El Índice Nacional del Precio de la Vivienda en EE.UU. colapsó un
18,2% durante los últimos tres meses del 2008 respecto al mismo
periodo del año anterior, la mayor caída en sus 21 años de historia.
Los precios están a unos niveles no vistos desde el tercer trimestre
del 2003. Cientos de miles han perdido sus casas y otros tantos las
perderán. De los 52 millones de propietarios con hipotecas, 13,8
millones, casi el 27%, deben más de lo que valen sus casas. Es como
si los boom (burbujas) de la tecnología de la información e
inmobiliario nunca hubieran sucedido, los trabajadores han perdido
miles de millones en ahorros e inversiones, mientras que los ricos
lo son aún más.
Y por si no fuera suficiente la pérdida de 2,3 millones de
empleos en el 2008, la más grande desde 1945. En enero se han
perdido casi 600 000, en un solo día, el "lunes sangriento" como lo
definían los titulares, se perdieron 68 000 empleos, y la hemorragia
de desempleo continúa en la economía norteamericana y sin final a la
vista. Entre las empresas que han despedido trabajadores en EE.UU.
están: Caterpillar, Boeing, Sprint Nextel, Pfizer, Home Depot,
Starbucks, Intel, Microsoft, Schulumberger, General Motors, Ford,
United Airlines, AOL, Target, Brroks Automotion y la lista continúa.
El número de trabajadores despedidos que cobran subsidio de
desempleo es de casi cinco millones, el más alto desde que se
registran estos datos en 1967. El año pasado eran 2,77 millones.
Oficialmente 11 millones de trabajadores estadounidenses están
desempleados, un 48% más que el año anterior, pero este dato es
previo a la última oleada de despidos. Se espera que en lo que queda
de año se pierdan unos dos millones de puestos, incluso aunque el
plan de estímulo anunciado por Obama de 800 000 millones de dólares
consiga crear o por lo menos detener la marea de despidos.
Estas pérdidas de empleo hacen que sea más difícil encontrar un
puesto de trabajo. Todd Wilson, un vendedor de ordenadores de
Kansas, lo explica de la siguiente manera: "Cualquiera que ahora
busque empleo siente el tsunami económico. Puede sentir como de
repente todo se desmorona". Según Heidi Shierholz, economista del
Economic Policy Institute, por cada puesto de trabajo hay cuatro
candidatos. "Literalmente hay millones de trabajadores desocupados
que no tienen esperanza de encontrar un nuevo empleo. La cola es
demasiado larga". Y según el economista jefe del Mid-America
Regional Council, Frank Lenk, por cada empleo perdido en una
empresa, como media se perderán otros dos más.
Durante el boom anterior ya vimos la destrucción de unos
dos millones de empleos manufactureros, ahora en la recesión actual
presenciamos despidos aún más masivos, esto es lo mejor que puede
ofrecer el capitalismo. Y todo esto sucede cuando el conocimiento
humano, la tecnología, la ciencia y la productividad son más
elevados que nunca antes en la historia humana. Los efectos han sido
devastadores. Una ciudad, Elkhart, en Indiana, ha perdido más
rápidamente empleos que ninguna otra ciudad del país, la tasa de
paro hace exactamente un año era del 4,7% y hoy supera el 15%.
No es de extrañar que los estadounidenses estén más preocupados
que nunca. Casi la mitad de los encuestados en un reciente sondeo
mostraba preocupación ante la posibilidad de perder sus empleos. El
80% piensa que el país va en "la dirección equivocada". La confianza
del consumidor se ha hundido en un solo año, de 76,4 a 25 puntos.
Pero detrás de las estadísticas se encuentran los trabajadores
individuales con familias, amigos, casas, sueños y esperanzas de
futuro. Cuando desaparecen los empleos, los pagos de las hipotecas
son una amenaza, se evaporan los ahorros y las tarjetas de crédito
se agotan, el futuro para millones de trabajadores norteamericanos
es cada vez más sombrío. La dura realidad de la vida bajo el
capitalismo, la destrucción del "sueño americano" sepultado por una
avalancha de deudas, ha llevado a muchos a la desesperación.
El mismo día que desaparecían 68 000 empleos, se sabía que
Citigroup, un receptor importante del plan de rescate bancario, iba
a comprar un avión privado para sus ejecutivos, valorado en 45
millones de dólares.
Actualmente, existe un ambiente de conmoción, incredulidad,
ansiedad, miedo y depresión. Pero no durará eternamente. Existe un
cuestionamiento profundo del propio sistema. Ya hemos visto el
aumento de la afiliación a los sindicatos, porque los trabajadores
comienzan a unirse para luchar colectivametne contra los ataques de
los empresarios.
Incluso la revista Newsweek decía: "Ahora todos somos
socialistas". Y aunque su comprensión del socialismo no tiene nada
que ver con el verdadero socialismo, el que la propia idea del
socialismo se discuta de manera destacada en realidad es un signo de
los nuevos tiempos, y también de los peligros que afronta el sistema
capitalista.
Y aquí es donde entra Barack Obama. La clase capitalista,
representada en el gobierno por los demócratas y los republicanos,
también ha visto cómo su confianza se desmoronaba. Pero aunque puede
que estén divididos en cómo poner la economía de nuevo en
funcionamiento, sí son unánimes en su defensa del sistema
capitalista.
Son conscientes de las consecuencias sociales de una crisis que
se puede escapar a su control. Por lo tanto, han elegido al mejor
hombre para confiar esa tarea: Barack Obama. A su vez, él ha reunido
a toda una galaxia de talento pro-capitalista e imperialista para
que le ayuden en su política. La tarea histórica del 44º presidente
de EE.UU. es clara: preservar a Estados Unidos de América tal y como
hoy los conocemos, es decir, su papel es defender el sistema
capitalista norteamericano en su época de decadencia imperialista.
Muchos tienen sinceras ilusiones en Obama. Pero, irónicamente,
las cosas irán peor con Obama que con Bush, no tiene nada que ver
con el individuo, sino con el sistema que defienden. En todas las
cuestiones políticas importantes Obama no se diferencia demasiado de
Bush. Su política exterior es una continuación de la aplicada por
Bill Clinton, una aproximación más sutil que intenta más recurrir a
la diplomacia que al "garrote". No es casualidad que Hillary Clinton
sea la elegida como secretaria de Estado.
Obama ha continuado la postura agresiva de Bush hacia la
revolución venezolana, acusando a Hugo Chávez de "impedir el
progreso en la región" y "exportar actividades terroristas". No está
a favor del final inmediato de la guerra en Iraq, está
intensificando la guerra en Afganistán y los ataques contra
Paquistán.
Su plan de estímulo económico, aunque refuerza algunos servicios
clave, en su mayor parte va destinado a los bancos y empresas, los
mismos defensores de este sistema que son en primer lugar los
responsables de este caos. En la cuestión clave de la inmigración,
lejos de apoyar la amnistía que millones de inmigrantes y
trabajadores pidieron hace dos años, lo que ha hecho es incrementar
la seguridad en la frontera y continuar con las redadas y
deportaciones. No está a favor de un sistema nacional de salud
gratuito y universal. No es partidario de ninguna moratoria para los
desahucios. No está a favor de la nacionalización de los bancos y
las industrias clave para que puedan ser utilizados en interés de la
mayoría de la clase obrera. En resumen, no está a favor de adoptar
medidas serias contra el sistema capitalista. Puede que frene este o
ese exceso, pero en cuanto a él se refiere, el sistema seguirá
intacto. (Fragmentos. Socialist Appeal)