En efecto, Hermes llegó muy lejos, según asegura Juan Alberto
Castellanos, un hombre que acompañó a Peña durante la gesta
argentina.
"A los 19 años se unió al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra,
bajo las órdenes de Ernesto Guevara. Era un joven callado, pero muy
enérgico, razón por la cual fue primero ayudante del Che, y después
parte de su escolta personal", asegura Castellanos.
"Cuando el Che y Masetti organizan la Operación Sombra, que
pretendía extender la lucha guerrillera por América, el primer
hombre elegido para secundarlo fue precisamente Hermes Peña Torres,
sinónimo de la confianza que Ernesto tenía en él; más adelante
también me selecciona a mí y a José María Martínez Tamayo, quien
luego caería combatiendo en tierras bolivianas", cuenta Juan
Alberto.
Parecía un nativo en aquella geografía inhóspita. Tenía un olfato
para desenvolverse en la selva como si estuviera en Cuba. A veces
salía a las 12 de la noche y regresaba sin problemas, explica el
combatiente, quien guarda el triste recuerdo de ser la persona que
identificó el cadáver de Hermes.
"Ya estaba prisionero cuado fui sacado de la gendarmería para
determinar la identidad del cadáver. Primero no dije nada porque en
verdad no lo reconocí. Entonces me golpearon salvajemente hasta
fracturarme una costilla. Al otro día sí me di cuenta de que era
Hermes. En medio de un profundo dolor lo coloqué en el ataúd",
expresa el ex guardaespaldas del Che.
Otro de los sobrevivientes del grupo, Carlos Bandoni, recuerda la
extraordinaria capacidad de Hermes Peña para desenvolverse en la
selva: "Tenía que cruzar un río cumpliendo una orden. Me encontraba
entonces en un gran problema. No sabía elegir el paso (...), después
de mucho pensar, cuando me decidía, casi siempre me perdía en un
pozo. Todo al revés sucedía cuando ya en grupo, dirigido por el
capitán Hermes, nos encontrábamos en la playa de un río. Hermes
echaba solo una mirada, se fijaba en las corrientes, remansos, y
después sin titubear, nos indicaba el paso. Esta actitud propia de
un guerrillero consumado me despertaba asombro y admiración por
Hermes".
En mayo del 2005 sus restos fueron exhumados y traídos a Cuba.
Con total justicia se decidió que el mejor lugar para el descanso
era el Mausoleo erigido en Santa Clara para custodiar a su jefe, el
Guerrillero Heroico, y sus compañeros caídos en la gesta boliviana.