Un vistazo al panorama nacional deja algo muy en claro: no
siempre se toman en cuenta las recomendaciones y directivas de
prestigiosos centros enfrascados en la búsqueda de las variedades
más apropiadas para cada suelo y lugar.
En tiempos en que la Agricultura introduce cambios sustanciales
no pocos "finqueros" reconocen la valiosa contribución del Instituto
Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT),
colectivo encabezado por el doctor Sergio Rodríguez.
Los integrantes de ese equipo han tenido en las empresas de
cultivos varios de La Habana, en mayor o menor grado, la acogida y
la atención que merecen. Ellos, afirma Héctor López, técnico en
Agronomía, siguen a diario los resultados de su obra creadora.
Pero, apunta, no se limitan a transmitir orientaciones y
sugerencias desde oficinas o laboratorios. Los diálogos en la base
son constantes y abiertos. Desde hace años en el INIVIT, verdadero
orgullo de Villa Clara, eliminaron los mecanismos inoperantes y todo
signo de tecnocracia. Cualquier finca o unidad puede dar crédito de
esa constancia y del frecuente andar por los plantíos o tierras en
preparación.
Con quienes llevan a la práctica el fruto de sus estudios
mantienen un intercambio permanente, transmiten experiencias y
conocimientos y, a la vez, se retroalimentan al recibir las
opiniones de los productores. Es criterio unánime de que estos
investigadores nunca imponen criterios, tratan de convencer sin
apelar al "tecnicismo".
Humberto Marty Lara, fundador de la finca de semillas que rebasa
las fronteras del municipio de Artemisa, tiene no pocos ejemplos de
la ayuda de ese Instituto y el estilo directo de ver las cosas. De
una larga lista que incluye otras viandas, menciona uno por su
impacto en los rendimientos: generalizar las siembras del clon de
boniato INIVIT 2005.
Aunque el 30% de las áreas de boniato de La Habana utiliza esa
variedad capaz de duplicar la producción de otras —ya se ha
demostrado— la extensión es insuficiente y debe incrementarse.
Además de los altos volúmenes cosechados por hectárea, y el
control sobre el tetuán, Humberto afirma que "estamos ante una
vianda muy gustada por su sabor. La cáscara es de color rojo, masa
amarilla, más pequeña, y de fácil maniobra en la cocina".
La siembra escalonada y las características de esta variedad le
aseguran, si las cosas se hacen correctamente, una presencia
sistemática en los mercados.
No olvidar la reserva que brinda el boniato —opina Félix Oceguera—
ante los daños que puedan ocasionar los huracanes en la agricultura.
Es como tener un almacén de comida bajo tierra. Los ciclones del
2008 lo demostraron. Por no poco tiempo constituyó la oferta
principal en la tarima de los mercados.
Productores entrevistados por Granma en diferentes
entidades lamentan que los programas del INIVIT no reciban todavía
el máximo respaldo. Es un centro prestigioso y realista que, desde
hace años, enseña, educa y busca hacer más económica y productiva la
agricultura cubana.
El boniato es una muestra. Pudieran mencionarse muchos otros
cultivos, factibles de ampliar dadas las exigencias y limitaciones.
Imposible lograr altos rendimientos y explotar mejor los suelos,
si la Ciencia está ausente, explicó Humberto Marty. Este hombre
siente orgullo al mostrar la belleza de su finca y su contribución
al desarrollo de Artemisa y de la provincia. La gran batalla empieza
por la calidad de las semillas.
El propio Ulises Rosales del Toro, miembro del Buró Político del
Partido y ministro de la agricultura, dijo hace unos días, al
estimular a los cuadros más destacados del sector en el 2008, que la
rapidez y consolidación de las transformaciones en marcha, "dependen
de nuestra capacidad para aplicar los logros de la Ciencia y la
Técnica".