sicarios más allegados, quienes durante su fuga, en la madrugada del 1º de enero de 1959, se llevaron consigo más de 424 millones de dólares de los recursos que en oro y papel moneda respaldaban el peso cubano e inmediatamente los depositaron en bancos norteamericanos, en lo que constituyó el primer acto de guerra económica contra la Revolución. Nuestro país quedó prácticamente sin reservas, y en febrero de 1959 una delegación del Banco Nacional viajó a Estados Unidos para solicitar un crédito que le permitiera sostener la moneda cubana. El 12 de febrero el Consejo Nacional de Seguridad (NSC por sus siglas en inglés) decidió no aprobarlo; el director general de la CIA, Allen W. Dulles, lo objetó bajo el señalamiento de que la Isla era "el más preocupante de los puntos problemáticos" para Estados Unidos en la región, a pesar de que aún transcurría el periodo que el subsecretario de Estado, Roy Rubottom, caracterizó "como la luna de miel con el gobierno de Castro".

De acuerdo con documentos desclasificados por Estados Unidos, ante la inminente caída de Batista, Eisenhower había instruido no revelar "aspectos esenciales" de las operaciones encubiertas de la CIA en las reuniones del NSC. No es descartable que la "acción" sobre las reservas cubanas hubiese contado, al menos, con la anuencia de Dulles. De hecho, el 19 de febrero de 1959 funcionarios de la administración valoraron que las dificultades financieras que debería encarar Cuba "abrumarían la capacidad de gobernar de los mejores líderes, por lo menos en este hemisferio".

Antecedentes del Puñal

Una vez promulgada la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959, comenzaron a gestarse las medidas contra Cuba. Senadores vinculados al lobby agrícola —algunos de ellos cómplices de la CIA en el golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en 1954— "sugirieron" más autoridad para que la Casa Blanca pudiera cambiar o no prorrogar las cuotas de importación de azúcar cubano al mercado estadounidense. Cuando el 3 de junio entró en vigor la Ley, Eisenhower dio luz verde a la CIA para trabajar en un programa que doblegara la voluntad revolucionaria de nuestro pueblo y el liderazgo de Fidel.

El 24 de junio el Departamento de Estado evaluó propuestas que venía preparando con la CIA. Acordaron trabajar en función de suspender la cuota azucarera para colapsar esa industria en Cuba, ocasionar un desempleo generalizado y que grandes cantidades de personas comenzaran a pasar hambre. El secretario de Estado, Christian Herter, las calificó como "medidas de guerra económica".

A partir de ese momento, un vasto operativo, comandado personalmente por el presidente de Estados Unidos, sería puesto en marcha con la participación activa de los departamentos de Estado y Comercio, especialistas en acciones de desestabilización y operaciones encubiertas de la CIA y las grandes empresas norteamericanas afectadas, con el apoyo de una virulenta campaña mediática internacional de desinformación.

El 9 de septiembre de 1959 Allan Powell, director para el Caribe del Departamento de Comercio, hizo público que comenzaba "a tomar cuerpo la fórmula de darle a Castro en la cabeza", mientras que a fines de octubre, funcionarios del Departamento de Estado se reunían con representantes de los productores de azúcar de remolacha y caña de Estados Unidos, Puerto Rico y Hawai, para precisar los planes en función de reducir la cuota azucarera cubana.

El 23 de enero de 1960 un cable de EFE anunció que el entonces embajador en La Habana, Phillip Bonsal, había retornado a Washington debido "al lamentable empeoramiento de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos". El diplomático estimó que el programa cubano de reformas socioeconómicas no era necesariamente inconsistente, "pero siempre respetando los derechos de los intereses privados norteamericanos en Cuba". La misma agencia citaba un editorial del Diario de Nueva York del propio día 23, en el que se afirmaba que Fidel buscaba "separar a Cuba de sus amigos tradicionales, a quienes quiere sustituir por nuevas amistades desligadas de la nación cubana, no solo por dilatadas distancias geográficas sino también por historia, intereses y hasta por modo de ser", en clara referencia a la Unión Soviética.

Se avecinaba el inicio del bloqueo económico; la campaña mediática había logrado sembrar la matriz de opinión y, como era tradición, solo faltaba el pretexto; pero esta vez Estados Unidos no se ocultaba para anunciarlo, pues formaba parte de su estrategia de amenazas y chantaje. Washington actuaría en correspondencia con los códigos signados por el antagonismo ideológico que generó la Guerra Fría, sin que Cuba hubiese emprendido aún el camino del socialismo.

