Gran Bretaña

El enojo de Gordon Brown

ARSENIO RODRÍGUEZ

El primer ministro británico, Gordon Brown, está muy enojado. Y con razón. Pero más importante es que miles y miles de sus compatriotas están más enojados que él. Y con más razón.

Martin se va y Brown, ¿terminará el mandato?

Sucede que con el mes de mayo estalló un nuevo escándalo en la Cámara de los Comunes, que nada más y nada menos, involucraba a su presidente, Michael Martin, con el agravante que el hecho dañó fuertemente la imagen pública de la clase política local.

¿Qué provoca el enojo generalizado de los británicos?

Antes de comentarlo, los despachos cablegráficos procedentes de Londres señalan que es la primera vez, en más de 300 años de historia británica, que un "speaker" de los Comunes es forzado a renunciar presionado por los diputados.

Como antecedente se señala que la anterior retirada de tan importante cargo, sucedió en 1695, con la salida de Sir John Trevor, quien fuera destituido por aceptar 1 000 libras esterlinas como soborno de algunos influyentes hombres de negocios, aunque existen versiones de casos anteriores, con el agravante de correr peor suerte.

¿De qué se acusa al Presidente?

De hacer uso del dinero público para cubrir los gastos de los parlamentarios, en muchos casos de tipo personal y, en algunos, de gran extravagancia, además de hacerse de la vista gorda ante otras irregularidades que precisamente debía evitar.

Cobros por ejemplo, correspondientes al alimento para mascotas como un caballo, o ventas de segundas residencias con fines especulativos, para no hablar de otras "menudencias".

El escándalo estalla cuando el diario Daily Telegraph comenzó a publicar informes que indicaban cómo los legisladores aprovechaban el sistema de gastos para complementar su salario anual, de alrededor de 65 000 libras esterlinas (unos 100 700 dólares), lo que puso en la picota pública la reputación del Parlamento.

¿Qué provoca el enojo del Premier?

Sobre todo, el escándalo incrementa la impopularidad de su gobierno y puede hasta provocar que no termine el tiempo que le falta de su mandato, además de dañar aún más su figura.

¿Y el de los ciudadanos?

Los británicos no escapan a las consecuencias de la crisis económica global, a pesar de la fortaleza de su moneda. Enterarse por la prensa del mal uso del presupuesto público los indigna y con toda razón exigen medidas disciplinarias.

De hecho la primera víctima del escándalo es el propio Martin, quien el martes 19 de mayo anunció la dimisión y dejará su cargo el 21 de junio próximo.

Pero el asunto no se queda ahí. También afecta la credibilidad de todos los partidos presentes en la Cámara, situación que permitió a la oposición, un día antes de la renuncia, pedir la convocatoria inmediata de elecciones generales, argumentando "que el sistema político está paralizado por el escándalo".

Quien presentó la propuesta fue el conservador David Cameron, líder del partido que encabeza todos los sondeos de intención de voto. No creo "que el país quiera esperar otro año para juzgar a sus políticos y su Parlamento", dijo a la prensa al referirse a los comicios previstos para el 2010.

Un termómetro de hasta dónde ha golpeado el escándalo a los laboristas en el gobierno, serán las elecciones locales y europeas de junio, donde todas las encuestas le auguran un total descalabro al partido gobernante.

Pero el escándalo que ha provocado la actual situación política en el Reino Unido no es el primero este año.

Gran resonancia tuvo el provocado por el diputado laborista Nigel Griffiths, dado a conocer por el periódico local News of The Woled, al publicar un encuentro sexual con una mujer en su despacho.

Al parecer, para algunos políticos, lo acontecido dentro de poco será otra vuelta de página, porque este tipo de historias es de vieja data.

 

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