El director general de la FAO, Jacques Diouf, afirmó, durante la
conferencia de prensa, que la situación actual va más allá de las
dimensiones humanitarias tradicionales y que requiere un nuevo orden
alimentario mundial.
Esta información no es el único motivo que me lleva a escribir
estas palabras; me refiero también a las reacciones de algunos de
los participantes del evento COOPERAT, a mi conferencia: Seguridad
Alimentaria en Tiempos de Crisis, presentada el 16 de junio pasado.
Durante la conferencia informé a los presentes que la presentación
era mucho más que una muestra de figuras (siempre tristes), y
números. Más que esto, era un análisis sobre la vulnerabilidad de la
producción y consumo de alimentos al proceso de globalización. Y en
esa oportunidad el mundo no sabía que habíamos ultrapasado la
barrera de los mil millones de personas con hambre.
¿Qué pasó? Una secuencia de crisis (la crisis de los precios de
los alimentos, la crisis de los combustibles y la actual crisis
financiera) se encargó de poner por tierra los avances logrados por
la comunidad internacional en su lucha contra el hambre.
El comunicado conjunto de la FAO, PMA y FIDA expresa que el
número de subnutridos se incrementó entre 1995-1997 y 2004-2006 en
todas las regiones del mundo, excepto en América Latina y el Caribe.
Pero incluso en esta última región, los progresos en la reducción
del hambre se han visto anulados como consecuencia del alza de los
precios de los alimentos y la actual crisis financiera. O sea,
¡vamos todos (o casi todos) para atrás!
La declaración del Sr. Diouf, de que "necesitamos crear con
urgencia un amplio consenso para la erradicación rápida y completa
del hambre en el mundo y para dar los pasos necesarios", es una
repetición de los llamados que hace la FAO, desde el inicio de su
existencia, en 1945, a sus países miembros. En las cumbres sobre la
alimentación realizadas en 1974 (Conferencia Mundial de la
Alimentación); 1992 (Conferencia Internacional sobre Nutrición);
1996 (Cumbre Mundial sobre la Alimentación); 2002 (Cumbre Mundial
sobre la Alimentación + 5); 2008 (Conferencia de Alto Nivel sobre la
Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y
la Bioenergía); y 2009 (Reunión de Alto Nivel Seguridad Alimentaria
para Todos), donde los más altos dignatarios se comprometieron a
solucionar el problema del hambre a nivel mundial.
El Director General dice que "los países pobres necesitan las
herramientas de desarrollo, económica y política necesarias para
impulsar su producción agrícola y su productividad. Es necesario
incrementar la inversión en agricultura, ya que para la mayoría de
los países pobres un sector agrícola saludable es clave para vencer
el hambre y la pobreza y supone un requisito previo para el
crecimiento económico".
Lo más irónico es saber que PODEMOS vencer el llamado flagelo del
hambre. Tenemos el conocimiento y las tecnologías para producir
alimentos de calidad para todos, y hemos, por seis décadas,
trabajado con los países en la búsqueda de las soluciones a los
problemas de la agricultura, la pesca y los recursos forestales.
Pero, aunque todos los recursos estén disponibles y el conocimiento
siga creciendo, no tenemos lo que necesitamos para erradicar el
hambre en el mundo: la voluntad política global —transformada en
realidad a través de leyes que garanticen el derecho a la
alimentación, implementación de políticas públicas y existencia de
los recursos adecuados para promover la seguridad alimentaria— para
que TODOS los habitantes de este planeta tengan una alimentación
garantizada, segura y nutritiva todos los días.
El mensaje principal es que, sin voluntad política no se
alcanzará la meta tan añorada por las organizaciones
internacionales, entre las cuales se incluye la FAO, por sus países
miembros y por la población mundial, de reducir el hambre a la mitad
de los 845 millones que existían al inicio de la década de los
noventa.
¿Qué podemos hacer? De nuestra parte, como instrumento de los
gobiernos para coordinar la lucha contra el hambre en el mundo,
seguiremos trabajando y ofreciendo soluciones para el aumento de la
producción, alimentos más nutritivos y seguros, y técnicas avanzadas
que garanticen la seguridad alimentaria y que no rompan el
equilibrio en nuestro planeta. Esto es lo que sabemos hacer, en
asociación con todos los países miembros, para eliminar el hambre.
El Enfoque de Doble Componente en las respuestas de los países al
hambre, que asocia la ayuda emergente con inversiones de
mediano-largo plazos, que permita a las familias pobres alimentarse
por su propia cuenta, es la opción recomendada por la FAO.
Sin embargo, e indudablemente, la clave para eliminar el flagelo
del hambre es la Voluntad Política (con mayúsculas).
* Representante de la FAO en Cuba.