Una explosión de creatividad, diversidad y buen gusto, resulta la
Bienal Nacional de Cerámica La Vasija, abierta hoy en el convento de
San Francisco de Asís, en La Habana.
Alejandro G. Alonso, director del Museo de la Cerámica
Contemporánea Cubana, destacó el conjunto de piezas expuestas por su
exquisitez formal, refinamiento, pericia técnica y méritos
estéticos, aún cuando los caminos transitados por los artistas sean
diversos.
El primer premio compartido correspondió a Manuel Moya, por la
obra Sin título y a Ángel Rogelio Oliva por Botella infinita y
Deconstruyendo, dos piezas de la serie Homenajes y tributos.
La segunda posición la obtuvieron el conjunto de vasijas Todo
por..., de Grisel Rivera y Sin Título de Fernando Velázquez Torres,
mientras que el tercer premio, también compartido, fue para Lázaro
Hernández Lafuente, por Destino Incierto y Javier Martínez, por
Inside.
Un premio especial otorgó el jurado a una obra de gran escala,
sólido simbolismo, auténtica fantasía y orgánico desempeño técnico
en la incorporación de elementos no cerámicos al volumen básico,
titulada Pase a tierra, de Alberto Rivero.
El premio ópera prima se lo agenció Celia Mariana García, por el
amplio catálogo de esquemas decorativos empleados y su obvio
potencial creativo en el conjunto de platos Aleph.
También fueron otorgadas menciones por sus calificadas propuestas
bidimensionales a los paneles Temagia Tou Orgasmou, de Ioán
Carratalá y Elementos, de Adolfo César Paradís.