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El embajador de Estados Unidos en Venezuela, Patrick Duddy, reanuda
hoy su trabajo aquí en medio de expectativas encontradas de
recomposición de relaciones y el papel de su país en el golpe de
Estado en Honduras.
A su llegada ayer a Caracas, después de haber sido expulsado en
septiembre pasado, Duddy consideró el restablecimiento de vínculos a
nivel de embajadores una posibilidad para lograr relaciones
bilaterales más fluidas.
Los buenos augurios, sin embargo, tienen la sombra de una
creciente duda sobre el papel real de sectores de poder
estadounidenses en el golpe militar en Honduras, que algunos ven
como inicio de una contraofensiva regional de la derecha.
Fuentes venezolanas consultadas por Prensa Latina coincidieron en
alertar sobre la posible participación de grupos económicos y
militares estadounidense en la elaboración de una nueva política
hacia América Latina, con Honduras como cabeza de lanza.
El veterano político y escritor Domingo Alberto Rangel estima que
es muy difícil para militares hondureños dar un golpe sin haber
tenido alguna garantía de oficiales castrenses estadounidenses con
los cuales mantienen relaciones estrechas.
Para Rangel se trata de un golpe conversado con sectores de poder
de Estados Unidos y Bolivia y Ecuador deben poner sus barbas en
remojo ante posibles nuevas arremetidas, mientras en Venezuela la
lucha se concentrará en el campo electoral.
Coincidentemente el diputado venezolano Julio García Jarpa admite
que los acontecimientos dejan un margen de duda sobre el papel de
estamentos del poder estadounidense, presionados por grupos
derechistas y fascistas.
Aunque ambos eluden atribuir una participación en los hechos al
presidente estadounidense, Barack Obama, otros como William Izarra,
un ideólogo de la izquierda venezolana, estiman que Obama es
responsable de lo que haga su gobierno.
Con conocimiento de causa o sin saber lo que arman sus
subordinados, todo será de su incumbencia. Sin embargo, creo que
Obama no se entera de los asuntos que tejen los factores del poder
real, opinó Izarra en un artículo difundido en medios electrónicos.
Otro elemento que conspira con la perspectiva de recomponer las
relaciones entre Venezuela y Estados Unidos es la posición del jefe
del Comando Sur, Douglas Fraser, que motivaron una protesta de la
cancillería venezolana.
Recientemente el canciller Nicolás Maduro deploró declaraciones
de Fraser sobre un supuesto programa armamentista del país
suramericano, que calificó de injerencia en los asuntos internos.
Los elementos ambivalentes abren la nueva etapa de los vínculos
bilaterales para el mandato de Obama, luego de una difícil relación
durante el gobierno de George W. Bush, que llevó a la retirada de
embajadores el pasado mes diciembre.
La hostilidad de Washington hacia el gobierno de Hugo Chávez se
manifestó asimismo en el rápido reconocimiento de las autoridades
impuestas brevemente en Venezuela mediante un golpe de Estado en
2002.
Para el gobierno venezolano no existen dudas que el gobierno de
Bush estuvo detrás de la acción anticonstitucional entonces, así
como respaldó financiera y organizativamente movimientos opositores
tanto democráticos como violentos.
Prudentemente o de forma más decidida, existe entre voceros de la
izquierda venezolana una duda, que se podría calificar de creciente,
sobre el papel de Estados Unidos, al menos de un sector, en el
movimiento castrense hondureño.
La preocupación es comprensible en un país que sufre durante 10
años la presión y hostilidad de Washington, abrió una puerta a la
esperanza de mejoramiento con la llegada de Obama y duda ahora otra
vez ante los acontecimientos en Centroamérica.