Era imposible la Revolución en Cuba sin una Reforma Agraria,
había sido prometida por la Generación del Centenario en el Programa
del Moncada; propuesta por el Congreso Campesino en Armas, que
presidió el Comandante Raúl Castro en el II Frente Oriental Frank
País García, el 21 de septiembre de 1958, y puesta en vigor en los
territorios liberados por el Ejército Rebelde, el 10 de octubre de
ese propio año, cuando el Comandante en Jefe aprobó la Orden No. 3:
"Sobre el derecho de los campesinos a la tierra".
A escasos cuatro meses y medio del triunfo revolucionario, el 17
de mayo de 1959 fue proclamada la Reforma Agraria, que proscribió el
latifundio y gratuitamente convirtió en propietarias a 150 000
familias que tenían que pagar por las parcelas que cultivaban. Otras
200 000 resultaron beneficiadas mediante formas de posesión que no
implicaron la propiedad. ¿Cuántos se beneficiaron? Millones, pero
sobre todo la patria recobraba para sí y para sus hijos el derecho a
la tierra. ¿A qué precio? La sangre y el sacrificio de generaciones
de cubanos. Mas no fue suficiente, la Ley lesionaba los intereses de
la oligarquía de los latifundistas, a pesar de que en su concepción
no había primado un espíritu de revancha y reconocía el derecho a la
indemnización por los bienes expropiados a pagar en bonos.
Cuba no podía indemnizar en efectivo, los personeros de Batista
se marcharon con 424 millones de dólares de la reserva y los
depositaron en bancos norteamericanos, lo cual se conocía en
Washington. Incluso el 24 de febrero de 1959, The New York Times
había denunciado que: "[... ] la mayor parte de los fondos
cubanos volaron al extranjero con Batista y sus compinches".
Sin embargo, la medida revolucionaria causó "consternación" en
los diarios norteamericanos y empresas estadounidenses amenazaron
con que Cuba enfrentaría "una catástrofe si pone en vigor la Ley de
Reforma Agraria". Cuatro grandes transnacionales que controlaban más
de 700 000 hectáreas de tierras en la isla: Atlántica del Golfo,
Grupo Rionda, Cuban American Sugar y la United Fruit Sugar Company
elevaron un memorando al Departamento de Estado solicitando "mayor
autoridad a Estados Unidos para cambiar las cuotas de importación de
azúcar [... ] como medida de defensa".
Cuando el 3 junio de 1959 entró en vigor la Ley de Reforma
Agraria, en las oficinas centrales de la CIA, en Lanley, había un
ajetreo inusitado. Su director general, Allen Dulles, intentó evitar
el triunfo del 1ro. de Enero de 1959, pero luego de la victoria
rebelde recibió indicaciones de actuar con cautela, utilizando
métodos de influencia subversiva para minar el proyecto desde
dentro. No es hasta esta fecha en que se precipitan los
acontecimientos y Washington llega a una grave conclusión: "No es
posible lograr nuestros objetivos con Castro"; por tanto la Casa
Blanca dio luz verde a un programa que el Departamento de Estado
había estado elaborando de conjunto con la CIA para: "ajustar todas
nuestras acciones, de tal manera que se acelerara el desarrollo de
una oposición en Cuba que produjera un cambio en el Gobierno cubano,
resultante en un nuevo Gobierno favorable a los intereses de Estados
Unidos".
Pero como es tradición, en Lanley necesitaban de un disfraz para
"proteger" sus acciones y echaron manos al siniestro pretexto de
moda en la época: la amenaza del comunismo soviético. En
junio la CIA trabajaría en coordinación con el Subcomité de
Seguridad Interna del Senado, convocando a Audiencia a "desertores"
del Gobierno y las fuerzas armadas revolucionarias para, en el
contexto de la guerra fría, intentar "demostrar" que Cuba
representaba una amenaza para la Seguridad Nacional de Estados
Unidos. Es necesario aclarar que para esa fecha nuestro Estado no
había entrado en contacto con la dirección de la URSS, ni se había
proclamado el carácter socialista de la Revolución cubana.
