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La agricultura ante desastres naturales
Sin concesiones a la improvisación
Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu
Las cuantiosas pérdidas económicas
que ocasionaron en la agricultura los huracanes Gustav, Ike y Paloma
en el 2008 podrán ser menores, ante fenómenos así, de existir
calidad y la integralidad necesarias en los planes de reducción de
desastres.
El
desmontaje de las estructuras de las casas de cultivo hay que
realizarlo en la fase de alerta ciclónica y la preparación de las
brigadas para el desmontaje en la fase informativa.
Estos no recogen, en sentido general, las medidas para aplicar en
situaciones extremas. En cambio, son indicaciones que aparecen en
documentos rectores emitidos por las distintas esferas de dirección
a partir de experiencias anteriores y estudios de carácter
preliminar. Tales orientaciones deben adecuarse a las condiciones
concretas de cada lugar con el máximo de detalles.
A la hora de llevar a la práctica esas medidas, se evidenció la
poca preparación y conocimientos que, sobre el particular, muestran
algunos niveles de dirección en el sector, con énfasis en empresas y
unidades presupuestadas. Esto impide un examen objetivo de los
riesgos, vulnerabilidades, la adopción de medidas oportunas, y la
evaluación y cuantificación de daños y pérdidas.
SOLUCIÓN A VIEJOS PROBLEMAS
El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, señaló al resumir la reunión
ampliada del Consejo de Defensa Nacional, que el análisis de estas
experiencias y las decisiones adoptadas en los últimos años han
permitido fortalecer el sistema de Defensa Civil, pero aún se
mantienen "viejos" problemas sin una solución adecuada y existen
indicaciones que no han sido totalmente cumplidas.
Las pérdidas en la agricultura son en verdad impresionantes, en
cambio todos elogian la actitud y el ejemplar comportamiento de los
trabajadores en los colectivos durante y posterior al azote de los
huracanes, lo cual impidió que, pese a las debilidades
identificadas, los destrozos fueran mayores.
El rescate y el acopio de cuanto material pudiera ser útil en la
reparación de los daños contribuyeron a que, al cierre de abril,
centros y unidades cuyas instalaciones y parte del equipamiento
quedaron casi inutilizados, hayan vuelto a la normalidad, parcial o
total.
En la última década, los ciclones tropicales han incrementado su
recurrencia e intensidad, exigiendo de todos una permanente
adecuación en las medidas que se planifican para minimizar la
magnitud de su impacto. Las vulnerabilidades encontradas, su estudio
y el reciente análisis realizado en la reunión ampliada del Consejo
de Defensa Nacional permitirán la adopción de medidas que conviertan
las debilidades en fortalezas para enfrentar, con mecanismos más
engrasados, desastres de esta índole.
Ante la cercanía de un fenómeno meteorológico la orientación es
precisa: no dejar para la fase de alarma ninguna medida práctica que
ponga en peligro la vida de sus ejecutores.
El estado cubano que ante cualquier emergencia, y pese a sus
limitaciones, emplea los recursos a su alcance para proteger a la
población y sus bienes, considera imprescindible sistematizar el
control a las provincias para valorar el grado de cumplimiento de
los planes de reducción de desastre desde la base productiva.
En el intercambio y en los informes valorados en las reuniones de
los consejos de defensa provinciales, el propio Ministerio de la
Agricultura admite la falta de una estrategia clara para cada rama,
cultivos y para máquinas de riego de pivote central, casas de
cultivo protegido y semiprotegido, de qué hacer, cómo hacerlo y en
qué momento, según la trayectoria del huracán y su categoría.
Para esto se creó en dicho Ministerio un Grupo Polivalente, con
especialistas de la producción e investigadores de los diferentes
institutos que estudien y propongan la estrategia que corresponda
para enfrentar huracanes de gran intensidad.
