Aunque
Omar Felipe Mauri Sierra está convencido de que la literatura
infantil en Cuba "no significa un reconocimiento extraordinario
dentro del mundo de las ceremonias, los medios literarios y de
comunicación", se entrega a ella por verdadera vocación, tanto que
su nombre integra la preciada lista de los escritores más conocidos
actualmente en el género.
"Eso lejos de inquietarme me gusta porque son en definitiva los
muchachos quienes más recuerdan la obra de uno, crecen con ese
servicio que les hemos hecho. Por esto creo que la literatura
infantil le lleva cierta ventaja al resto de las manifestaciones
literarias, comenta a esta redactora en medio del ajetreo que le
conllevan las responsabilidades como secretario de la presidencia de
la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
La
historia de sus primeros años de vida se gestó en el habanero
poblado de Bejucal, donde nació sin lujos en 1959. El gusto por la
literatura se le despertó cuando cumplidos los 8 años pudo asistir
asiduamente a la recién creada biblioteca de la localidad. "Luego
empezó aquella lluvia de libros que representó la Imprenta Nacional
de Cuba. Leí la primera edición del Quijote en cinco tomos y muchos
otros títulos. Fue una bendición extraordinaria que me marcó para
toda la vida; descubrí en las letras, en el arte, una puerta hacia
el infinito".
Graduado de la carrera de letras en el Instituto Superior
Pedagógico Enrique José Varona, el autor de Un patio así
(1983), Amigos del patio (1984 y 1986) Vacaciones en
Romerillo (1991), Alguien borra las estrellas (1994) o
Historias de medianoche (2006), observa con optimismo el empuje
de la literatura para niños y adolescentes en la Isla. "En las
últimas producciones para las ferias del libro hemos descubierto no
solo nuevos nombres, sino también variados temas. Han aparecido un
sinnúmero de jóvenes que vienen buscando diferentes horizontes".
En cuanto a los temas, ¿faltarán algunos por abordar? "Nada
le es ajeno", dice, pero declara su inconformidad con el tratamiento
de algunos asuntos "porque creemos que pudiesen ser más poéticos,
más humanos, más profundos, que tuviesen soluciones más
constructivas para la formación de los niños". Mauri alerta, además,
sobre la importancia de incorporar con mayor sistematicidad a la
narrativa o el verso la vida en las montañas, en el campo cubano,
porque, en ocasiones, no se encuentra suficientemente representado
su universo. Considera también que debe extenderse la mirada
solidaria hacia las tradiciones culturales de los pueblos del
continente latinoamericano.
Hay quienes refieren que está relegada la literatura infantil en
nuestro mundo cultural...
"Tengo una alta estima de lo que hago y del sector al que me
dedico. Naturalmente, reconozco que los medios para la difusión de
la literatura infantil a veces son escasos, me refiero a revistas
especializadas, a espacios de debate, que en unos territorios
existen más que en otros. Por ejemplo, en Sancti Spíritus se cumplen
20 años de unos eventos de investigación crítica y teoría sobre la
literatura infantil que se van a celebrar ahora en el mes de mayo".
"A veces los pabellones infantiles de la feria en las provincias
quedan solamente en lo artístico y en presentaciones de libros que
es cierto, animan a los niños a leer y ese es el gran objetivo, pero
también quisiéramos que existieran suficientes encuentros teóricos
de más hondura como aquí en La Cabaña, donde se realiza desde hace
unas cuantas ediciones un intercambio de esa naturaleza llamado
Una merienda de locos con momentos de absoluta brillantez".
Narrador, ensayista y poeta, Omar Felipe Mauri asevera:
"extrañamos los libros de teoría, de crítica literaria sobre este
género" e insiste en que "la crítica que se ejerce en los
periódicos, las revistas, tampoco llega a ser muy visible. Es muy
esporádica".
No se da por vencido, sin embargo. "Nada de esto me hace sentir
minusválido frente al resto de los escritores. Soy feliz porque el
destinatario es mucho más grande y a él hay que entregarse con
limpieza de alma".