Pero los hilos del gran capital yanki, que tras bambalinas mueven
el entretejido político de Washington, no habían sido
suficientemente tensados, necesitaban un hombre con influencia
bipartidista. Nadie como el senador George Smathers, amigo íntimo
tanto del entonces vicepresidente republicano Richard Nixon como del
candidato presidencial demócrata John F. Kennedy, quien en 1954 les
había sido muy útil a la United Fruit Company y a la CIA durante el
golpe de Estado contra Jacobo Árbenz en Guatemala, luego de que
promulgara una Reforma Agraria.
A manera de ultimátum, el 11 de junio de 1959 el Departamento de
Estado envió una Nota Diplomática al Ministerio de Relaciones
Exteriores de la República de Cuba, mediante su sede en La Habana,
exigiendo el pago "rápido, adecuado y en efectivo" por los bienes
expropiados a las empresas norteamericanas.
Sobre este particular, en el libro El lobby cubano en Estados
Unidos de 1959 hasta nuestros días, el politólogo Salim Lamrani
relata que el entonces embajador norteamericano en Cuba, Philip
Bonsal, había informado a Washington: "[¼ ] con respecto a las
cláusulas de la ley de Reforma Agraria para el pago de las tierras
expropiadas, la Embajada no toma esto como un signo de
antiamericanismo, se inclina más bien a aceptar como sincera la
defensa hecha por el Gobierno cubano en cuanto a dicha ley, sobre la
base de que no está en condiciones financieramente para compensar de
manera justa, rápida y efectiva, y que por razones revolucionarias,
no puede posponer la reforma agraria hasta que sus finanzas se
mejoren".
Por su actitud menos confrontacional Philip Bonsal fue
compartimentado sobre el programa de acciones encubiertas puesto en
marcha contra Cuba. Años después él reconoció en sus memorias que
mientras el presidente Eisenhower proclamaba, el 26 de enero de
1960, que no intervendría en los asuntos internos cubanos, desde
varios meses atrás daba pasos en sentido inverso.
A partir de febrero de 1960 Eisenhower se mostró particularmente
activo. El día 17 instruyó a la CIA acelerar los planes anticubanos,
que incluían organizar una invasión contra la isla por los
"exiliados"; ese propio mes viajó por primera vez a Brasil,
Argentina, Chile y Uruguay para sondear las opiniones sobre la
posibilidad de implementar sanciones contra Cuba en el marco de la
OEA; el 4 de marzo se reuniría en la Casa Blanca con George Smathers,
para comentarle sus "progresos" durante la gira por Sudamérica y
concertar la estrategia a seguir, y 13 días después aprobaría el
"Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro".
La historia posterior se conoce: suspensión de la cuota
azucarera; promoción de sabotajes, hechos terroristas e intentos de
magnicidio y finalmente el descalabro de la invasión mercenaria por
Playa Girón, que constituyó la primera victoria sobre el
imperialismo yanki en América, pero costó a Cuba la vida de 176 de
sus mejores hijos, mientras que más de 300 resultaron heridos.
Revelaciones publicadas en The New York Times, el 19 de agosto de
1970, a partir de documentos desclasificados por la Biblioteca
Memorial John F. Kennedy, corroboran que los mismos actores que
protagonizaron el golpe de Estado contra Guatemala, organizaron la
invasión de Playa Girón y procuraron incluso acciones más pérfidas
aún. El citado artículo refería:
"En una entrevista grabada en 1964 el senador norteamericano e
íntimo amigo de John Kennedy, George Smathers, recordó cómo durante
la campaña presidencial de 1960 habló frecuentemente con Kennedy
sobre los posibles medios para acabar con el régimen castrista en
Cuba. La conversación llevó a considerar cómo reaccionaría la
opinión pública nacional y mundial ante un asesinato de Fidel
Castro.
