La agricultura ante desastres naturales

Sin concesiones a la improvisación

Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu

Las cuantiosas pérdidas económicas que ocasionaron en la agricultura los huracanes Gustav, Ike y Paloma en el 2008 podrán ser menores, ante fenómenos así, de existir calidad y la integralidad necesarias en los planes de reducción de desastres.

Foto: Jorge Luis González El desmontaje de las estructuras de las casas de cultivo hay que realizarlo en la fase de alerta ciclónica y la preparación de las brigadas para el desmontaje en la fase informativa.

Estos no recogen, en sentido general, las medidas para aplicar en situaciones extremas. En cambio, son indicaciones que aparecen en documentos rectores emitidos por las distintas esferas de dirección a partir de experiencias anteriores y estudios de carácter preliminar. Tales orientaciones deben adecuarse a las condiciones concretas de cada lugar con el máximo de detalles.

A la hora de llevar a la práctica esas medidas, se evidenció la poca preparación y conocimientos que, sobre el particular, muestran algunos niveles de dirección en el sector, con énfasis en empresas y unidades presupuestadas. Esto impide un examen objetivo de los riesgos, vulnerabilidades, la adopción de medidas oportunas, y la evaluación y cuantificación de daños y pérdidas.

SOLUCIÓN A VIEJOS PROBLEMAS

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, señaló al resumir la reunión ampliada del Consejo de Defensa Nacional, que el análisis de estas experiencias y las decisiones adoptadas en los últimos años han permitido fortalecer el sistema de Defensa Civil, pero aún se mantienen "viejos" problemas sin una solución adecuada y existen indicaciones que no han sido totalmente cumplidas.

Las pérdidas en la agricultura son en verdad impresionantes, en cambio todos elogian la actitud y el ejemplar comportamiento de los trabajadores en los colectivos durante y posterior al azote de los huracanes, lo cual impidió que, pese a las debilidades identificadas, los destrozos fueran mayores.

El rescate y el acopio de cuanto material pudiera ser útil en la reparación de los daños contribuyeron a que, al cierre de abril, centros y unidades cuyas instalaciones y parte del equipamiento quedaron casi inutilizados, hayan vuelto a la normalidad, parcial o total.

En la última década, los ciclones tropicales han incrementado su recurrencia e intensidad, exigiendo de todos una permanente adecuación en las medidas que se planifican para minimizar la magnitud de su impacto. Las vulnerabilidades encontradas, su estudio y el reciente análisis realizado en la reunión ampliada del Consejo de Defensa Nacional permitirán la adopción de medidas que conviertan las debilidades en fortalezas para enfrentar, con mecanismos más engrasados, desastres de esta índole.

Ante la cercanía de un fenómeno meteorológico la orientación es precisa: no dejar para la fase de alarma ninguna medida práctica que ponga en peligro la vida de sus ejecutores.

El estado cubano que ante cualquier emergencia, y pese a sus limitaciones, emplea los recursos a su alcance para proteger a la población y sus bienes, considera imprescindible sistematizar el control a las provincias para valorar el grado de cumplimiento de los planes de reducción de desastre desde la base productiva.

En el intercambio y en los informes valorados en las reuniones de los consejos de defensa provinciales, el propio Ministerio de la Agricultura admite la falta de una estrategia clara para cada rama, cultivos y para máquinas de riego de pivote central, casas de cultivo protegido y semiprotegido, de qué hacer, cómo hacerlo y en qué momento, según la trayectoria del huracán y su categoría.

Para esto se creó en dicho Ministerio un Grupo Polivalente, con especialistas de la producción e investigadores de los diferentes institutos que estudien y propongan la estrategia que corresponda para enfrentar huracanes de gran intensidad.

La orden para ejecutar el desmontaje de la cobertura y de las estructuras de las casas de cultivo protegido debe ubicarse en la fase de alerta, y en la informativa la preparación de las brigadas para el desmontaje. De estas instalaciones 1 136 sufrieron las consecuencias de los huracanes en estructuras, techos y laterales. Al cierre de abril sumaban 859 las recuperadas y se trabajaba en las restantes. El incumplimiento de lo orientado para estos casos empeoró la situación.

NECESARIA PREVISIÓN

Lo sucedido en pasados años —reconoce el organismo— advierte sobre la necesidad de ubicar el cultivo semiprotegido, siempre que sea posible, en lugares altos, con menor riesgo de inundación. Las 10,5 hectáreas que sufrieron daños, ya están en producción.

Algo similar ocurrió con los 1 563 molinos de viento que paralizaron sus operaciones. Aquí también falló la previsión al no bajarse la estructura completa con los medios necesarios y no tener constituidas las brigadas. En la mayoría de los casos el diseño no contempla el desmontaje de las máquinas y la torre. Hoy extraen agua de nuevo 1 327. Este es un saldo negativo que no debe repetirse.

Las 114 138,5 hectáreas de viandas, hortalizas, granos y frutales perdidas en entidades del Ministerio de la Agricultura repercutieron negativamente en la disponibilidad de alimentos para la población.

En un país como el nuestro debe tenerse en cuenta una estructura de cultivos y variedad para las épocas de huracanes, intensas sequías y lluvias. En este punto es imprescindible buscar soluciones en las áreas bajas.

Ante la llegada de un huracán la medida es cosechar el plátano y la yuca que se pueda y dejar en pie las plantaciones en fomento. Tales cultivos exigen mantener la escalera de producción, un ritmo de siembra mensual y concentrar el grueso en zonas del centro y el oriente, por lo general menos vulnerables. Donde el suelo, el clima y el riego lo faciliten, la orientación es incrementar la malanga, el ñame y el boniato.

Hay disposiciones técnicas casi históricas, pero se violan. Ante áreas de inundaciones, por ejemplo, urge descompactar los suelos y favorecerlos por vía de la nivelación y drenaje interno y externo. Este sistema presenta una situación crítica en un elevado por ciento del área agrícola. A ello se une un deficiente mantenimiento, lo cual impide el rápido desagüe de las aguas que invaden los campos y deterioran lo sembrado.

Una parte apreciable de los techos de instalaciones pecuarias y agrícolas recibieron graves daños al carecer de la protección adicional —indicada en los planes—como sacos de arena, sujeción con cabillas o sogas. Se han restablecido 1 023 naves avícolas (el 94% de las necesitadas) y 655 de las porcinas (90%).

Al fijarse las nuevas cubiertas de techo se incumplieron las reglas técnicas de montaje al no "rematarse" con esquineros las paredes de las naves. El mensaje es claro: en producciones tan necesarias como la carne porcina y el huevo, si prima la exigencia, el control y todo se hace bien, aun en los tiempos críticos, las pérdidas pueden disminuir.

La dirección de la Agricultura coincide con lo planteado por el Segundo Secretario del Partido, al subrayar que buena parte de las pérdidas registradas, entre ellas en el café (despulpadoras, posturas, plantaciones), las afectaciones en 37 649 colmenas, restablecidas en un 84% y en las 474 instalaciones no industriales y agropecuarias y en muchas otras, corresponde a la falta de previsión, organización y exigencia sistemática y al incumplimiento de las normas jurídicas que rigen esas actividades.

Como apuntó Raúl, el enfrentamiento decidido y permanente a estos problemas tiene que constituir una dirección de trabajo de la mayor prioridad, cumplir al máximo las acciones de recuperación que aún tenemos por delante y a prepararnos mejor para las próximas temporadas ciclónicas.

La producción de alimentos, con la menor inversión posible de recursos, deviene, más en estos tiempos de crisis económica mundial, algo estratégico para todos los cubanos.

 

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