Los
hombres y las mujeres le debemos al mar mucho más que el origen
inicial de nuestro género humano.
Para la mayoría de los cubanos es, además, una sana fuente de
esparcimiento y relajación. Pero no siempre tenemos en cuenta que la
salud de nuestros océanos, la fauna y la flora que viven en ellos,
dependen de nosotros, simples mortales, mucho más de lo que
imaginamos. No se trata solo de unirnos a grupos que marchen y
accionen a favor de la ecología. Se trata de ubicar nuestros
desechos en los sitios adecuados, no extraer arena de las playas, no
pescar especies en sus temporadas reproductivas, y mucho menos las
que se encuentran en peligro de extinción.
En las manos de todos está la posibilidad de continuar
disfrutando de los beneficios de esta gran masa de agua. De que, en
un futuro, nuestros niños no tengan que contentarse con la imagen de
un alcatraz de piedra, sino con la maravillosa experiencia de darles
de comer con sus propias manos... de presenciar su vuelo tranquilo y
orondo sobre las aguas.