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En torno a la fuerza de trabajo
El impuesto que no siempre se ha pagado
Acercamiento a una realidad que algunos
desconocen y otros infringen
Pastor
Batista Valdés
LAS TUNAS.— Si todo el mundo supiera que por cada peso de salario
que una empresa o entidad le paga a un trabajador, debe tributarle
al Estado —además— 25 centavos de acuerdo con un impuesto
establecido por el uso de la fuerza de trabajo (sin contar 12,5
centavos para seguridad social¼ ), quizás
muchas personas tuvieran más conciencia de cuán necesario y vital es
aprovechar al máximo cada minuto de la jornada laboral.
Además
de buscar disciplina tributaria, este impuesto debe propiciar un uso
más eficiente de la fuerza laboral.
Pero el poco conocimiento de asuntos relacionados con la ley
tributaria y la ausencia de una cultura en ese terreno, han estado
presentes durante años, tanto en el ámbito social como dentro del
panorama empresarial, productivo, de servicios, tanto que mucha
gente se pregunta ¿impuesto? ¿qué es eso?
Según explican especialistas de la dirección provincial de
Finanzas y Precios, así como de la Oficina Nacional de
Administración Tributaria (ONAT) ese gravamen, no exclusivo de Cuba,
es válido para todas las personas naturales y jurídicas, cubanas o
extranjeras, que emplean fuerza de trabajo asalariada, y se aplica
sobre la base de los salarios, sueldos, gratificaciones y otras
remuneraciones pagadas a esos trabajadores (Ley No. 73 del sistema
tributario, 4-8-1994, capítulo X).
Modificaciones introducidas en el 2006 a la Resolución 240 del
2002 incluyeron en el citado tributo a las unidades presupuestadas
(excluidas hasta entonces), aunque coyunturalmente eximieron de
pago, entre otros, a las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS)
y empresas estatales agropecuarias, por el personal que contraten y
trabajadores directos en la producción agropecuaria, silvícola o
forestal.
Dicho así, no debiera haber problema para su aplicación. La
realidad, en cambio, no siempre marca igual derrotero.
Auditorías realizadas en la provincia el pasado año por
supervisores de la ONAT develaron irregularidades por 2 170 400
pesos, concentradas mayoritariamente en 12 entidades de la industria
azucarera, 23 subordinadas al Poder Popular y diez de la agricul
tura. De enero a mayo (2009) la determinación remontaba los 900
000 pesos.
Cabe preguntarse: ¿Si esas auditorías no abarcan a todo el
universo, sino a una parte de él, a cuánto puede ascender entonces
el daño para el territorio y para la economía nacional en su
conjunto? Posiblemente nadie pueda responder con exactitud.
¿QUIÉN PAGA LOS PLATOS ROTOS?
Para Pedro Quesada, supervisor, hay una realidad bien clara: al
violarse lo previsto en el impuesto se establece un recargo y una
multa para la entidad. Pero¼ ¿de dónde
sale el dinero para pagar esa suma extra por sanción?
Como a nadie le asignan fondos para cubrir "gastos de ese tipo"
la situación termina "resolviéndose" contra la eficiencia de la
empresa o contra el presupuesto de la unidad (si es presupuestada),
con el consiguiente perjuicio económico para el país.
"Nos ha faltado cultura —opina Milaida Aguilera, subdirectora de
Finanzas y Precios—, se requiere tal vez más conocimiento,
divulgación, capacitación¼ pero también
es hora de ser más exigentes. Si quien comete la irregularidad
tuviera que pagar de sus
ingresos la multa o el recargo, la situación fuera distinta. Pero
al final es Liborio (el Estado) quien sigue pagando los platos
rotos."
No todos los aparatos económicos actúan como en la empresa de la
Cuenca Lechera.
Según afirma Fe Esperanza Álvarez, de esa empresa: "Al terminar
las nóminas de pago, sacamos el aporte, lo preparamos rápidamente y
se hace el depósito en el Banco. Eso ocurre mes por mes. No te niego
que en algún momento unidades nuestras tuvieron dificultades pero ya
se resolvieron. Este año solo tenemos marcadas dos CCS y una
Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA): no por impago, sino
por deudas viejas".
CUENTAS CLARAS¼
Hablar a tiempo puede ayudar a resolver problemas. "No somos
inflexibles —expresa Velia Proll Gamboa, subdirectora de la ONAT
municipal—; si un contribuyente cae en una situación difícil y nos
pide aplazamiento, valoramos el caso, verificamos con el ban
co, vemos el estado de cuenta y si las condiciones lo justifican
se autoriza la prórroga".
De hecho, entidades como las del agro (CCS, CPA, Unidades Básicas
de Producción Cooperativa) han recibido facilidades y un tratamiento
muy cuidadoso desde el 2005, teniendo en cuenta los estragos
causados por muchos años de sequía (primero) y luego por el azote de
huracanes, sin que por ello se les libere de responsabilidades y
obligaciones con el fisco.
Lo inaceptable es que, por descuido, haya impago o atraso en
depósitos como los que, por ejemplo, deben hacer las CCS, no por la
fuerza directa al surco y sí por quienes integran la junta
administrativa: fenómeno que si bien aquí no presenta serios
problemas, puede tener repercusión en otros territorios.
Muchos, como Alberto González, de la delegación provincial de la
agricultura, reconocen lo valiosas que son para el personal de
economía las informaciones y conferencias de la Oficina de
Administración Tributaria o la instalación del programa denominado
Centinela, que recuerda el pago del impuesto cada vez que se activa
la computadora, varios días antes de la fecha tope.
Lamentablemente, algunos subvaloran esas alternativas, otros
"duermen sobre laureles" y hay hasta quienes ponen "caritas" si la
prensa los refleja por atraso o impago. ¿Pero quién se molesta
frente a los millones de pesos que deja de ingresar el Estado, en
detrimento de la nación y de todos sus habitantes?
También acerca de eso vale la pena meditar, sobre todo cuando una
empresa está a punto de violar sus obligaciones tributarias, o
cuando decide contratar trabajadores que ampliarán el monto del
impuesto por el uso de la fuerza laboral, sin haber aprovechado de
manera eficiente y a tiempo completo la capacidad de quienes han
conformado su nómina hasta ese instante. |