Honduras
prueba que cuando de poderosos medios de prensa se trata, por ningún
lado aparecen los vocablos golpes, golpistas, gobierno usurpador
para calificar a los agresores de la democracia; mucho menos
presidente legítimo, constitucional, aclamado por la mayoría del
pueblo, para referirse al dignatario hondureño José Manuel Zelaya.
Otra vez los eufemismos para encubrir la injusticia; la frase
"sucesión forzada" viene a sustituir a la de golpe de Estado y es
repetida con frecuencia por CNN en español como para inculcarla bien
en la mente de sus muchos telespectadores.
Desde el propio domingo 28 de junio los noticiarios de esa
televisora reportan que un nuevo gobierno aprobado "unánimemente"
por el Congreso se ha establecido sobre bases legales y hasta
"consolida" su gabinete recién nombrado.
El día del golpe una conductora repetía orgullosa que todos los
correos electrónicos recibidos en la cadena manifestaban su respaldo
al régimen de facto. Tiene razón el presidente nicaragüense, Daniel
Ortega, cuando considera a la CNN como el canal de los golpistas.
En horas posteriores al zarpazo, abundantes imágenes
cuidadosamente editadas reflejaron un acto de apoyo a Micheletti.
Mientras tal hecho gozaba de una cobertura amplia, solo una simple
mención se hacía a la resistencia popular que, rápidamente, se
asentó en los alrededores de la Casa Presidencial y que luego,
procedente de muchos pueblos, ha venido inundando carreteras y vías
hacia la capital. A esa gran masa de pobladores, CNN en español
prefiere llamar "grupos partidarios de Zelaya", que al parecer
merecen pocas tomas de cámaras.
Resulta risible el argumento esgrimido en los primeros momentos
por la corresponsal de dicha cadena de televisión de que no podía
llegar al área de la Casa Presidencial y captar imágenes de las
primeras manifestaciones en favor de la constitucionalidad.
Sin embargo, el medio informativo procuró y logró de inmediato
entrevistar a Micheletti (y hasta llamarlo presidente) como un claro
espaldarazo para quien acababa de arrebatar la silla presidencial.
Entretanto en las calles y azoteas de edificios, Telesur, de modo
intrépido y al precio de la detención de su equipo de periodistas,
se las agenciaba para brindar informaciones con objetividad.
Historia repetida. Como ocurrió en Venezuela en abril del año
2002, ahora poderosos medios de prensa se afanan en un ejercicio de
malabarismo para justificar el golpe de Estado en Honduras. Todo
vale: culpar a Chávez del conflicto generado por la intransigencia
de la oligarquía hondureña, difundir por medio de analistas que
Manuel Zelaya ha violado la Constitución, sugerir la conveniencia de
buscar una "solución política entre las partes" para retornar a la
normalidad, fabricar una atmósfera que presente a Nicaragua,
Venezuela y Cuba como posibles agresoras de la soberanía de
Honduras.
Para nada interesa a los monopolios de la información aclarar
que, al pretender una consulta popular, Zelaya no profana la Carta
Magna de su país.
¿Por qué no explican en sus múltiples espacios de difusión que el
caos presente hoy en la nación centroamericana es consecuencia de la
clara conspiración entre la elite del ejército, autoridades
judiciales y congresistas ansiosos del poder? ¿Por qué no recordar
que la sociedad hondureña vivía en calma cuando se aprestaba a
participar en la consulta popular? ¿Por qué no denunciar el cerco
informativo decidido por el gobierno de facto desde los instantes
iniciales del golpe?
Un sinnúmero de interrogantes podrían hacerse para conocer en qué
lugar tienen los grandes medios de comunicación los cacareados
conceptos de democracia y libertad de prensa, porque con este actuar
tan burdo los vuelven cuanto menos palabras huecas o cómicas.
Uno percibe además que para algunas cadenas las noticias de
farándula o dibujos animados que contribuyan al entretenimiento y la
desinformación, tienen más prioridad que los acontecimientos
actuales en Honduras.
Eufemismos como máscaras. ¡Vaya lección nos dan por estos días
los medios al servicio de las oligarquías y la mentira!