Nuestro país no escapa a esa realidad. En Cuba la esperanza de
vida al nacer es de 77,97 años, según los últimos estimados de la
Oficina Nacional de Estadísticas, pero es de 80 para las mujeres y
de 76 para los hombres.
Una delegada al Congreso Internacional Longevidad Satisfactoria,
que cerró sus puertas ayer con un Encuentro de Centenarios, la
doctora Lilliams Rodríguez Rivera, indica que la ciencia desconoce
aún el porqué de esta realidad, aunque para alcanzar una mayor
longevidad se alegan en general factores genéticos, biológicos y
sociales.
Sin embargo, la Vicedirectora del Centro de Investigaciones sobre
Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED) subraya que el hecho de
que las mujeres vivan más no es sinónimo de mejor salud. Cuando se
comparan hombres y mujeres que sobrepasan la curva de los 60 años,
en lo biológico "la peor salud" recae en las mujeres por
enfermedades degenerativas que limitan su diario vivir con el
incremento de discapacidades.
En el plano social, prácticamente desde el surgimiento de la
humanidad, la mujer desempeña el papel de "cuidadora" de sus hijos,
de enfermos y de adultos mayores, entre otras muchas
responsabilidades en casa. En Cuba son las cuidadoras principales,
según estudios, de adultos mayores con demencia y discapacidades, lo
cual les impone una sobrecarga desde el punto de vista psicológico,
y les comporta depresión, agotamiento y sentimientos de
culpabilidad.
Y algo esencial: ello les impide o limita incluso acudir a los
servicios de salud para recibir la atención médica requerida.
Para la profesora Rodríguez Rivera, Máster en Salud Pública y
Envejecimiento, el gran desafío hoy radica en que, además de vivir
más, las mujeres puedan incrementar su calidad de vida, la salud y
el bienestar general. No obstante, dice, vivimos más, al parecer por
los factores genéticos involucrados en la longevidad.