El 13 de febrero de 1960, la URSS firmó un convenio con Cuba para adquirir un millón de toneladas de azúcar anual entre 1960 y 1964, a 3,2 centavos USD por libra —en el mercado mundial se estaba cotizando a 3,1 centavos. Por el primer millón recibiríamos mercaderías —equipos, acero, petróleo, trigo—, y los cuatro restantes serían pagados a razón de 80% en mercancías y 20% en USD. La Unión Soviética también otorgó un crédito por 100 millones de USD, en condiciones de pago ventajosas, con vistas a brindar asistencia técnica para el establecimiento de nuevas plantas y fábricas en la Isla entre 1961 y 1965.

Nuestra producción de azúcar en 1960 fue de 5 952 900 toneladas y la cuota comprometida con Estados Unidos era de 3 119 655 t, lo que permitía disponer de 2 833 245 t. El argumento para justificar la "Ley Puñal" era solo un pretexto: en realidad, no podían concebir que Cuba rompiera las ataduras que supeditaban su economía al capital norteamericano, y el convenio representaba un precedente nefasto a sus intereses, expresados en el principio doctrinario: "[Latino] América para los [norte] americanos".

El interés nacional de la guerra económica

Henry M. Wriston, entonces asesor de Eisenhower, confesó años después que "La noticia suscitó el pánico [...]. Los Estados Unidos virtualmente declararon la guerra económica al régimen de Castro". El 6 de abril de 1960 Eisenhower presidió una reunión en la que el Departamento de Estado explicó: "La mayoría de los cubanos apoya a Castro [...]. El único medio para aniquilar el apoyo interno es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria [...]. Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica [...]. Una medida que podría tener un impacto muy fuerte sería negar toda financiación y entrega a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperanza y el derrocamiento del gobierno".

Como resultado, la Casa Blanca presentó un proyecto para enmendar la Ley de Azúcar, que fue aprobado por las dos cámaras del Congreso. Eisenhower pudo arrogarse facultades discrecionales para disminuir o aumentar la cuota cubana de azúcar, según lo aconsejara el "interés nacional". Saltaba a la vista el propósito intimidatorio.

El 25 de junio fueron intervenidas las empresas norteamericanas que se negaban a refinar el petróleo soviético, y tres días después Fidel aseguró: "[...] en este intento de rendirnos por hambre [...] de irnos quitando la cuota libra por libra, les iremos quitando central por central y les iremos quitando centavo a centavo hasta la última inversión de norteamericanos en Cuba [...]. Nos quitarán las cuotas, ¡pero no nos podrán arrebatar la República!". La respuesta contra la Ley Puñal no se hizo esperar, en la noche del propio 6 de julio de 1960 Fidel anunció que el Consejo de Ministros había autorizado al Presidente de la República y al Primer Ministro a disponer conjuntamente, mediante resoluciones, cuando lo consideraran conveniente a la defensa del interés nacional, la nacionalización por vía de la expropiación forzosa de los bienes o empresas norteamericanas: Escudo contra Puñal.

La historia posterior se conoce. Estados Unidos, unilateralmente, articuló leyes, enmiendas y disposiciones que consolidaron un bloqueo económico despiadado, del cual no escapa ningún sector en la Isla, y que ha provocado daños de aproximadamente cien mil millones de USD. Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de ningún país, pero 10 administraciones trabajaron en función de imponer un régimen acorde con sus intereses. Durante cinco décadas la CIA ha introducido plagas y enfermedades; articuló un sistema para dar caza y boicotear nuestras operaciones financieras y cuentas de depósito en cualquier rincón del planeta, y actúa sobre las importaciones para obstaculizar proyectos en sectores socioeconómicos estratégicos, con un efecto genocida que Washington no tiene cómo justificar.

El pasado 28 de enero la politóloga estadounidense Julia Sweig afirmó: "Los Estados Unidos han mantenido un bloqueo económico [...] contra Cuba durante casi 50 años. El mantenimiento de esas políticas ya no cumple ningún objetivo de política exterior, seguridad nacional y ni siquiera de nuestra política interna [...]. No soy la primera en afirmar que ha llegado la hora de abrir un nuevo capítulo en las relaciones con Cuba [...]".

Luego de 50 años ya nadie puede ser engañado, se ha impuesto la verdad: El bloqueo es jurídicamente inaceptable, éticamente insostenible y debe cesar.

*El autor es Licenciado en Derecho y Especialista en Análisis de Información y Prospectiva.

 

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