"Smathers dijo: «Por lo que yo recuerdo, Kennedy se limitó a
lanzar un torrente de preguntas. Estaba seguro de que sería
perfectamente posible asesinar a Castro —me acuerdo muy bien de
ello—, que no sería ningún problema. Pero la cuestión estaba en
saber si con ello se conseguiría lo que él quería lograr y si la
reacción en Hispanoamérica sería buena o mala. Hablamos de ello,
pero yo entonces consideraba (y luego supe que él pensó de igual
modo) que no era atractiva la idea del asesinato, especialmente
teniendo en cuenta que los Estados Unidos serían inmediatamente
denunciados como los culpables».
"Cuando el asunto del asesinato quedó rechazado, Smathers sugirió
que se podía provocar un incidente en la base naval norteamericana
de Guantánamo, en la parte oriental de Cuba, a fin de obtener un
pretexto para una acción militar. El Presidente le pidió que le
enviara un memorándum sobre esta idea, pero Smathers no sabe si lo
guardó o lo desechó. Lo que sí recuerda es que después del fracaso
de la invasión de Bahía de Cochinos, que él había recomendado
fuertemente, su influencia con Kennedy disminuyó. A principios de
1962 el Presidente le dijo: «George, me gusta muchísimo que vengas y
quiero que me visites, pero hazme un favor: no me hables más sobre
Cuba»."
En la Cumbre del ALBA desarrollada en Cumaná, Venezuela, el
pasado 16 de abril, el General de Ejército Raúl Castro Ruz
desenmascaró las "razones" que verdaderamente sustentaron la
reacción de Estados Unidos contra Cuba en la primavera de 1959:
"¿Por qué nos agredieron? Esa agresión se planificó por el mismo
trío que agredió Guatemala siete años antes, antes que en Cuba se
mencionara la palabra Socialismo. Sucedió que 4 meses y medio
después del triunfo, el 17 de mayo de 1959, se aprobó la primera
Reforma Agraria en nuestro país, la ley más importante después del
triunfo de la Revolución hasta ese momento. Yo digo que ese fue el
Rubicón por el que pretendieron condenar a muerte a la Revolución
cubana, los que decidieron siete años antes lo de Guatemala, cuando
Foster Dulles era abogado de la United Fruit Company, la misma que
en Cuba en vez de Fruit era United Sugar Company y parte de sus
tierras fueron afectadas por esa Reforma Agraria [... ]".
Desde que fue promulgada la Ley de Reforma Agraria transcurrió
medio siglo. En ese tiempo las 10 administraciones que pasaron por
la Casa Blanca ensayaron todo tipo de fórmulas para derrocar a la
Revolución: sanciones comerciales, aislamiento diplomático,
operaciones encubiertas que comprendieron incluso acciones de guerra
biológica, influencia subversiva y una guerra económica brutal que
intentó, aún lo intenta, asfixiar por hambre a todo un pueblo sin
que importaran sus ideas políticas, a no ser sus mercenarios que
reciben un salario seguro mensual.
Las razones por las que nunca han logrado sus propósitos les son
incomprensibles; para el establishment norteamericano todos
los hombres tienen un precio. Hizo exactamente 50 años el pasado 11
de abril, el Comandante en Jefe definió la estirpe de nuestro pueblo
que hace a la Revolución invulnerable ante las pretensiones
imperiales, con palabras que parecen de hoy: "Somos un pueblo
pequeño, pero lleno de dignidad; un pueblo pequeño, pero lleno de
honor; un pueblo pequeño, pero lleno de vergüenza; un pueblo
pequeño, pero lleno de razones [... ]." El derecho a la tierra
es una de ellas, y es irrenunciable.
Nota: El autor es Licenciado en Derecho y estudia la Especialidad
de Análisis de Información y Prospectiva.