¿Qué vamos a hacer para la formación de
obreros calificados?

LÁZARO BARREDO MEDINA

El núcleo fundamental de nuestra sociedad lo constituyen los obreros y los campesinos.

Al país se le ha dañado considerablemente la base material para la formación de la enseñanza politécnica y sería impensable, en las actuales circunstancias, la erogación de decenas de millones de divisas para afrontar esa necesidad.

¿Hasta qué punto sería la solución los actuales convenios firmados entre el Ministerio de Educación y otros organismos de la Administración Central del Estado para "apoyar" al MINED?

Hay suficientes razonamientos para pensar que no es la alternativa del aula y el laboratorio la salida adecuada y que sería desventajoso a la economía nacional aislar la formación politécnica de las actividades de las empresas. Desde hace muchos años se debate si revolucionariamente no sería mejor llevar a la práctica algo parecido a la vinculación de los estudiantes de medicina para su preparación directa desde los primeros momentos en policlínicos, hospitales y otras instalaciones médicas.

Desde el punto de vista de la formación ideológica, el aula ofrece la preparación teórica educacional y cultural de los jóvenes, pero la conciencia de clase proletaria la impregna el trabajo constante en la producción y la posible vinculación de los jóvenes a la empresa —aun cuando exista una relación eventual—, donde puede ser mucho más amplia la formación laboral de ellos. El sentimiento de pertenencia del obrero no nace en las aulas, ni en el taller docente, sino allí donde se libra cotidianamente la lucha por la producción.

En las actuales circunstancias, para hacer masiva la preparación de los obreros calificados, se requiere de una considerable inversión en instalaciones y talleres para la base material de estudio —equipos, máquinas e instrumentos—, cuya cantidad potencial puede estar subutilizada en detrimento de la economía nacional, de la producción de bienes materiales.

Valdría la pena analizar si continuar con la idea de invertir en la preparación de talleres docentes en los politécnicos, significaría o no elevar una carga de gastos sobre el presupuesto doblemente, por la inversión en sí y por el proceso de actualización de las máquinas ante la continua modernización tecnológica.

Otro elemento a discernir por la propia sociedad es que no podemos aspirar a una nación de intelectuales, lo cual no riñe con el principio de acceder al máximo de conocimientos por los individuos, porque con independencia de las potenciales posibilidades que nuestro sistema educacional ha logrado con la universalización de la enseñanza, no es menos cierto que siempre tendremos más graduados de nivel medio que plazas en la enseñanza superior y técnico profesional y, por consiguiente, hay que crear las condiciones para que muchos jóvenes al terminar su nivel de enseñanza media (la cual lamentablemente desapareció de su programa la asignatura de educación laboral) puedan continuar estudios en la preparación para desempeñar un oficio, cuestión que puede resolverse mediante la vinculación de la enseñanza general con la politécnica.

Están creadas actualmente, por ejemplo, unas 2 000 empresas con cierto volumen de producción o servicios y cuentan con distintos establecimientos, ¿por qué desaprovechar esa base material e ideológica? ¿Por qué no utilizar la experiencia de los trabajadores más destacados en la producción para formar en la práctica a los nuevos obreros?

¿Quién puede tener más interés que la empresa en la formación de obreros calificados si una parte de esos educandos engrosan luego su plantilla para reponer el déficit de fuerza de trabajo calificada o cubrir las nuevas plazas creadas por el plan de inversiones o se aportan, además, empleados para otras empresas?

Si la empresa los califica mal, si no le presta adecuada atención, el resultado es que luego esos jóvenes no van a rendir en los establecimientos con la adecuada productividad del trabajo, van a encarecer los costos, van a mermar la ganancia empresarial. Recuerdo en el pasado no pocas discusiones en torno al hecho de que muchas fábricas preferían formar sus obreros que recibir a los egresados de la enseñanza politécnica por esas razones.

Es cierto que en la fábrica no pueden atender a los jóvenes aprendices si son introducidos anárquicamente en la producción, pero si las empresas asumen la responsabilidad de la formación práctica de los alumnos, si las inversiones de talleres se hicieran en ellos para el aprendizaje de las herramientas básicas, si se hace un análisis de la organización del trabajo, un estudio racional en cada empresa de los jóvenes que posteriormente pueden insertar en sus establecimientos, desde luego que con esa base material se podrían formar decenas de miles cada año y, seguramente, con más calidad, porque la combinación teórica en las aulas con la práctica directa en la producción arrojaría mayores dividendos.

Y calidad profesional y cultural es lo que tenemos que buscar en nuestros jóvenes obreros, que asienten raíces más profundas en la actividad científico-técnica para que, sin necesidad de ser ingenieros o técnicos medios, puedan emprender tareas de racionalización e inventiva, puedan con ese nivel de preparación contribuir al incremento de la mecanización e introducir la automatización en los procesos productivos y estar preparados para ofrecer respuestas a la necesidad continua de la nación de disminuir las importaciones y aumentar los niveles de producción y exportación con menos gastos.

Por eso estamos persuadidos de que la respuesta a ¿qué vamos a hacer para la formación de obreros calificados?, no es un asunto que le atañe tan sólo al Ministerio de Educación.

 

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