Después de un cerrado partido frente a Holanda en el debut, la
selección dirigida por el novel mentor Roger Machado arremetió
contra el resto de sus rivales y los propios anfitriones en el
inicio de la segunda vuelta, haciendo alarde de abundante ofensiva y
excelente pitcheo y defensa.
Los números son elocuentes. Cuba promedia 377 de average (52
imparables en 138 turnos oficiales), con diez dobletes y tres
cuadrangulares, a pesar de jugarse el torneo con una pelota de poco
bote. En el montículo también ha brillado, 1,75 de promedio con 29
ponches y 15 boletos, mientras el fildeo no ha podido ser mejor:
994, un solitario error en 162 lances. En todos estos departamentos
es líder por amplio margen.
Bueno es aclararle a toda la afición que el torneo de Rotterdam
no es de alto nivel. Japón, por citar un ejemplo, compite con un
equipo de 23 jugadores extraídos de la Liga Universitaria Shuto
(significa La Capital) pertenecientes a conjuntos de ocho
universidades, sin experiencia en el béisbol profesional.
Lo mismo sucede con la representación de Taipei de China, en
tanto los anfitriones holandeses —que cambiaron de mentor, ahora es
Rod Delmonico—, combinaron veteranos con elementos jóvenes en busca
de la necesaria renovación. No les dio resultados hasta ayer, cuando
consiguieron su primera sonrisa a costa de los nipones, 8-0, con
siete entradas muy bien lanzadas por el veterano Rob Cordemans, un
jit permitido, 6 ponches y una base, y el ataque de Bryan Engelhardt,
de 4-4, 3 anotadas y otras tantas remolcadas.
La selección cubana tampoco es la principal de nuestro país, pues
en ella militan jóvenes con aspiraciones de integrar el equipo
grande en breve. Uno de ellos, el derecho del Mariel, Miguel Alfredo
González, saldrá hoy en busca de su segundo triunfo a costa de los
taipeianos, con el cual conseguiría el quinto en línea del equipo,
cuya principal aspiración es triunfar en la justa.