Los “finqueros” de La Habana pueden hacer mucho con la Ciencia

Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu

Los habaneros tienen una alta responsabilidad: suministrar alimentos para cerca de tres millones de personas. Conocen por experiencia que sin los avances de la Ciencia y la Tecnología, es imposible una agricultura eficiente y productiva.

Foto: Jorge Luis GonzálezEsta es la finca de semillas de Artemisa que tiene, entre sus misiones, extender el clon de boniato INIVIT 2005.

Un vistazo al panorama nacional deja algo muy en claro: no siempre se toman en cuenta las recomendaciones y directivas de prestigiosos centros enfrascados en la búsqueda de las variedades más apropiadas para cada suelo y lugar.

En tiempos en que la Agricultura introduce cambios sustanciales no pocos "finqueros" reconocen la valiosa contribución del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), colectivo encabezado por el doctor Sergio Rodríguez.

Los integrantes de ese equipo han tenido en las empresas de cultivos varios de La Habana, en mayor o menor grado, la acogida y la atención que merecen. Ellos, afirma Héctor López, técnico en Agronomía, siguen a diario los resultados de su obra creadora.

Pero, apunta, no se limitan a transmitir orientaciones y sugerencias desde oficinas o laboratorios. Los diálogos en la base son constantes y abiertos. Desde hace años en el INIVIT, verdadero orgullo de Villa Clara, eliminaron los mecanismos inoperantes y todo signo de tecnocracia. Cualquier finca o unidad puede dar crédito de esa constancia y del frecuente andar por los plantíos o tierras en preparación.

Con quienes llevan a la práctica el fruto de sus estudios mantienen un intercambio permanente, transmiten experiencias y conocimientos y, a la vez, se retroalimentan al recibir las opiniones de los productores. Es criterio unánime de que estos investigadores nunca imponen criterios, tratan de convencer sin apelar al "tecnicismo".

Humberto Marty Lara, fundador de la finca de semillas que rebasa las fronteras del municipio de Artemisa, tiene no pocos ejemplos de la ayuda de ese Instituto y el estilo directo de ver las cosas. De una larga lista que incluye otras viandas, menciona uno por su impacto en los rendimientos: generalizar las siembras del clon de boniato INIVIT 2005.

Aunque el 30% de las áreas de boniato de La Habana utiliza esa variedad capaz de duplicar la producción de otras —ya se ha demostrado— la extensión es insuficiente y debe incrementarse.

Además de los altos volúmenes cosechados por hectárea, y el control sobre el tetuán, Humberto afirma que "estamos ante una vianda muy gustada por su sabor. La cáscara es de color rojo, masa amarilla, más pequeña, y de fácil maniobra en la cocina".

La siembra escalonada y las características de esta variedad le aseguran, si las cosas se hacen correctamente, una presencia sistemática en los mercados.

No olvidar la reserva que brinda el boniato —opina Félix Oceguera— ante los daños que puedan ocasionar los huracanes en la agricultura. Es como tener un almacén de comida bajo tierra. Los ciclones del 2008 lo demostraron. Por no poco tiempo constituyó la oferta principal en la tarima de los mercados.

Productores entrevistados por Granma en diferentes entidades lamentan que los programas del INIVIT no reciban todavía el máximo respaldo. Es un centro prestigioso y realista que, desde hace años, enseña, educa y busca hacer más económica y productiva la agricultura cubana.

El boniato es una muestra. Pudieran mencionarse muchos otros cultivos, factibles de ampliar dadas las exigencias y limitaciones.

Imposible lograr altos rendimientos y explotar mejor los suelos, si la Ciencia está ausente, explicó Humberto Marty. Este hombre siente orgullo al mostrar la belleza de su finca y su contribución al desarrollo de Artemisa y de la provincia. La gran batalla empieza por la calidad de las semillas.

El propio Ulises Rosales del Toro, miembro del Buró Político del Partido y ministro de la agricultura, dijo hace unos días, al estimular a los cuadros más destacados del sector en el 2008, que la rapidez y consolidación de las transformaciones en marcha, "dependen de nuestra capacidad para aplicar los logros de la Ciencia y la Técnica".

 

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