Una experiencia ganadera

Los terneros vuelven al biberón

Sara Sariol Sosa

GRANMA.— Cuando por la premisa de minimizar la importación de leche en polvo, en todo el territorio nacional comenzó a aplicarse una estrategia tendente a estimular mayor entrega de leche fluida y una política de precios favorable a los productores, muchos campesinos granmenses mostraron mayor preocupación por la salud de los terneros.

En la UBPC comenzaron la experiencia con 16 terneros y hoy atienden a 125.

La inquietud tenía fundamento en la probabilidad de que algunos ganaderos, en su empeño por extraerles a las vacas mayor cantidad de leche, sacrificaran la requerida por sus críos para crecer óptimamente.

Sin embargo, la crianza artificial de 125 terneros en la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Francisco Suárez Soa, de la empresa pecuaria La Bayamesa, viene a demostrar que el proyecto lechero se sustenta en múltiples alternativas para lograr al mismo tiempo las cantidades suficientes de ese alimento para los niños y otros segmentos priorizados, y garantizar un buen incremento de la masa.

La técnica, conocida por muchos productores antes del inicio del periodo especial, consiste en separar a los pocos días de nacido al animal de la madre, y suministrarle de forma directa una especie de leche en polvo con ingredientes muy nutritivos.

Con este método el ritmo de desarrollo de los terneros se acelera (a los 30 días se combina el sustituto con pienso y heno), disminuye la mortalidad, mejora la reproducción (entre los 18 y 21 días la vaca cae en celo), y aumenta la entrega de leche fresca a las bodegas e industrias, volumen que será mayor cuando se creen todas las condiciones para el doble ordeño.

MÁS QUE EL BIBERÓN

Tres meses están los terneros beneficiándose con este sistema. Después de varios días, aquellos habituados al sustituto se abalanzan con ansiedad sobre las cazuelas y unos hasta tratan de beber la dosis de otros, por lo cual el proceso de alimentación requiere de mucha destreza y organización por parte de los trabajadores de las unidades de cría.

También al principio la faena es ardua. Para adaptar a los pequeños animales, los criadores introducen la mano dentro del recipiente con leche y dejan que el ternero les succione un dedo, a semejanza de la ubre de la vaca. A algunos, negados al cambio, se les suministra el alimento en pomos que hacen función de biberón.

En opinión de Milton Orozco Rojas y Nancy Alejandrina Manso, entre los primeros productores privados involucrados en la experiencia, se necesita mucha paciencia y dedicación.

En consecuencia con tal empeño surgió la idea de ponerles nombre a los becerros en la UBPC Francisco Suárez Soa, y también para ir registrando cuánto va ganando cada uno en peso.

Según Arturo Hernández Santí, jefe de la recría establecida en esa unidad, la empresa pecuaria La Bayamesa dispone de cinco unidades de cría artificial y los resultados son halagüeños.

De acuerdo con la información suministrada por Teresa Atencio, especialista de alimentación en la delegación de la Agricultura en Granma, en la provincia cuentan con 11 crías en unidades estatales y dos en fincas privadas: un total de 950 terneros alimentados con la técnica de marras.

"El procedimiento es viable —aseguró— pero requiere de una buena preparación, pues no basta con disponer del reemplazante lechero y el pienso criollo, es imprescindible la buena manipulación y el extremo cuidado del becerro y de la madre."

 

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