La orden para ejecutar el desmontaje de la cobertura y de las
estructuras de las casas de cultivo protegido debe ubicarse en la
fase de alerta, y en la informativa la preparación de las brigadas
para el desmontaje. De estas instalaciones 1 136 sufrieron las
consecuencias de los huracanes en estructuras, techos y laterales.
Al cierre de abril sumaban 859 las recuperadas y se trabajaba en las
restantes. El incumplimiento de lo orientado para estos casos
empeoró la situación.
NECESARIA PREVISIÓN
Lo sucedido en pasados años —reconoce el organismo— advierte
sobre la necesidad de ubicar el cultivo semiprotegido, siempre que
sea posible, en lugares altos, con menor riesgo de inundación. Las
10,5 hectáreas que sufrieron daños, ya están en producción.
Algo similar ocurrió con los 1 563 molinos de viento que
paralizaron sus operaciones. Aquí también falló la previsión al no
bajarse la estructura completa con los medios necesarios y no tener
constituidas las brigadas. En la mayoría de los casos el diseño no
contempla el desmontaje de las máquinas y la torre. Hoy extraen agua
de nuevo 1 327. Este es un saldo negativo que no debe repetirse.
Las 114 138,5 hectáreas de viandas, hortalizas, granos y frutales
perdidas en entidades del Ministerio de la Agricultura repercutieron
negativamente en la disponibilidad de alimentos para la población.
En un país como el nuestro debe tenerse en cuenta una estructura
de cultivos y variedad para las épocas de huracanes, intensas
sequías y lluvias. En este punto es imprescindible buscar soluciones
en las áreas bajas.
Ante la llegada de un huracán la medida es cosechar el plátano y
la yuca que se pueda y dejar en pie las plantaciones en fomento.
Tales cultivos exigen mantener la escalera de producción, un ritmo
de siembra mensual y concentrar el grueso en zonas del centro y el
oriente, por lo general menos vulnerables. Donde el suelo, el clima
y el riego lo faciliten, la orientación es incrementar la malanga,
el ñame y el boniato.
Hay disposiciones técnicas casi históricas, pero se violan. Ante
áreas de inundaciones, por ejemplo, urge descompactar los suelos y
favorecerlos por vía de la nivelación y drenaje interno y externo.
Este sistema presenta una situación crítica en un elevado por ciento
del área agrícola. A ello se une un deficiente mantenimiento, lo
cual impide el rápido desagüe de las aguas que invaden los campos y
deterioran lo sembrado.
Una parte apreciable de los techos de instalaciones pecuarias y
agrícolas recibieron graves daños al carecer de la protección
adicional —indicada en los planes—como sacos de arena, sujeción con
cabillas o sogas. Se han restablecido 1 023 naves avícolas (el 94%
de las necesitadas) y 655 de las porcinas (90%).
Al fijarse las nuevas cubiertas de techo se incumplieron las
reglas técnicas de montaje al no "rematarse" con esquineros las
paredes de las naves. El mensaje es claro: en producciones tan
necesarias como la carne porcina y el huevo, si prima la exigencia,
el control y todo se hace bien, aun en los tiempos críticos, las
pérdidas pueden disminuir.
La dirección de la Agricultura coincide con lo planteado por el
Segundo Secretario del Partido, al subrayar que buena parte de las
pérdidas registradas, entre ellas en el café (despulpadoras,
posturas, plantaciones), las afectaciones en 37 649 colmenas,
restablecidas en un 84% y en las 474 instalaciones no industriales y
agropecuarias y en muchas otras, corresponde a la falta de
previsión, organización y exigencia sistemática y al incumplimiento
de las normas jurídicas que rigen esas actividades.
Como apuntó Raúl, el enfrentamiento decidido y permanente a estos
problemas tiene que constituir una dirección de trabajo de la mayor
prioridad, cumplir al máximo las acciones de recuperación que aún
tenemos por delante y a prepararnos mejor para las próximas
temporadas ciclónicas.
La producción de alimentos, con la menor inversión posible de
recursos, deviene, más en estos tiempos de crisis económica mundial,
algo estratégico para todos los cubanos. |